miércoles, 21 de agosto de 2013

Saramago, sobre el tiempo.

Crédito de imagen

"Después, disparatadamente, como si de pronto el cerebro se le hubiese desgobernado y movido en todas las direcciones, como si el tiempo todo hubiese encogido, de atrás para adelante y de adelante para atrás, comprimido en un instante compacto, pensó que el niño que había oído llorar tras la puerta era, treinta y seis años antes, la mujer desconocida, que él mismo era un muchacho de catorce años, sin ningún motivo para buscar a alguien, mucho menos a estas horas de la noche. Parado en la acera, miró la calle como si no la hubiese visto aún, hace treinta y seis años las farolas de la iluminación pública daban una luz más pálida, el pavimento no estaba asfaltado, era de piedras alineadas, el rótulo de la tienda de la esquina anunciaba zapatos y no comida rápida. El tiempo se movió, comenzó a dilatarse poco a poco, luego más deprisa, parecía que daba sacudidas violentas, como si estuviese dentro de un huevo y forcejease por salir, las calles se sucedían superponiéndose, los edificios aparecían y desaparecían, mudaban de color, de forma, todas las cosas buscaban ansiosas sus lugares antes de que la luz del amanecer viniese a mudar nuevamente los sitios. El tiempo se puso a contar los días desde el principio, ahora usando la tabla de multiplicar para recuperar el atraso, y con tanto acierto lo hizo que don José ya tenía otra vez cincuenta años cuando llegó a casa. En cuanto al niño llorón, ése sólo era una hora mayor, lo que demuestra que el tiempo, aunque los relojes quieran convencernos de lo contrario, no es igual para todos."
José Saramago; Todos los nombres

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)