Cambio de perspectiva.

Proyecto 365, dia 225

Desde hacía muchos años no tenía yo tiempo ni material a mano suficiente para leer tanto como lo estoy haciendo ahora. Sin embargo, como todo, también este enorme placer me ha revelado no solo sus pros (que todos conocemos) sino también sus contras: No importa si las obras que leo son clásicos o trivialidades, si en ellas no hay algo que me haga mover las neuronas generando nuevas conexiones y haciéndome pensar, y se limitan a envolverme en su mundo y llevarme como flotando a través de sus páginas, mi cerebro termina por embotarse y pierde con mucha mas rapidez que la que tarda en ganarla la capacidad de análisis y reflexión.
Así es. Es una realidad que no necesitó mucho experimento para demostrarse: después de los últimos días leyendo puramente novelas me enfrenté a un texto medianamente difícil y me pareció en un primer acercamiento que, a pesar de estar escrito en mi idioma, no era un texto coherente. Tuve que leer hasta tres o cuatro veces cada página para entender el mensaje que, como les digo, ni siquiera era algo del todo complicado.
“Tiene que haber una otra forma de acercarme a este mundo de la literatura, basto e interesante como es, no como un simple espectador y extraer de él tan solo la experiencia de vivir virtualmente una historia ajena (o propia) y aprender sus moralejas, sino como un sujeto pensante para extraer también un conocimiento concreto sobre el arte de la escritura”- me dije, y por primera vez entendí el sentido de la existencia de las ramas intelectuales académicas –siempre rechazadas por mi- que se dedican al estudio de la literatura escarbando mas allá del mensaje que encontramos en la superficie.

Comentarios

  1. Pelusita

    Dice una amiga... existen diferentes formas de leer:

    Hay quien escucha lo escrito.
    Hay quien ve lo que lee.
    Hay quien vive lo que lee.
    Hay quien lee y se reconoce.

    Y pueden ser muchas más; leer es un placer, es un viaje en el tiempo y en el espacio. Y creo que uno aprende a diferenciar un buen libro de otro pasable (o malo), justo como aprende a hacer todo: ensayo y error. Claro hay excepciones (“Los caldos de pollo para el alma”, como ya hemos platicado), pero tampoco hay que sentirse pecador por leer Harry Potter, por ejemplo (yo disfruté los primeros cinco… como s i tuviera 12 años, jeje).

    Un beso

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  2. Una de las , Pelusita, es la relectura. O sea, leer la misma novela, otra vez (la palabra relectura me cae mal). Eso recomendaba Nabokov. Porque la vez primera, el buen escritor nos hechiza con su pase de magia, o sea, caemos en ese estado que describes, con variados síntomas, ergo avalancha de recuerdos, cambio de personalidad, alteraciones del sueño, etc. Nos arrastra la historia, nos fascina un detalle, una imagen, y volvemos a ella la mirada mientras otras se nos escapan por la espalda. Es riquísimo.
    Pero la segunda o a tercera vez que recorremos el camino estamos más serenos, más en control, sabemos adónde vamos a ir a parar, vemos los detalles y la estructura, y como poco a poco, como diría N., el escritor levantó con ellos un castillo de naipes, que luego cristalizó.
    Si aún no las has leído, te recomiendo las conferencias o clases de literatura de N. A mí me gustaron mucho en su tiempo, hace ya 15 años, cuando era tan flaquita que las leí sentada en el alféizar de la ventana de mi muy amado amigo E, y me sentía cómoda en ese breve espacio en que ya no estoy más.
    Besitos,
    s

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  3. Muy buen reflexión, aunque no estoy totalmente de acuerdo.

    Creo que el vicio de la lectura es un tanto tiránico e ingobernable (si no, no sería vicio), y que convertir la lectura en virtud puede transformarlo en obligación, dando al traste con buena parte del "pecaminoso" placer (gracias, Marichuy) de las obras que se leen por casualidad o sin expectativa, y resultan provocadoras de resonancias profundas.

    Ese es, para mí, el peligro de concentrarse en los libros "que hay que leer" o canónicos: el preciosismo. Por otro lado, entregarse sólo a la lectura de entretenimiento puro, al libro "de moda", lleva a practicar menos el ejercicio (mental) de forjar un criterio propio.

    Autodeterminación, variedad, instinto y apertura: he ahí (para mí) cuatro ejes del buen lector.

    Ya, me detengo antes de que esto sea un post en vez de un comentario. Pero amenazo con volver, ya sabes que este tema casi no nos gusta. Besos.

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  4. Ni se como llegué aquí pero me ha gustado tu blog. A mi también me pasa cuando estoy leyendo hay muchas cosas q no se si por falta de concentración las debo repasar y siento como que mi cerebro no las asimila.

    Un abrazo
    PAU

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  5. Al menos quisiera poder terminar un libro que empecé desde el principio de los tiempos.

    No lo he terminado y sin embargo estoy leyendo otro.


    A ver... espera... voy a preguntar a alguien como adquiero el hábito de la lectura, que ya de tratarse de libros buenos, confiaré en mi perspicacia...
    por lo pronto...espera...

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  6. ¡¡¡Qué post más bonito, Pelusa!!! (otra que cae bajo los influjos del asunto) Yo creo en lo que dices aunque pienso que la lectura es como ir al cine: cada quien espera y/o quiere distintas cosas según la peli (el libro en este caso) y un montón de otras cosas. Mientras se lea, yo estoy siempre a favor, aunque hay de lecturas a lecturas. Lo que más disfruto son aquellas en que te dejas la piel y te sacan el alma al sol, e incluso, te cambian la vida porque eres otro luego de leerlas... Besitos, pequeña.

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