Crónicas gatunas.

Como muchos de ustedes sabrán, por acá tenemos una comunidad gatuna. Bueno, decir ‘tenemos’ es una manera muy ligerita de hablar porque, en realidad, ¿quién puede afirmar que tiene un gato cuando el minino no vive dentro de casa y viene y va a su antojo por el mundo? Y mucho menos si en lugar de uno, son seis o siete gatos libres -llamarlos ‘salvajes’ sería injusto- los que se dejan caer de vez en cuando por aquí. Más ‘de vez’ que ‘en cuando’ porque, a decir verdad, hay algunos de ellos que vienen casi a diario, y más que a pedir a exigir pues, que no hay nada que se avenga menos a la naturaleza gatuna que un acto humilde o resignado. 
Pero bueno, hoy lo que venía a contarles es que hemos tenido una baja en esta comunidad. No ha sido una baja dolorosa, a pesar de que quien nos abandonó era uno de nuestros favoritos, de esos que siempre se llevaban el mejor bocado. Aparentaba estar muy contento con la calidad de atención y el menú que les ofrecemos (porque esto ya ha pasado de ser una simple fonda a tener categoría de restaurante, y no cualquiera, sino de esos personalizados en los que se busca satisfacer de manera individual los gustos de cada cliente), y un buen día no vino más, así de sencillo. ¿Quién puede adivinar lo que pasa por sus cabecitas? Preocupados, le buscamos por la vecindad y lo encontramos, sí, bien acomodado dentro de una caja de cartón que una vecina inglesa le puso al lado de su puerta. Estaba más delgado pero se le veía feliz. Salió a recibirnos como a viejos amigos y, luego de dos o tres paseos frente a nosotros, volvió pausadamente a su nuevo hogar. Su actitud no dejaba lugar a dudas: ¡no solo de paté vive un gato!
Sin embargo, como la naturaleza siempre tiende al equilibrio y un buen lugar nunca permanece vacío por mucho tiempo, hemos tenido también un alta en la comunidad. Campanita –que así le hemos bautizado por el maullido tan alegre con que se anuncia- es un gatito joven, blanco y negro, de pelo largo. Iba a decir ‘joven e inexperto’ pero hay que ver con qué asombrosa rapidez superan etapas estos animales. Lo que a un hombre puede llevarle años conseguir, quizás hasta su adultez o incluso toda la vida, este gatito lo aprende en unos pocos días, horas, minutos tal vez. Hoy, por ejemplo, vio a uno de los gatos adultos defender su comida. Lo vio engrifarse, levantar la cola y emitir un tipo de gruñido bajo y amenazador, y vio también al contendiente retirarse con las orejas gachas. Un rato después, el gato ladrón se acercó a su propia comida y Campanita, ni corto ni perezoso, se engrifó, levantó la cola e intentó gruñir como había visto hacer antes. Creo que era la primera vez que lo intentaba porque el resultado fue que él mismo se asustó y salió corriendo, quizás huyendo de ese otro gato interior que acababa de descubrir.

Imagen tomada de Miau, un web comic sobre gatos.

_________________________________________________
Licencia de Creative Commons
Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y esta bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
O sea: Pueden copiar de este blog uno o dos articulos (no mas) para usos no comerciales, sin cambiar nada en ellos y cuidando de poner siempre un enlace a este blog como referencia o fuente. Asi quedamos todos en paz. ¡Gracias!

Comentarios

  1. Linda historia aunque no conozco mucho a los gatos ¡¡me encantan los perros!!

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Hola Drac! Yo tambien era mas de perros hasta que comence a 'convivir' con esta comunidad gatuna. Ahora no puedo decir que los prefiera. Ambos, perros y gatos, me gustan por igual.
    Abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Amo todos los animales pero mi favorito son los gatos.

    ResponderEliminar
  4. Es que son especiales, en verdad! Bienvenidisimo, Don Mau!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario