sábado, 31 de diciembre de 2011

En resumen.

Es 31 de diciembre, y casi se me acaba el año sin que le dedique un tiempito a mirar hacia atrás. A grandes rasgos, ha sido un período de cambios interesantes para mí. Sobre todo me refiero a esa fiebre creativa que me invadió casi en los primeros días de enero, cambió básicamente la forma en que veo el mundo y se mantuvo todo el resto del año. Aprendí a mirar 'de otra manera' y aprendí también a que mis manos respondieran coherentemente a esa 'otra mirada'. Este año pudo no haber pasado nada más. Con sólo eso ya era suficiente para que fuera un buen año para mí. 
Sin embargo, sí que pasaron muchas cosas más a nivel personal, buenas y malas, desde el feliz encuentro con mi grupo de lectura hasta la tristísima pérdida de un gran amigo, que han tenido mi alma saltando de un lado a otro del espectro de las emociones. A més a més -como dicen los catalanes- yo, como todos, soy un ente social, vivo en el mundo, y este año no ha sido precisamente bueno para el mundo: desastres naturales, guerras, crisis económica, desempleo, poblaciones indignadas, rebeliones sociales, magnicidios, cambios de rumbo en las direcciones políticas... Es decir, el caos.
¿Qué será del mundo de aquí en adelante? ¡Quién sabe! A pesar de lo mal que lo hemos estado haciendo como especie, contra toda lógica, el mundo sigue girando. ¿Querrá eso decir que aún hay esperanza? Puede que sí. Al menos ha servido para tomar conciencia de lo mal que lo hemos estado haciendo, y de la necesidad del cambio. Confiemos, una vez más, en el hombre.
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Este año he leído mucho más que en años anteriores, y aun así no alcanzo los dichosos 50 libros del reto... ¿Cómo le hacen aquellos que incluso sobrepasan esa meta? (AQUI pueden ver mis lecturas de este año con links a los comentarios que he hecho sobre ellas en el Diario)
Este año he aprendido a dibujar, y he hecho mis intentos en acuarela y acrílico. 
Este año he escrito, no tanto como en otros años, pero al menos puedo decir que este Diario no ha muerto y que, además, le queda vida por delante. 
Este año he hecho algunos nuevos amigos, y he perdido otros, incluso alguno irremediablemente.
Este año he dejado proyectos inconclusos, como siempre, pero he comenzado y hasta terminado otros... ¡y cuánto los he disfrutado! 
Este año... ¡espero que no haya sido ni la mitad de interesante que el próximo!

¡Feliz año nuevo, amigos!

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viernes, 30 de diciembre de 2011

Del renacimiento del mundo (gracias a la Malquerida)

Después de la inocentada que nos jugó ayer la Malquerida, y en la que caímos todos sus lectores, esta amiga me hizo el honor de mencionarme en su texto de hoy, afirmando sobre mí, con esa forma única de describir que le es propia, que “respiro libros así como si se fuera a acabar el mundo”. Y esto me alegró mucho –por la mención- y al mismo tiempo me dejó pensando…
¿Por qué leo? ¿Por qué leo así como lo hago: a veces un libro tras otro, a veces sólo un libro en varios meses? ¿Tengo acaso un método para leer y, en todo caso, es necesario tenerlo? ¿Por qué enumero meticulosamente mis lecturas, suspirando por lo lejos que estoy siempre de esa meta ajena de leer 50 libros al año? ¿Por qué, paradójicamente, suspiro también por el poco tiempo que le dedico a cada libro cuando quisiera leer con todo cuidado cada página hasta haber extraído de ella todo el zumo? 
No se asusten, no pienso responder a todas esas preguntas porque, de hacerlo así, este post no tendría fin… y en definitiva no creo que podría. Yo misma me planteo estas cuestiones y las dejo reposar, sin intentar buscarle una respuesta al instante. A veces la sedimentación de las preguntas es lo que aporta las más claras respuestas, suponiendo que estas sean realmente necesarias. 
En fin, les cuento todo esto para ilustrarles de algún modo cómo estaba mi cabeza hoy al sentarme a leer, sin anotar además la exaltación de mis manos creadoras ante una idea nueva que encontré y que algún lugar en el fondo de mi cerebro está trabajando sin cesar para encontrar la forma de llevarla a la práctica, ni tampoco el entusiasmo que me provocan los nuevos proyectos –propios y ajenos-, y que me tienen siempre como sentada sobre carbones ardientes. 
Pero me senté a leer, a pesar de todo lo anterior, un libro que hoy en la mañana califiqué (sin pelos en la lengua) de academicista y aburrido. Tuve que insistir mucho para concentrarme, porque mi cabecita estaba como en ebullición y mi cuerpo no se quedaba quieto; tuve que leer varias veces cada párrafo y releer cada oración de mil maneras hasta que de pronto, no sé en qué momento, algo cambió y ya no existió para mí más que aquello que estaba emanando de aquel libro… Cuando por fin lo cerré en la página en que lo retomaré mañana, el mundo reanudó su marcha. Casi pude escuchar el chirrido de las máquinas (re)poniéndose en funcionamiento. Mi cerebro volvió a entrar en ebullición, regresó la inquietud a mi cuerpo. Todo parecía igual que antes pero, al mismo tiempo, ligeramente diferente. La lectura había hecho su magia. 
Ahora puedo afirmar a dúo con mi Malque que sí, que leo como si se fuera a acabar el mundo porque en realidad cada vez que leo el mundo se acaba, pero sólo para renacer en una versión casi igual aunque, por suerte, mejorada.


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jueves, 29 de diciembre de 2011

Y dos de Balzac para terminar el año.

Hace un tiempo, cuando comenzaba a leer Oblomov, de Goncharov, les comentaba que por primera vez sentía miedo ante un libro. Pues bien, he descubierto que no era miedo a ese libro en específico, sino al Realismo como movimiento literario en su integridad, miedo a que me doliera la realidad tan crudamente reflejada en esas páginas, miedo a verme representada en uno de sus caracteres tan bien dibujados y nada envidiables. Por eso siempre evité medio inconcientemente este tipo de lecturas, en un intento de esquivar el dolor pero, como a todo, creo que esta vez le ha llegado su momento.
Luego de la excelente -aunque fuerte- experiencia de Madame Bovary, al ver la buena recepción que le di a esa obra, decidí que era tiempo de darle una oportunidad a Balzac y su Comedia humana. Me lancé pues a leer Papá Goriot (que en esta edición llaman "El Tío Goriot"), porque de entre todos sus miles de personajes, quién sabe por qué misteriosa razón, en mi cabeza solo resonaba desde mi adolescencia su nombre junto al de Eugenia Grandet y al del coronel Chabert. Así, me encontré leyendo la dura historia de este padre amantísimo, el ideal de un corazón paterno, brillando como un diamante en medio de la podredumbre de la sociedad parisiense, entre tantos espíritus liliputienses, como los llama Balzac. Y no pude evitar el dolor, no lo niego: sufrí esta lectura desde casi la primera página hasta la última. Sin embargo, supongo que debo estar más fortalecida en esta época o mi corazón más fogueado, porque no pude dejar de admirar la obra y, para mi asombro, querer leer un poco más.
Por suerte en la biblio no tenían un libro dedicado solamente a Papá Goriot y, cuando lo fui a buscar, me traje a casa el séptimo tomo de una colección Aguilar dedicada a La Comedia Humana, que incluía también otras dos obras; una de ellas, El coronel Chabert. Justo acabo de terminar esta novela, la historia del coronel que regresa de entre los muertos sólo para descubrir que el mundo que conocía ya no existía más, y he terminado tan asqueada de las bajezas humanas como él. Genial esta pequeña novela, de la que me quedo con la ultima frase lúcida del coronel:
"Al fin y al cabo, más vale poner el lujo en los sentimientos que en el traje".
Y ahora tengo deseos de lanzarme a algo más grande, quizás Los Miserables o La guerra y la paz...  

Aún queda otra obra en este volumen de Balzac, Una mujer de treinta años, otra mujer infeliz en su matrimonio. No sé si quiero leerla, con la Bovary ya tuve suficiente de este tema por ahora. Pero, ¿quién sabe? La biblio está cerrada hasta el 10 de enero y el grupo de lectura no reinicia sus actividades hasta el 15... Es mucho tiempo y tengo pocas opciones por acá, quizás sí que le dé un vistazo.

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martes, 27 de diciembre de 2011

Saber dónde mirar

Repasando lo que he escrito estas últimas semanas en el blog, entre aperitivos y creaciones, me doy cuenta de que hablado mucho del alma, del espíritu, del corazón, de remover fibras internas, de estremecimientos anímicos... Y es que sí, estas fechas han llegado con más de un evento de esos que te ponen a prueba, que sacan a la superficie la fuerza que pareces no tener, o la falta de ella; de esos que no te dejan indemne con su paso. Pero también ha habido simpáticas escenas, de esas que se guardan en la memoria cual tesoros y que después contemplamos como llenos de luz cuando esta no abunda: el rebaño de ovejas que atravesamos mientras corríamos, que se agitaron sorprendidas, hicieron sonar su cencerro y hasta se movieron a nuestro paso por un ratito; o el perrito que vino a saludarnos alegremente como si nos conociera de toda la vida, recipiente involuntario de las almas de todos los perritos que hemos amado alguna vez; o el gatito nuevo que llega a comer cada día, arrastrando consigo -en sí- la imagen casi exacta del otro que se fue y no regresó. A veces cuesta verla pero la alegría siempre está a nuestro lado. Sólo hay que saber dónde mirar. 

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Dos de Carpentier.

Porque se estará terminando el año, o el mundo,
pero por estos lares se sigue leyendo.

Que cada libro tiene su momento no es un secreto para nadie, sobre todo ciertos libros que considero ‘especiales’. Su momento en nuestra vida, quiero decir, ese momento preciso en que lo leemos y tiene un mensaje apropiado para nosotros, o encontramos en él mucho más que lo que pudiéramos haber hallado antes o después. Bueno, pues creo que he leído uno de esos libros especiales con los que uno tropieza así como por casualidad, en el momento oportuno para su lectura, y no dejo de asombrarme por la constatación. 
Les hablo de Concierto barroco, de mi bienamado Alejo Carpentier. Como antes, al leer en su Consagración de la primavera el paseo por la Habana que nos regala Enrique, el protagonista, o el pintoresco canto a las bondades de la malanga que allí aparece, estuve segura de que nadie que no sea cubano o haya vivido mucho tiempo en la isla puede disfrutar a plenitud de esos pasajes, ahora, pues, estoy segura de que si hubiera leído este libro, Concierto barroco, unos años atrás no hubiera entendido ni media página. 
Puede que esté exagerando, puede que hace un tiempo sí que hubiera entendido la historia y puede incluso que me divirtiera con ella como lo he hecho ahora, pero sin dudas me hubiera perdido la sustancia del texto. Si la vida no me hubiera llevado a visitar México, si no hubiera paseado por las calles del lindo Coyoacán, si no me hubiera dejado maravillar por su comida tradicional; si luego no hubiera llegado a esta tierra española y no hubiera probado también su comida, si no hubiera conocido el puerto de Barcelona o a los mismos catalanes; si, por otra parte, no me hubiera sumergido hace unos meses en el mundo de Shakespeare, si no hubiera leído algunas de sus obras claves; si no hubiera venido a vivir a este sitio con acceso libre a Internet y esto no me hubiera dado la posibilidad de escuchar a mis anchas mucha música clásica…; si, en fin, no hubiera yo tenido ninguna de estas experiencias, no hubiera podido entender y degustar todas las referencias que conforman, casi página tras página, este Concierto barroco y entonces puede que sí, que hace unos años lo hubiera disfrutado como a todos los otros textos carpenterianos que he leído, pero estoy segura de que me hubiera perdido esa resonancia básica que ha hecho estremecer mi corazón. 
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Y como la experiencia con esta lectura fue tan intensa, no pude menos que lanzarme a leer algo más de lo poco que me queda por conocer de este autor. Encontré en la biblio “El amor a la ciudad”, una recopilación de textos de Carpentier –ensayos, artículos, crónicas, entrevistas- sobre la Habana… y pensé que sería una linda lectura para finalizar el año. No me equivoqué, por cierto, pero a fuerza de no querer soltar el libro desde que lo comencé se me hizo demasiado corto. Acabo de terminarlo tras dar un largo paseo por mi ciudad, la ciudad de las columnas, como él la llama, la ciudad de los palacios, por sus parques y plazas con nombres que nunca escuché, por sus mercados ya desaparecidos, por las anécdotas que no viví, en fin, por una Habana que descubro nueva e ignota a pesar de haber vivido en ella casi toda mi vida. ¡Y cuánto lo he disfrutado! 

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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Un aperitivo especial

¡Que ya casi es Navidad! Y no es que haya yo visto, como en años anteriores, que el ambiente cambie y se bonifique en estas fiestas. No. Este año hay demasiadas preocupaciones en el aire y la gente no se ha permitido la alegría. Están siendo una de las navidades mas apagadas que recuerdo pero, con todo, no quería dejar de traerles esta idea para un aperitivo creativo, delicioso y bastante económico que encontré en Internet y que ha resultado todo un éxito en nuestra mesa.

Pingüinos de fiesta


Para hacer uno de estos pingüinitos necesitamos dos aceitunas negras, una de ellas rellena de algún queso cremoso (yo usé queso Filadelfia) y una rodaja de zanahoria cruda o cocida, como más nos guste, a la que cortamos un triangulito que nos servirá para el pico del pingüino. Luego solo tenemos que ensartarlo todo en un palillo y ¡ya está!


 Super sencillos y coquetos estos pingüinitos, ¿no creen?

Y en estos tiempos oscuros, llegue a ustedes mi más sincero deseo:
¡Que esta Navidad les traiga luz, mucha luz, amigos! 

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martes, 20 de diciembre de 2011

Madame Bovary o Del salto cualitativo en mis lecturas.

El alma humana es muy dúctil, tanto que se amolda incluso a los peores golpes y continúa su camino, quizás ya no como antes –siempre hay un antes y un después con estos golpes-, quizás ahora camine más despacio, más trabajosamente, o mirando mejor el terreno donde pondremos el pie, pero ciertamente con el paso cada vez más firme. ¿Madurez? ¡Quién sabe! Vida, en todo caso. 
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Si bien hace unos días apoyaba abiertamente en otro forum el derecho que tiene toda buena obra de ser releída, porque es sabido que un libro, si es bueno, nunca deja de sorprendernos y parece que va cambiando a medida que nosotros vamos creciendo, y cada vez que lo abrimos parece tenernos reservado un nuevo mensaje, ¡si hasta parece que creciera con nosotros y su universo interior se nos hace cada vez más insondable! Pues bien, decía que si bien hace unos días defendía la relectura como una opción más que válida para las grandes obras, ayer me sorprendí diciendo que no sé si vuelva a leer alguna vez Madame Bovary y, claro, no pude menos que pararme a pensar en esta aparente contradicción. 
Porque Madame Bovary es, sin duda alguna, una gran obra. Reúne todas las condiciones para posicionarse entre mis lecturas favoritas de todos los tiempos: estilo impecable; personajes inolvidables; indagación profunda en el alma humana; exposición a corazón abierto de las pasiones y sus terribles consecuencias… En fin, que en este libro he encontrado todo lo que voy buscando a la experiencia de la lectura, a la literatura como instrumento cultural que me ayuda en mi desarrollo personal. Sin embargo, no sé cuando vuelva a sentir la necesidad, si es que acaso vuelvo a sentirla alguna vez, de pasearme nuevamente por estas páginas. 
Creo que lo que esta vez ha cambiado es mi forma de leer. He leído a Madame Bovary muy atentamente, fijándome en cada detalle, disfrutando cada buena frase, maravillándome por el buen quehacer del autor en los mejores pasajes del libro, metiéndome en la piel de los personajes, dejándome envolver por el ambiente de la novela, hasta tal punto que siento que he in-corporado cada palabra, que ciertas escenas han quedado como grabadas en mi piel. Conozco este libro tan bien en estos momentos que no creo necesaria la relectura quién sabe hasta cuando. 
Claro que una nueva experiencia, aunque literaria, nunca viene sola. Una gran ayuda fue el contar con una buena edición a mano, que incluye una buena traducción a cargo de Consuelo Bergues, un prólogo de Mario Vargas Llosa con el que no estuve muy de acuerdo pero que me aclaró muchos puntos de la lectura, y un iluminador apéndice con fragmentos de la correspondencia de Flaubert en los que hacía referencia al proceso creativo de la Bovary; además de haberla leído acompañada por mi grupo de lectura y sus acertados comentarios. 
En resúmen, que hubo un salto en mi manera de acercarme a un libro, espero que evolutivo. Mi cerebro se organizó de una forma diferente: lo sentí trabajar de otra manera, analizando lo racional y captando lo emocional a plenitud. ¿Y saben qué? Se sintió bien, ¡muy bien!


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lunes, 19 de diciembre de 2011

De los vaivenes del alma.

No puedes controlar muchas de las cosas que te suceden, 
pero puedes controlar cómo tú reaccionas a éstas. (Y. Berg) 

Sabias palabras. Lástima que no siempre sepa uno cómo reaccionar ante los golpes de la vida. Algo creo tener claro: lo mejor es escoger siempre la reacción más acorde con mi condición humana; pero esto no explica mucho y de vez en cuando, allí donde las razones son realmente grandes, la tristeza te invade. Entonces es difícil encontrar la salida. ¿Qué hacer con el vacío que deja un amigo en el alma? 
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Suelo leer más de un libro a la vez, pero no siempre funciona: No todas las combinaciones resultan felices. He descubierto que Concierto barroco, de Alejo Carpentier, tan lleno de música, de alegría, de citas cultas, de recuerdos, de simpatía… no es el mejor compañero para Madame Bovary, de Gustave Flaubert, con todas sus cuitas amorosas, sus pobrezas de espíritu, sus egoísmos, sus oportunismos, sus terribles consecuencias. Aunque disfrutara enormemente con el estilo exquisito de ambos autores, tuve que aplazar la lectura de las andanzas del rico mexicano y su pintoresco ayudante cubano, el negrito Filomeno, hasta que hube terminado con la Bovary y su mundillo enfermo. Algo en mi alma rechazaba la mezcla de emociones tan fuerte que resultaban de ambas lecturas.

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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Decoración navideña 2011 (II) o Variaciones sobre un tema invernal.

Bueno, esta segunda parte de la decoración no me salió muy "navideña" que digamos, pero como fue hecha para este invierno la incluyo en esta serie.
Todo empezó por el diseño de unas flores que me gustó, y quise hacerlo con colores invernales para que no desentonara mucho con el resto del apartamento:


Quería hacer mi primer trabajo en grandes dimensiones. No tenía los materiales adecuados, pero he aprendido que cuando se quiere, ¡se puede! Así que utilicé como base un lado de una caja de cartón (63 x 41cm), le pegué varias hojas del papel más normalito (80 gs, A4) cuidando de que la superficie donde iba a pintar quedara libre de pegamento -por cierto, el papel se vuelve mucho más resistente con la capa inferior de cola blanca- y luego lo pinté con acrílicos. ¡Ha sido mi primera vez experimentando con este tipo de pinturas!:


Pero cuando lo coloqué en la pared, resultó que no era lo suficientemente grande como para quedarse ahí solito, y entonces mi G me sugirió que hiciera otro más. Como ya no tenía otro cartón de iguales dimensiones, decidí hacer no uno sino dos con trozos de cartón más pequeños (42 x 33 cm c/u) y mezclando los colores del cuadro original:



Y ya se veía todo mucho mejor en la pared:


Aunque al final, terminé por adicionar al conjunto un par de obras que hizo mi G hace años y uno de los trabajitos que hice para este otoño que recién terminó...


¡Y me encantó el resultado!


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lunes, 12 de diciembre de 2011

Decoración navideña 2011 (I)

Me gusta cambiar la decoración de acuerdo a las estaciones, y para ello suelo seguir unos lineamientos muy básicos: debe ser hecha -en su mayoría- por mí, y debo usar la mayor cantidad posible de elementos reciclados. Pero eso ustedes ya lo saben, pues he venido compartiéndoles desde hace un par de años mis decoraciones de bajo costo en cada estación. Así pues, hoy les traigo un primer post sobre mi decoración para esta Navidad 2011, recién sacadita del horno, y al final les dejo los links a los tutoriales que me han servido de base para construirla:

Un arbolito de papel y cartulina + Cuadro en la pared con marco de cartulina



Acompañando al pequeñísimo nacimiento de plata que nos regalaron hace unos años, nuestros conejitos de origami:



Un centro de mesa que combina bolas tradicionales con bolas de papel (origami) en una cesta de mimbre:


Y en la esquina de la cocina, una "escena" con elementos naturales colectados por aquí cerca y cerámicas decorativas que vienen conmigo desde México ;) (El pequeño arbolito, por cierto, es un set de pinchos para aperitivos que me dieron como regalo en un supermercado al comprar una barra de pan determinada, allá por el 2006.)


La "flor" o "estrella" que cuelga en la pared -y que es uno de los adornos que más nos ha gustado este año por sencillo y 'elegante'- está hecha de un rollo de papel sanitario aplastado, cortado en porciones más o menos iguales y pegadas entre ellas. 


 Tutoriales:
- Arbol de Navidad
- Passepartout o Marialuisa para cuadros
- Origami: Conejos
- Origami: Bola de 24 lados (en youtube)

Navidad 2010:
- Decoración de bajo costo (I)
- Decoración de bajo costo (II) -con tutorial para hacer copos de nieve de papel

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martes, 6 de diciembre de 2011

No siempre hablo mal de la TV

A veces ponen documentales por la tele sobre países donde la pobreza es grande. Niños famélicos, familias enteras sin techo donde guarecerse y que apenas conocen el agua corriente o la electricidad… Y yo me felicito internamente por que me tocó nacer en una parte ordenada del mundo, donde las necesidades básicas están mal que bien cubiertas, donde hay calles asfaltadas, calefacción para el invierno, neveras para conservar los alimentos. Agradezco el tener todas estas cosas a mi alrededor, tan familiares para mí que en ocasiones llego a olvidarlas y me permito el anhelar un nuevo vestido, o un (otro) par de zapatos. Las mujeres, se dice, nunca tenemos suficientes zapatos… pero hay quien, con suerte, tiene al menos un par. Hay quienes ni siquiera imaginan lo que yo considero garantizado desde mi nacimiento. Por suerte hay también mucha gente buena en el mundo, con o sin apoyo de los gobiernos, que trata de hacer llegar un poco de este orden allí donde no está garantizado. 
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Dicen que todo lo que uno encuentra en la vida encierra una lección que debemos aprender: Hoy leí la noticia de un par de niñas que salvaron a su madre de una muerte segura aplicándole una reanimación cardiorrespiratoria que habían aprendido viendo en la tele la serie Anatomía de Grey. Me quedé sin palabras. Siempre se puede encontrar algo bueno en todo, incluso en los programas televisivos, incluso en esas series eternas que uno ni se molesta en ver.
Aclaro: no por eso las veré ahora pero vale la anotación, ¿no?
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Por último, aunque no tiene nada que ver con el tema de la tele, les dejo un cartel que encontré en Pinterest y que resulta de lo más cursi pero penosamente cierto. Como recordatorio no viene nada mal: 


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viernes, 2 de diciembre de 2011

Receta: Estofado de zucchinis (calabacines)








Les traigo una pequeña variación de una receta que encontré en Internet y que me ha gustado mucho, no sólo por el sabor, sino también por lo fácil y económica que resulta. ¡Espero que la disfruten! 


Zucchinis estofados con tomates y albahaca.

+Sal, Pimienta y Aceite

Preparación:

1. Freir los zucchinis con muy poco aceite. Cuando estén dorados, sacarlos del fuego y reservarlos.


2. En el mismo aceite, freir los ajos hasta que estén doraditos.


3. Agregarle los tomates y, removiendo, cocerlos hasta que comiencen a soltar el zumo.


4. Agregar los zucchinis y remover.



5. Agregar sal y pimienta al gusto. Mezclarlo todo bien y cocerlo unos pocos minutos más.


6. Al final, apagar el fuego, agregar la albahaca y remover.


Servir caliente o a temperatura ambiente.


Si la prueban, no dejen de contarme su parecer. ¡Bon profit!

Receta original: Farm+House+Table


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martes, 29 de noviembre de 2011

Love Affair (III - final)


Como les contaba, después de haberme asesorado lo mejor posible puse manos a la obra:


 
La agendita que preparé para el próximo 2012 ya está mucho mejor elaborada que las anteriores. Le incorporé un tipo diferente de costura:



Le hice un lomo bien engomado:


Le forré las tapas interiores con un papel de origami con fibra de arroz que me encanta:


Y al exterior le di un acabado con cartulina negra y otro hermoso papel de origami ("¡porque mi 2012 lo vale!"-pensé):


El interior también estuvo mucho mejor pensado y con mucho más color que los de años anteriores. Les muestro la página inicial:


Aquí ven una de las páginas semanales con un espacio diario para las notitas de agradecimiento a la derecha, otro para notas generales a la izquierda, y también al final de la agenda (se puede ver debajo de las pestañas de los meses) unas cuantas hojas para anotaciones varias:


Para finalizar, les muestro las páginas dedicadas al calendario mensual, con muchos colorines y hasta cursis si se quiere, pero también alegres y estimulantes que es lo que en general buscaba:


Hay muchas cosas memorables en la elaboración de esta agendita: el haberme dedicado por horas a mirar videos para aprender una mejor manera de encuadernar; el atreverme a usar para mí por primera vez dos de los papeles de origami que más valoro, esos que guardo para ocasiones y personas especiales; y también el haber conseguido un contraste entre la seriedad y exquisitez del exterior, y la alegría y espontaneidad que me permití en el interior... Encuentro que esta agenda en general se parece mucho más a mí que cualquiera de las que he hecho antes. ¡Ya estoy deseando que llegue el próximo año solo por el placer de comenzar a usarla!

Y ustedes, ¿se hacen a sí mismos algún regalo especial cada año?

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)