miércoles, 10 de agosto de 2011

¿Saben qué es lo mejor de unas largas vacaciones?

No es el haber disfrutado mucho, aunque esto incluya el levantarte cada día en una isla cuasi-mítica con una vista privilegiada del Mediterráneo. No es, por increíble que parezca, el visitar y descubrir nuevos lugares. No es el haber probado deliciosas comidas de los cuatro costados del mundo escoltadas por una sonrisa hasta mi mesa. No es el haber reencontrado a los seres queridos, ni el haber hallado otros seres ahora ya queridos para siempre. No es el haber colectado momentos inolvidables, por sencillos y profundos, como esa caminata por la orilla del mar hasta el torreón antiguo o el saludo de los gatos en una ciudad inesperadamente vacía a nuestro paso. No es tampoco el haber tenido la oportunidad de despertar viejas habilidades, para evidente alegría de mi cuerpo. No es ni siquiera el verme enfundada en el trozo de seda más hermoso que mis ojos hayan tocado jamás. 
No. No hay nada como el brillo, los colores, los olores, las formas, las texturas con que te reciben tus objetos cotidianos, usualmente ocultos tras el velo de la costumbre, y que sólo unos días de ausencia puede llegar a revelar.


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2 comentarios:

  1. jajaja cierto cuando se esta de viaje fuera de casa, uno quiere tomarse su cafe matutino en "su taza" personal jejeje

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  2. Y no hay mejor cafe que el propio! jajaja!

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Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)