viernes, 28 de junio de 2013

Autonomía de una taza de té.

Hay algo especial en un buen té. 
 
Lo sospechas cuando te detienes frente a la recién estrenada sección de tés a granel en tu supermercado habitual. El olor  que sale de aquella caja en particular te envuelve y sólo una voluntad exterior -superior- puede moverte de tu sitio, nunca antes de haberte asegurado una pequeña cantidad de aquellas hojitas en una bolsa.

Lo predices cuando llegas a casa y ansías, con la insistencia de un pensamiento recurrente, la hora de probarlo.

Lo sabes cuando, llegado el momento, el aroma que exhalan las hojas al entrar en contacto con el agua caliente tiene el poder de volver eternos los siguientes minutos. La magia de la espera convierte entonces aquella tetera en el mítico soporte del ya no tan buscado pozo de la sabiduría, o algo parecido a juzgar por cómo nuestros ojos la contemplan.

Lo confirmas, en fin, cuando te sientas con tu taza al lado a navegar por Internet, y cada sorbo te sugiere, sutil y concienzudamente, que cambies la pantalla por un cómodo sillón y un buen libro. 

Hay algo especial en un buen té, sin dudas. Uno lo aprende paso a paso, pero él... Él lo sabe desde el mismo principio. Un buen té conoce su lugar en este mundo. Y lo reclama.


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viernes, 21 de junio de 2013

Filosofando sobre las prioridades.

Hay un día en que te das cuenta que tus prioridades han cambiado. Que lo que era importante para tí hace unos años ya no lo es. Que otras cosas, en las que entonces ni pensabas, se han vuelto parte de tu diario. Hay un día en que haces un buen potaje de frijoles negros y te das cuenta de que hace siete años que no lo hacías, cuando creciste disfrutándolo casi en cada comida. Hay un día en que te comes la médula del hueso del potaje muy a gusto, y no porque esté sabrosa sino por la nostalgia de aquellos tiempos en que veías comerla a tu padre con el mismo placer. Hay un día en que, ante la vista de una olla de frijoles, inexplicablemente te pones a filosofar.


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miércoles, 19 de junio de 2013

Historia de un ex-reguero.

Esta es la historia de unas cuantas, bueno, unas demasiadas fotocopias que fueron apilándose en mi escritorio (y en los libreros, y en las gavetas...) Fotocopias de libros, de artículos, de manuales... en fin, papeles a montón y todos en esas horribles y poco prácticas carpetas de cartulina amarilla que siempre resultan muy pequeñas o muy grandes para su contenido. La verdad es que así han estado por años pero llega el momento en que algo pasa dentro de uno, o fuera -no sé-, y ya no soportas más esa situación.


Varios pliegos de cartulina de bonitos colores, hilo fuerte, aguja, pegamento y un poco de tiempo y maña después y... ¡voilá! La pila de carpetas "inorganizables" se convierte en unos volúmenes bien encuadernados, manejables y listos para ser acomodados en cualquier estante o librero sin que pierdan su compostura.


¿A que es buena idea?


¡Al menos a mí me ha solucionado el problema!

Claro que aún no termino... ¡Son muchas! Pero el resultado obtenido con estas tres primeras me entusiasma mucho.

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lunes, 3 de junio de 2013

De un picnic con receta de mi infancia (Frituras de calabaza)

Ayer organicé el primer picnic de mi historia personal. ¿Cómo, rodeada de tanta naturaleza, no lo había hecho antes? Ni idea... Hay cosas así, que parecen evidentes pero que por alguna oscura razón cuesta asimilar. 

El hecho es que al fin organicé uno, y para ser el primero quedó muy bien. Hasta el clima nos acompañó: hizo un domingo de esos ideales, soleado y no demasiado caluroso. Nos fuimos a uno de los prados que tenemos cerca de casa (justo el que aparece en la imagen, aunque es una foto viejita y ahora está con la hierba un poco más crecida) y allí estuvimos unas cuantas horas echados sobre una manta conversando, pasándola bien, ¡y comiendo!

De comida llevé queso, el típico fuet catalán, empanadas de atún y croquetas de bacalao (ambas compradas congeladas ya listas para freir), y además hice unas frituras de calabaza, plato preferido de mi infancia, que tuvieron muchísimo éxito y que son, a fin de cuentas, el punto central de este post. Aquí les comparto la receta que es de esas que me gustan, o sea, rápidas y fáciles de hacer.

Frituras de calabaza


Ingredientes: 

  • 4 tazas de puré de calabaza (calabaza hervida y aplastada)
  • 1 taza de harina
  • 2 huevos enteros
  • 1 cucharadita de polvo de hornear (levadura)- para que queden esponjosas.
  • 2 cucharadas de azúcar
  • Sal al gusto (con media cucharadita a mí me basta)
  • Aceite para freir

Preparación: 

  • Se mezclan todos los ingredientes menos el aceite, y se deja reposar un rato la masa para que la levadura haga efecto.
  • En una sartén se pone un poquito de aceite y cuando esté caliente se va agregando la masa a cucharadas (no más de 3 o 4 a la vez, a menos que seas un súper chef, porque se cocinan muy rápido y luego no da tiempo a voltearlas). Estas frituras absorben mucha grasa, por eso se pone sólo un poco y se sigue agregando aceite a medida que lo vayan necesitando.
  • Se fríen las tortitas por ambos lados hasta que están doraditas, lo que sucede -repito- en cuestión de segundos. Yo suelo aplastarlas un poco para que se cocinen bien por dentro.
  • Se sacan de la sartén y se ponen sobre papel absorbente.

Y ya está... ¡A disfrutarrrrr! 

Como toque opcional, hay quien prefiere agregar una ramita de canela al agua en que se hierve la calabaza, o espolvorearles canela en polvo después de fritas, o incluso rebozarlas sobre una mezcla de azúcar con canela cuando aún están calientes, pero a mí me gustan así "al natural".

Pueden servirse como aperitivo, o como postre por sí mismas o acompañadas de alguna mermelada. Aviso de que en todo caso es muy difícil parar de comerlas.

Si las preparan, cuéntenme qué tal les parecieron...


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sábado, 1 de junio de 2013

Potente analogía.


Iba por el mismo camino de siempre, un trillo entre hierbas altas apenas más ancho que mi pie, cuando de repente me doy cuenta de que había una fila de hormigas en el sendero, no atravesándolo sino a todo lo largo. Una interminable fila de hormigas. No había donde dar un paso sin aplastar a  unos cuantos de estos animalitos...
-¡No es fácil ser hormiga en este mundo! -le digo toda compungida a mi G.
-Tienes razón -me responde, pensativo, y añade unos segundos después:- Pero mejor déjalo así, porque esa analogía da para mucho.
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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)