martes, 10 de abril de 2012

"Lo que no entiendo" o "Hablemos del sentido común"

Ya estaba tardando mucho en ponerme crítica en este renacimiento del Diario. Bueno, crítica no es en absoluto la mejor palabra para lo que quiero decir pero no encuentro otra ahora mismo, y esa circunstancia la convierte en la mejor hasta nuevo aviso.

Tengo hoy tres casos que ilustrarán a qué actitud me refiero. No voy poner nombres en mis casos. ¿A quién le importan los nombres? Además, quiero dejar constancia de que sigue sin gustarme hablar de política porque reconozco que nada sé de ella. Imaginemos, pues, que los siguientes son ejemplos sacados de un libro de Saramago. Digamos que sólo quiero entender al hombre y su así llamado sentido común, o la falta del mismo. 

1. Todo andaba mal antes, y decidieron cambiar de gobierno. En las elecciones, votaron por el partido que antes estaba en la oposición, no porque fuera mejor que el otro, no porque tuviera un buen programa o porque en general tuviera un programa, no porque les gustara especialmente, sino por un simple efecto de péndulo: si este no funciona, el opuesto lo hará. En fin, votaron por él. Y le dieron mayoría absoluta en el parlamento. Hasta aquí todo bien, o por lo menos normal. Lo que no entiendo es que ahora haya sorpresa porque no escucha el descontento popular, porque ni siquiera mira a los sindicalistas, porque haya pisoteado sus únicas tres promesas electorales ("No tocaremos las pensiones, la educación ni la salud pública") dichas por aquello de que había que decir algo. Ya tiene el poder, ya tiene la mayoría absoluta, ¿para qué entonces escuchar a otros? 

2. Expulsó del país a los gitanos que llevaban allí ya varias generaciones. Expulsó a los pobres mendigos de la capital (¡es que estaban afeando la postal!). Prometió reducir drásticamente la entrada de inmigrantes al país, para que no les quiten el trabajo a los nacionales. Dedujo que la crisis del país vecino se debía a los socialistas. Aceptemos que no hay nada raro en todo eso. Lo que no entiendo es que se sorprenda porque un atentado termine con la vida de tres niños judíos en sus predios. (¡Ojo! No estoy diciendo que el atentado no fuera completamente execrable. Lo es. Aquí estoy analizando otra cosa.)

3. Una planta toda viva y rozagante sembrada en una macetita, aunque sea de albahaca, debería estar en la sección de jardinería del supermercado, ¿no? Pues hoy encontré no una sino seis de ellas metidas en la sección de refrigerados. Eso sí, en la parte destinada a los vegetales, donde siempre colocan la albahaca que viene cortada en paquetitos. Lo que no entiendo... Bueno, en general no lo entiendo. ¿No hubo ni una sola persona, en toda la cadena humana por la que pasaron estas plantas desde su salida del huerto hasta su llegada a aquel frigorífico, que se diera cuenta de que ese no era su lugar? ¿Ni siquiera el que las coloco allí, condenándolas a que el frío quemara todas sus hojitas hasta la muerte? 




2 comentarios:

  1. y lo que me cuesta a mi mantener vivas mis albahacas en invierno, es que nadie se implica más allá de su metro cuadrado :(

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    1. Yo creo que ni en su metro cuadrado, Amalia. Es triste!Besos!!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)