jueves, 30 de agosto de 2012

The Future is now.


Jiddu Krishnamurti
Crédito de imagen

Hay que ver cómo unas pocas palabras pueden llegar a afectarlo a uno. ¿Se acuerdan de mi proyecto de las 365 preguntas? Yo continúo con el proyecto y cada día le dedico unos minutos a responder una de estas preguntas antes de dormir. Pues bien, hace un par de días le llegó el turno a la número 235: "Sobre la base de tus acciones actuales y rutinas diarias, ¿dónde esperas estar en cinco años?". En su momento me pareció muy interesante y hasta sugerente, pero resulta que al leerla ahora me chocó de mala manera. 

Y es que la idea en sí no es mala, pero está mal planteada. No se trata de lo que obtendremos en cinco años sino de si hemos hecho algo hoy para evolucionar. Porque cuando hablamos de evolución personal, ¿qué es más importante, lo que somos o lo que hipotéticamente seremos mañana? 

Recordé una de las charlas de Krishnamurti en la que dice a grandes rasgos que el hombre siempre está buscando convertirse en algo diferente de lo que es, que se pasa la vida persiguiendo algo que está siempre un paso más adelante y que en ese proceso que él llama "becoming" nos olvidamos del "being", de lo que somos en el presente. "The Future -como diría el propio Krishnamurti- is now".

Ya sé que es un tema peliagudo, pero bien vale la pena reflexionar un poco sobre él.
__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

lunes, 27 de agosto de 2012

Cómo liberarnos (al fin) de las tareas por hacer.

Crédito de imagen

¿Saben cuál es el remedio último para hacer todas esas cosas que siempre dejamos para después? 

Hacerlas. Así de simple. 

Parece mentira que hayan tenido que pasar 35 años de mi vida para que lograra descubrir el agua caliente. 

¿Cómo lo he logrado? Ha sido todo un proceso de aprendizaje que se puede resumir en tres puntos básicos: 

1. Entender la necesidad de vivir sin pendientes. Esto es, descubrir lo molesto que es el ruido interior que esas tareas sin hacer me generan, entender que el origen de ese ligero malestar que no me abandona está precisamente en ellas, que no me dejan celebrar un buen día de trabajo con la conciencia en paz porque en el fondo sé que siempre "me queda algo por hacer", que de puro acumularse han logrado irme atormentando como el pequeño pero ineludible zumbido de una mosca. Y saber que yo, como todos, necesito y me merezco un espacio de tranquilidad interior.

2. Hacer una sola tarea a la vez (al día). Lo que más molesta es la idea de que, aunque pequeñas, son muchas las tareas que se han ido acumulando. El simple hecho de pensar en que tengo que hacer "todo eso" ya elimina cualquier ligero impulso por comenzar. La clave está en entender que no hay que hacerlo todo de una vez. Si la tarea es muy grande, lo mejor es dividirla en partes y hacer una parte cada vez.

3. Dedicarle (sólo) un ratito cada día. "Un ratito" puede ser eso, un ratito de extensión variable o un tiempo predeterminado, por ejemplo, quince minutos diarios. Pareciera que es muy poco tiempo, que así no terminaremos nunca, pero es todo lo contrario. Mi experiencia es que si nos cansamos un día por querer hacer demasiado, no querremos regresar a estos menesteres hasta que pase un buen tiempo y ya para entonces tendremos mucho más acumulado.

Esta última es la parte más difícil, pero no por eso imposible. ¿Cómo saco yo el tiempo necesario?
  • Despegándome de Internet, porque no es imprescindible revisar cada dos por tres el correo, ni estar pendiente de los comentarios del blog más que una vez al día, ni leer noticias que en realidad no me interesan ni me aportan nada. 
  • Cerrando los libros un poco antes, lo que no significa no leer sino simplemente leer quizás dos o tres páginas menos. 
  • Quitándole a la creación unos minutos, porque no siempre que me encuentro libre tengo que lanzarme a hacer lo que más me gusta. Puedo en cambio reservar unos minutos antes de lanzarme al mundo de los colores y las formas. 
Haciéndolo, no afecto en nada estas ocupaciones y en ese espacio libre que se crea voy resolviendo, una por una, todas esas otras pequeñas tareas. 

El mundo no se va a acabar porque esas cosas sin hacer sigan ahí, en su eterno desorden, creándonos ruido interno con su inaudible pero constante zumbido. Lo que sí les puedo asegurar es que uno se siente muchísimo mejor al ver que poco a poco esos pendientes van desapareciendo. 

Recomendación:

A veces sabemos todo lo que tenemos que hacer sin necesidad de anotarlo pero, créanme, no hay mayor placer que ir tachando en una lista escrita cada tarea realizada. La representación visual de ir por fin superando cada uno de esos pequeños obstáculos es una impresión muy fuerte y, tengo que decirlo, completamente satisfactoria. 

------------------------------------
Déjenme saber si de algo les sirve esta experiencia que les acabo de compartir. 

__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

martes, 21 de agosto de 2012

Sesos de nieve.

Crédito de imagen

Hay días más perezosos que otros. De hecho, hay meses enteros que son más perezosos que otros. Agosto es uno de esos, quizás por el calor. Lo curioso es que en el mundo real estoy cada vez más activa: tengo una energía increíble que me mantiene generando y realizando proyectos casi a diario. En este mundo virtual, sin embargo, me cuesta mucho no ya escribir un post, sino incluso responder un simple correo. Mientras el físico está funcionando a tope, el cerebro parece haber entrado en modo stand by. El calor, sin dudas. Comienzo a preguntarme si acaso mi preferencia por la nieve es sólo un deseo de mi alma.

Y a ustedes, ¿qué tal los lleva el calor?
__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

jueves, 16 de agosto de 2012

Proyecto creativo terminado: Elefante.




No tengo mucho que decir sobre esta pieza más que me encantó el proceso de hacerla, y que por ser la primera figura que hice en cartapesta (ya no es la única) le tengo mucho cariño. Bueno, no sólo por eso, también porque es un elefante, uno de los animales que más me gustan: inteligente, fuerte, compasivo... ¿Será cierto que incluso pueden llorar?

__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

viernes, 3 de agosto de 2012

Incursionando en un nuevo medio creativo.

No hay nada que me guste más que aprender a trabajar con un nuevo material, una nueva técnica, un nuevo medio creativo y de expresión. Bueno, puede haber otras cosas que me gusten más pero esta es sin duda una de las que más disfruto.

Después de varios acercamientos, me he decidido por fin a hacer un primer lanzamiento a fondo en la cartapesta, una técnica prima hermana del papel maché. En ambas técnicas se trabaja con papel, pegamento y agua. La diferencia está en que en el papel maché se hace una pasta con todo eso que luego se modela, y en la cartapesta se aplican varias capas de pegamento y papel sobre un molde ya construido. Si al final de estas capas se le aplica escayola, entonces la técnica es llamada cartón piedra y es la que se suele usar en los decorados para los escenarios de teatros. Al parecer, estas técnicas vienen de Persia y la India. Nada más pude encontrar sobre su origen. 

En realidad, no es la primera vez que utilizo esta técnica -recordarán el zapatero de cartón reciclado que hice una vez y que aún funciona perfectamente, aunque por entonces aun le llamaba papel maché-, pero es la primera vez que me decido a hacer una figura usando sólo papel periódico como base. Así que, hablando con propiedad, me lancé a hacer mi primera figura en cartapesta. Y nada mejor para empezar que hacerle honor a uno de mis animales favoritos: el elefante. 

Aquí ven la base de mi figura, hecha con bultos de papel periódico y cartulina para las orejas:


Un poco chueca y desproporcionada, pero hecha con todo amor:


Y aquí la ven ya cubierta con unas cuantas capas de papel de cocina y pegamento:


Ahora sólo falta que termine de secarse para pintarla de bonitos colores:


¿La verdad? Estoy muy ilusionada. He disfrutado mucho del proceso y ya tengo varias ideas para nuevos proyectos como este. En cuanto lo tenga pintado, les traeré el resultado final de mi elefantito.

Y ustedes, ¿se han atrevido con algo nuevo últimamente?

__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Mantequilla de maní.

Hace unos pocos días nos regalaron un frasco de mantequilla de maní. No es la primera vez que la pruebo, pero tampoco es común encontrarla en mi cocina. Cuestión de hábitos, será. 

Mantequilla de maní no hay en Cuba, al menos no la había en mi infancia a pesar de que maníes hay a montones en la isla, y con ellos se hacen todo tipo de delicias que formaron parte de mi dieta básica, como los turrones de maní en grano y molido y los cucuruchos de maní tostado. Pero mantequilla de maní como tal no había. Era algo que solo veíamos en películas. ¡Y qué películas! 

Cuando era niña pusieron en la tele "La fórmula de la mantequilla de maní", y no les miento si les digo que pocas veces he guardado un recuerdo tan exacto de un film de mi infancia como de este. Contaba la historia de un niño que había quedado calvo de un susto y que consiguió una fórmula a base de mantequilla de maní para que su cabello volviera a crecer. Algo salió mal porque el cabello le volvió a crecer, sí, pero a una velocidad pasmosa y para colmo con propiedades mágicas. Enseguida apareció alguien que vio la posibilidad de hacer negocio con aquel cabello que no paraba de crecer, y comenzó a producir pinceles mágicos con él. Al deslizarlos sobre un lienzo, los cabellos en la punta del pincel tenían la capacidad de pintar cualquier lugar que uno imaginara, y de una manera tan realista que luego se podía llegar allí con sólo saltar dentro del cuadro. Al final, el chico logra que su cabello vuelva al ritmo de crecimiento normal sometiéndose al mismo susto que lo había empezado todo.

Imaginación no era lo que faltaba en esta película que, repito, estaba destinada a un público infantil. Sin embargo, había algo en ella que hizo que se me quedara grabada tan fielmente. Como parte de la historia recuerdo al chico tumbado sobre una mesa, sin fuerzas, como drogado, con el negociante dándole algo a cucharaditas, y otros niños a su alrededor cortándole trocitos de cabello para hacer los pinceles. Esos otros niños habían sido esclavizados por el negociante, y ni ellos ni el chico de la historia lo estaban pasando nada bien... 

Este filme fue probablemente mi primer acercamiento a la idea de que los niños pueden ser utilizados y explotados por los adultos, y estoy segura de que su recuerdo, por su modus operandi, es decir, por mostrarse así tan de repente después de tantos años de aparente olvido, y por su intensidad, integridad y exactitud, ha salido de aquel oscuro rincón de mi memoria donde al parecer suelo archivar los más grandes horrores que han pasado por mis ojos. Después de todo, mi no asiduidad a la mantequilla de maní a pesar de lo mucho que me gusta puede que no sea sólo por una cuestión de hábitos. 


 Bonus: 


He encontrado en Youtube la película completa, un trailer oficial muy ligerito que la hace ver casi como una comedia, y otro trailer alternativo que se parece mucho más a mi recuerdo. Los comentarios en estos videos me confirman que no fui yo la única aterrorizada por este film. Aquí les dejo el link al trailer alternativo: The Peanut Butter Solution (Canadá, 1985)

__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)