La nariz en la literatura.

Sigo leyendo Yo, el Gato, de Natsume Soseki, y me encuentro con un capítulo tercero hilarante en el que se relata el encuentro de dos intelectuales (y un gato, por supuesto) con una nariz, portadora de una rica esposa de comerciante –que no a la inversa-, y sus reacciones. No pude menos que recordar entre risas otras tres narices, perdón, textos memorables, y no quería perder la ocasión de recomendárselos:




El primero es un cuento simpatiquísimo de Ryunosuke Akutagawa, titulado "La Nariz" y publicado en 1917. Por la afinidad de temas, me imagino que Akutagawa se haya inspirado en el capítulo de Soseki, pero esto es sólo una mala especulación de mi parte. El cuento de Akutagawa, es corto y muy recomendable, lo pueden leer AQUI.

 
 
El segundo es un cuento también corto de Nicolai Gogol publicado entre 1835 y 1842, y titulado del mismo modo "La Nariz" que seguramente ustedes conocen ya. Lo pueden encontrar AQUI.





Y el tercero es el famoso soneto "A una nariz" de Francisco de Quevedo que les copio a continuación para que se diviertan un poco!

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.


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Comentarios

  1. El tema me induce a copiar aquí el epitafio de uno de mis héroes más queridos:

    Philosophe, physicien,
    Rimeur, bretteur, musicien,
    Et voyageur aérien,
    Grand risposteur du tac au tac,
    Amant aussi -– pas pour son bien ! --
    Ci-gît Hercule-Savinien
    De Cyrano de Bergerac
    Qui fut tout, et qui ne fut rien.

    Filósofo, físico, poeta,
    duelista, músico, y viajero aéreo,
    hombre que siempre tuvo presta una contestación,
    también amante --¡mas no para su bien!
    Aquí yace Hércules Sabiniano
    de Cyrano de Bergerac,
    que fue todo, y que no fue nada.

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    1. Gracias, Anonimo! Cyrano es otro de los grandes narigudos (en todos los sentidos de la palabra) de la historia. Bonito epitafio.

      Que emocion! Hace siglos que no recibo un comentario anonimo, y menos uno bien escrito y con todos sus acentos.
      Saludos!

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