"¿Belleza vs. Autoestima?" -Intermedio (literario)

Antes de llegar a las conclusiones de esta serie que, mal y tarde, he denominado ¿Belleza vs. Autoestima?, he decidido hacer una pequeña pausa para compartirles una joyita que acabo de leer. Es un fragmento del prologo escrito por Ursula K. Le Guin para sus Cuentos de Terramar (sigo, por supuesto, leyendo esta saga), y no tiene desperdicio. Aqui nos ofrece su opinion -que comparto plenamente- sobre la industrializacion del mundo de la fantasia.
Por supuesto que he cambiado a lo largo de los años que han pasado desde que empecé a escribir acerca de Terramar, como también ha cambiado la gente que lee los libros. Todas las épocas son épocas de cambio, pero la nuestra es una de transformaciones masivas, rápidas, morales y mentales. Los arquetipos se convierten en lastres, las grandes simplicidades se complican, el caos se convierte en algo elegante, y lo que todo el mundo sabe que es verdad resulta ser lo que algunas personas solían pensar.
Es inquietante. Para deleitarnos completamente con lo cambiante, con el rayo de esperanza que nos ofrece la electrónica, también anhelamos lo inalterable. Adoramos las viejas historias por su permanencia. Arturo sueña eternamente en Avalon. Bilbo puede «ir hasta allí y volver una y otra vez», y «allí» es siempre la querida y familiar Comarca. Don Quijote se empeña siempre en matar a un molino de viento... Así es que la gente acude a los reinos de fantasía en busca de estabilidad, de antiguas verdades, de simplicidades inmutables.
Y las fábricas del capitalismo se las proporciona. La oferta satisface la demanda. La fantasía se convierte en un producto, en una industria.
La fantasía hecha producto no acarrea riesgo alguno: no inventa nada, sino que imita y trivializa. Comienza por privar a las viejas historias de su complejidad intelectual y ética, convirtiendo su acción en violencia, a sus actores en muñecos, y a la verdad que revelan en un cliché sentimental. Los héroes blanden sus espadas, sus láseres, sus varitas mágicas, tan mecánicamente como cosechadoras, recogiendo las ganancias. Las elecciones morales profundamente perturbadoras son descafeinadas, transformadas en «encantadoras» y seguras. Las ideas apasionadamente concebidas por los grandes contadores de historias son copiadas, estereotipadas, reducidas a juguetes, moldeadas en plásticos de colores llamativos, anunciadas, vendidas, rotas, tiradas a la basura, reemplazables, intercambiables.
Con lo que los productores de fantasía cuentan, y lo que explotan, es la insuperable imaginación del lector, niño o adulto, que da vida incluso a esas cosas muertas —cierto tipo de vida, y sólo durante un rato.
La imaginación, como todas las cosas con vida, vive ahora., y vive con, desde y en, un verdadero cambio. Como todo lo que hacemos y tenemos, puede ser cooptada y degradada; pero sobrevive a la explotación comercial y didáctica. La tierra sobrevive a los imperios. Los conquistadores pueden dejar un lugar desierto donde había bosques y praderas, pero la lluvia seguirá cayendo, los ríos seguirán fluyendo hasta el mar. Los reinos inestables, mutables y falsos del «había una vez» forman parte de la historia y del pensamiento del ser humano tanto como las naciones que aparecen en nuestros atlas, y algunos son más perdurables.
Hemos habitado ambos, los reinos reales y los imaginarios, durante mucho tiempo. Pero en ningún lugar hemos vivido como nuestros padres o nuestros antepasados lo hicieron. El encantamiento cambia con el paso del tiempo y con la edad.
Ahora conocemos una docena de Arturos diferentes, todos ellos verdaderos. La Comarca cambió irremediablemente, incluso en la época de Bilbo. Don Quijote se fue a caballo hasta la Argentina y se encontró allí con Jorge Luis Borges. Plus c'est la même chose, plus ça change.

Comentarios

  1. Es verdad; suele suceder que la originalidad no abunda, y que las fórmulas (que por eso lo son) funcionan sin saber por qué. Tras los consagrados llegan otros más, víctimas de la fiebre, que tejen palabras para alimentar a la maquinaria...

    Eso podría, en sí mismo, convertirse en una historia. Hay que intentarlo, por si acaso.

    Hablar de esto me recuerda dos libros imprescindibles, cautelosamente releídos, siempre disfrutables. Uno es "Momo" de Michael Ende, con más de un personaje entrañable, como Gigi Girolamo (por ejemplo). El otro, "Kalpa Imperial", de Angélica Gorodischer, una auténtica maravilla que hay que rastrear, pues hace tiempo no la reeditan.

    Por eso, leer sigue siendo aventura: la práctica constante afina el gusto personal, y enseña a distinguir entre productos "en serie" y productos en serio.

    No hablo más, que si no el comentario es otro post. Besos.

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