miércoles, 30 de septiembre de 2009

De las ventajas de seguir una buena recomendacion.

Proyecto 365, día 230

“No puede haber mayor placer para un lector que la prosa de Henry James”

Leí esa afirmación en un blog de reseñas literarias un día antes de mi última excursión a la biblioteca, cuando andaba decidiendo qué libros traerme a casa. ¿Y saben qué? No he podido olvidarme de la aseveración que me llevó a sus páginas desde que abrí “El retrato de una dama”.
Es, efectivamente, una prosa envidiable. No me imagino como será leerlo en el idioma original pero la traducción que tengo tiene un uso del lenguaje exquisito. Este es un libro para leer despacio, para pensar. “La Cartuja…” de Stendhal –hasta ahora no concibo que hayan sido contemporáneos él y James- fluyó ante mí como quien ve una película o una telenovela, sin mayores complicaciones, pero con este libro no puedo hacer otra cosa que adoptar el aire contemplativo y ensimismado de Isabel, su protagonista, y no me es posible avanzar una página sin que me asalten algunas cuestiones esenciales: ¿Qué es la condición humana? ¿Cuál es el lugar del hombre en el mundo? ¿Dónde empieza y dónde acaba el yo? ¿En qué momento comenzamos a dañar a los otros? ¿Qué es la amistad? ¿Qué es la justicia? ¿Hay justicia? Somos dueños de nuestro destino pero ¿realmente podemos –somos capaces de- encargarnos de él? ¿Qué pasa cuando una tercera fuerza –positiva o negativa- se interpone en nuestro camino?
Claro que también puedes leer esta novela como la secuencia de eventos que conforman la vida de Isabel, disfrutando con la elegante descripción de sus amores y desamores, sus fantasías, sus aspiraciones y sus desengaños, sin preocuparte por toda la metafísica escondida en sus letras e incluso así estoy segura que no saldrás de ella sin haber ganado algo.
Ayer les compartí un pequeño fragmento que me pareció interesante, hoy los dejo con una de sus frases para pensar…


…A menudo se recordaba a sí misma que había razones esenciales que impedían que los ideales existieran de modo concreto. Eran algo en lo que creer, no algo tangible; una cuestión de fe, no de experiencia. La experiencia, sin embargo, puede proporcionarnos imitaciones muy verosímiles de los ideales y el cometido de la sabiduría es sacar el máximo partido de ellas.



martes, 29 de septiembre de 2009

¿Dónde empieza y donde acaba el yo?

Proyecto 365, dia 229


- (…) Cuando haya vivido tanto como yo, se dará cuenta de que todo ser humano tiene su concha y de que debe tenerla en cuenta. Por concha quiero decir todo el conjunto de sus circunstancias. No existen el hombre o la mujer aislados. Todos nosotros estamos formados por un puñado de accesorios. ¿Qué constituye nuestro propio yo? ¿Dónde empieza y donde acaba? En parte está en todo lo que nos pertenece y, a su vez, nuestras posesiones forman parte de él. Por ejemplo, yo sé que una gran parte de mí misma está en los vestidos que me gusta llevar. ¡Tengo un gran respeto por las cosas materiales! Nuestra personalidad, a los ojos de otras personas, es la expresión de nuestra personalidad; y la casa de una persona, sus muebles, su indumentaria, los libros que lee y las compañías que frecuenta son cosas harto expresivas.
Todo este discurso era muy metafísico, aunque no más que otras muchas observaciones que madame Merle ya había hecho. A Isabel le gustaba la metafísica, pero no coincidía con su amiga en ese audaz análisis de la personalidad humana.
- No estoy de acuerdo con usted. De hecho, pienso exactamente lo contrario. No sé si yo consigo expresarme, pero sé que ninguna otra cosa puede hacerlo por mí. Nada de lo que me pertenece es medida de mí; al contrario, todo es un límite, una barrera y además perfectamente arbitraria. Ciertamente los vestidos que, como usted dice, me gusta ponerme no expresan como soy; ¡Dios me libre!
-Viste usted con mucho gusto- intercaló madame Merle con ligereza.
-Puede que si; pero no me interesa que me juzguen con ese criterio. Mis vestidos tal vez expresen como es el modisto, pero no como soy yo. Para empezar no los llevo por
propia elección: me los impone la sociedad.
-¿Preferiría usted no llevarlos?- preguntó madame Merle en un tono que prácticamente ponía fin a la discusión.

El retrato de una dama.
Henry James

lunes, 28 de septiembre de 2009

Martí en Orígenes

Orígenes… Orígenes… Google hace por mi el trabajo sucio y leo en el primer artículo que encuentro: “Publicación de aparición trimestral entre los años 1944 y 1956. Octavio Paz la definió como la mejor revista del idioma de su tiempo”, y no podía ser de otra manera. Los nombres que adornaron sus páginas –Gaztelu, Fina y Cintio, Lezama, Fayad Jamis, Carpentier, Samuel Feijoo, Eliseo Diego, Virgilio Piñera, Gabriela Mistral, el propio Paz, Paul Eluard, Juan Ramón Jiménez, Wifredo Lam, Portocarrero, Mariano…- resuenan en mis oídos con esa familiaridad que da el haberlos escuchado toda la vida, envueltos en la aureola de lo mas alto de la cultura de mi país, de mi continente, de mi mundo.
Parece ser que tras Orígenes, había mucho mas…Nunca he tenido en mis manos ni un solo ejemplar de esta revista, pero acabo de leer un artículo que indaga en sus orígenes –en la “metafísica” y la “metahistoria” detrás de la revista-, y en los orígenes del hombre, y en los orígenes de los pueblos, y en mis orígenes…
Y como no sé guardarme estos placeres para mi solita, les convido, como cada lunes, a disfrutar de estas buenas letras en:


domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Quién piensa su propia muerte?

Post Mortem
Desmayose la luz y fue la noche
Y hacia el silencio por oscura vía
Marché escuchando en abismal derroche
Llantos perdidos en la lejanía.
Solo en un mundo de penumbras hecho,
Mundo de noches sin brillante luna,
Sin estrellas que brillen en acecho
De la aurora que nace a la fortuna,
Y extático entre lúgubres lamentos,
Evoco de mi vida los momentos
Y añoro desde el féretro la cuna...
[1]

La muerte no puede ser examinada como objeto de estudio o como tema de algún artículo o libro. Para el que con seriedad y sin autoengaño aborda este problema no existe el concepto de “muerte”, sino únicamente “mi muerte”.
“Mi muerte” como problema nos remite directamente al sujeto de la reflexión. Si adoptamos este punto de vista se abre ante nosotros una perspectiva totalmente diferente: ¿Quién es, entonces, ese que piensa sobre la muerte y la llama “mía”? ¿Quién se esconde tras ese “yo”? ¿De quién es, pues, esta muerte?
El problema de mi muerte, en su inevitable formulación lógico-verbal, a quien ocupa es al sujeto del pensar. Y en este sentido, lo que nos resta es plantearnos la pregunta: ¿Cuál es el vínculo entre la muerte, el pensamiento y el sujeto de este último, es decir, entre los tres componentes: yo – pienso – mi muerte.
Eso que solemos llamar “yo” es, en primer lugar, el tiempo, la historia personal y el pensamiento generado por ella. Nuestro “yo” es una formación psicológica, que tiene siempre nombre propio, que nace en una familia, en una casa, en una sociedad concreta, de cuyos prejuicios, modelos, proyectos y motivaciones es que se nutre el movimiento del tiempo del pasado al futuro.
Suspendido en la holgura entre el presente y la eternidad, nuestro “yo” no es otra cosa que lo que él piensa de lo que él ha sido, es y debe ser. Lo que llamamos “nuestra vida” no es más que el proceso de nuestra interacción con el mundo, al que echamos una tímida ojeada desde la abertura de nuestro refugio, en el cual caemos sin saber cómo, inmediatamente después de nacer. Desde este punto de mira, la muerte nos parece apenas una muda de refugio. Abandonamos nuestro escondrijo sólo para cambiarlo por otro. El miedo a la muerte, relacionado con esa transmigración, surge del hecho de que nuestro yo no puede representarse a sí mismo de otra manera que metido dentro de algún refugio.
La muerte lúgubre y dolorosa que cierra con trágico sello la crónica de mi historia personal es un engendro de mi “yo” psicológico, el cual es sólo tiempo y pensamiento. Hasta el rayo de luz más puro y brillante deja apenas una borrosa mancha de angustioso gris en el muro del refugio cuando atraviesa la asfixiadora estrechez del orificio. El sol nos parece una silueta áspera y arrugada en el inevitable tope de la cueva.
¿Qué es la muerte para la mente vacía, de vuelta a la fluidez del instante en el que se esfuma la historia y se diluye el pensamiento? No hay muerte más allá de la conciencia, como no hay fronteras en la meditación del Cielo. El eco de los conflictos terrenos apenas perdura entre las oquedades del azul.

Gustavo Pita Céspedes
San Petersburgo, Rusia. Junio de 1995


(Escrito para un evento de tanatología celebrado en Rusia. Publicado por primera vez en ruso en: Фигуры Танатоса. Философский альманах. Пятый специальный выпуск. СПб., 1995. Traducción al español: Gustavo Pita Céspedes.)


[1] Versos escritos por el autor a la edad de 17 años cuando era alumno de la Escuela Lenin.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Platero y yo

Proyecto 365, dia 226

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de
algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros
cual dos escarabajos de cristal negro.

Juan Ramón Jiménez




viernes, 25 de septiembre de 2009

Cambio de perspectiva.

Proyecto 365, dia 225

Desde hacía muchos años no tenía yo tiempo ni material a mano suficiente para leer tanto como lo estoy haciendo ahora. Sin embargo, como todo, también este enorme placer me ha revelado no solo sus pros (que todos conocemos) sino también sus contras: No importa si las obras que leo son clásicos o trivialidades, si en ellas no hay algo que me haga mover las neuronas generando nuevas conexiones y haciéndome pensar, y se limitan a envolverme en su mundo y llevarme como flotando a través de sus páginas, mi cerebro termina por embotarse y pierde con mucha mas rapidez que la que tarda en ganarla la capacidad de análisis y reflexión.
Así es. Es una realidad que no necesitó mucho experimento para demostrarse: después de los últimos días leyendo puramente novelas me enfrenté a un texto medianamente difícil y me pareció en un primer acercamiento que, a pesar de estar escrito en mi idioma, no era un texto coherente. Tuve que leer hasta tres o cuatro veces cada página para entender el mensaje que, como les digo, ni siquiera era algo del todo complicado.
“Tiene que haber una otra forma de acercarme a este mundo de la literatura, basto e interesante como es, no como un simple espectador y extraer de él tan solo la experiencia de vivir virtualmente una historia ajena (o propia) y aprender sus moralejas, sino como un sujeto pensante para extraer también un conocimiento concreto sobre el arte de la escritura”- me dije, y por primera vez entendí el sentido de la existencia de las ramas intelectuales académicas –siempre rechazadas por mi- que se dedican al estudio de la literatura escarbando mas allá del mensaje que encontramos en la superficie.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Senderismo

Proyecto 365, día 224

Otra de las cosas que tenía para contarles en estos días es que, aunque siempre me ha gustado caminar, acabo de descubrir el senderismo.
En Japón, esto del senderismo está muy desarrollado. En cada prefectura, en cada ciudad –incluso en aquellas que, como en Tokyo, hay muy poco verde- han trazado ciertas rutas para caminar y descubrir las bellezas del entorno. Los japoneses aman la naturaleza y sobre todo aman las estaciones del año que allí son tan marcadas y las han incorporado a su vida activa. Así te encuentras en los libros dedicados al senderismo, rutas diferentes para cada estación que te permiten disfrutar de los sembrados de cerezos en primavera y los de arce en otoño, o te proporcionan un camino fresco en el verano y uno cálido en el invierno.
Sin embargo, durante mi estancia en Japón no tuve la oportunidad de hacer estas rutas mas que una vez, cuando visité en la primavera del 2008 el monte Tsukuba (877m.) cerca de la ciudad donde vivía. En ese momento bajamos caminando el monte, lo que nos supuso dos horas de buena caminata y un par de días de dolores musculares en las piernas.
Mi experiencia actual es muy diferente. Por aquí cerca de casa hay varias rutas que pasan por prados, bosques, bordean riachuelos, se asoman a ruinas de antiguas construcciones; casi todas con terreno llano o con pequeños desniveles que garantizan mas un paseo que un ejercicio. Ahora que comienza el otoño, estación mucho más grata en cuanto a temperaturas para este oficio de caminar, nos hemos decidido a recorrer algunas de estas rutas. Por lo pronto hemos hecho solo dos, pero ha sido tan agradable el paseo que estoy segura que pronto haremos alguna más: ¡el cuerpo lo agradece mucho!
Hoy les dejo con las fotos de la última de estas rutas que hemos recorrido. Espero que las disfruten.








miércoles, 23 de septiembre de 2009

Lecturas

Proyecto 365, dia 223

La verdad es que hace unos días vengo teniendo una relación rarita con el blog. Tengo mucho que contar pero – y en parte es culpa de no haberme sabido dar el tiempo suficiente – no he encontrado la forma de hacerlo. Aquí va un intento, por lo menos de la parte literaria.

Comencé y terminé de leer El filo de la navaja, de W. Somerset Maugham. Excelente pluma la de este autor que se me revela mucho más profundo de lo que creí antes de leerlo. Es un texto fluido y relativamente fácil de leer, lleno de personajes muy reales e interesantes análisis de la psicología humana alternados con admirables descripciones de la cotidianidad en lugares tan diferentes del globo como Estados Unidos, Francia, Inglaterra o la India. Sin embargo, lo que me atrapó desde el primer momento fue el hecho de encontrar mi propio retrato en sus páginas: me vi reflejada en Larry, el protagonista, y su búsqueda espiritual. Esta lectura me hizo revivir mi propia búsqueda y hasta compararla con la narrada en el libro y encontrar más de una semejanza y algunas diferencias clarificadoras. Es, en resumen, de esos libros que uno debería tener de cabecera para consultarlo cuando surjan dudas en el camino.


Y como tengo –y estoy refeliz por ello- algunas buenas obras en mi escritorio esperando ser leídas, en cuanto cerré el libro de Maugham abrí uno de Stendhal: La Cartuja de Parma. Primero pensé que me costaría trabajo adentrarme en un nuevo mundo cuando aun las aguas de mi espíritu no habían logrado asentarse después del remolino provocado por Maugham, pero no puedo mas que reconocer que estaba completamente equivocada: en menos de cinco minutos – no exagero – Stendhal había logrado halarme hasta el mismo centro de su creación. Pasé de página en página y de capítulo en capítulo maravillándome con la claridad de mis visiones, como si de una película se tratase: así pude vivir la batalla de Waterloo y ver pasar al galope a Napoleón apenas a unos metros de mí; asistir a algún concierto en la Scala de Milán; ser invitada de honor a las animadas tertulias de la duquesa Sanseverina y hasta discutir con el príncipe de Parma los proyectos de nuevas leyes… Pero, sobre todo, me fue permitido meterme en la piel de un enamoradizo italiano y vivir toda la pasión y el dolor del amor al fin alojado en el alma de Fabricio del Dongo.

Ayer terminé con un gusto tremendo este libro y, venciendo mis impulsos, decidí darle a mis sentimientos unas horas de descanso. Juro que no comenzare otro hasta hoy en la noche…

lunes, 21 de septiembre de 2009

Chat fructífero.

Proyecto 365, dia 221
- Te confieso que nunca he leído a Whitman -escribo en la ventanita del chat que mantengo con un amigo.
- Pues yo lo leí en 11º grado, del libro de Literatura.
- ¿Sii? – le pregunto, y repaso mentalmente mi libro de lit. –No recuerdo haberlo leído nunca…
- Era un tipo raro este Whitman, inteligente, atrevido, diferente… Si mal no recuerdo, en el libro había tres o cuatro poemas suyos. El que más me gustó entonces fue este:

“Y yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo
y que el cuerpo no vale más que el alma,
y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo.
Y aquél que camina una sola legua sin amor,
camina amortajado hacia su propio funeral.
Tú y yo, con bolsillos vacíos, podríamos comprarlo mejor de este mundo;
y el fulgor de una pupila
y un guisante en su vaina
humillan toda la sabiduría del mundo.
No hay otro oficio ni empleo
que aquel que enseña al mozo a ser un héroe.
Y por débil que sea un objeto,
puede ser un día el eje en que descanse la rueda del universo.
Y digo a todos los hombres y mujeres:
Serenad vuestro espíritu frente a los universos infinitos.”


- Hmmm… ¿Sabes que Martí escribió una crónica sobre el?
- Si, la leí también por esa época. Cuando en el aula todos criticaban sus poemas y solo algunos decíamos que eran geniales, la profe la trajo al aula: “Miren lo que creía Martí de Whitman”.
-Je! ¡Creo que ya se qué texto publicare este lunes en el blog de Martí!

domingo, 20 de septiembre de 2009

El arte nacido de libros y teorías genera críticas, el que nace del corazón y la vida genera intentos. Frente al desenfado de la expresión sincera el alma no debe permanecer inocente.




Cucaracha, samsa grey
que pulió el cráneo a la luna,
entre la tierra y el cielo
como niebla de laguna
flota el resignado anhelo
de la desnudez del rey;
pero mi azar es tu ley,
tu gravidez es mi vuelo
y la luna de tu cielo
es el cielo de mi luna.

Sé de los que andan a gachas
que con mirada miedosa,
temerosa de la luz,
en el fondo de la fosa
guardan su alma de avestruz
con alas de cucaracha;
prefiero el sudor de mi hacha
al arte de su arcabuz,
y mis brazos en la cruz
son alas de mariposa.

Oigo el sonido espontáneo
de las patas de una hormiga
por la cuerda de un laúd,
y la emplumada cantiga
de empenachada virtud
trina en la jaula del cráneo;
nace en gesto simultáneo
de la misma finitud,
de una encina un ataúd
y de mi marco una espiga.

Gustavo Pita Céspedes

Palabras para el catálogo de la exposición "El Retorno"
del pintor Jairo Alfonso Castellanos. Cine Yara.
Ciudad de la Habana. 1996.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Desagravio...

Proyecto 365, dia 219

Llevo un par de días muy ocupada y por eso no he podido escribir nada aquí. Ni siquiera hoy me puedo quedar mucho tiempo con ustedes, pero les dejo como desagravio un par de fotos de los últimos lugares que hemos descubierto en Barcelona que, ciudad (mujer) inteligente, no muestra todos sus encantos de una vez sino que los va soltando uno a uno, como a cuentagotas, con el evidente propósito de hacerte volver una y otra vez sediento de mas.


Camino bordeado de tumbas romanas que llevaba a una de las entradas
de la antigua ciudad de Barcino (s. I-III)


Fachada de la Catedral Gótica de Barcelona, que solo hasta ahora –un año después de mi llegada aquí- he podido contemplar sin los muchos andamios y mallas que la cubrieron mientras duró el retoque…

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sobre la crítica.

Proyecto 365, día 218
Mara acaba de publicar en su blog su “declaración postural” en cuanto a los anónimos devenidos críticos que pululan últimamente por el blogbarrio. Aunque ya dejé por allá mi opinión al respecto, pensé que sería interesante compartir con ustedes algunas frases con las que José Martí se refiere a este tema:

La crítica no es la censura; es sencillamente y hasta en su acepción formal – en su etimología – eso, el ejercicio del criterio.

Criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse limpiamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella.

Un crítico no debe juzgar una madera por sus virutas, estropeadas por el cepillo y mudadas de color como todo lo que corta el hierro y oprime la mano del hombre, sino que ha de esperar, para juzgarla bien, a verla como puntal sosteniendo edificios; o como lanza arremetiendo contra los enemigos, o como casco, ayudando al cargamento de la nave amenazada a sostenerse a flote.

El crítico ha de ser hombre de peso, capaz de fallar contra sí propio, y obligado a hablarnos, como todo hombre digno de tener la pluma, sin una sola palabra más de las que necesita expresar su pensamiento.

Esos críticos desalmados son los criminales de la pluma.

Visto lo anterior les propongo, amigos, tomar por bandera otra de sus frases:

Yo escribo para los de mente alta, y siento para los de alma grande: no curo de los otros.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Exploremos las tentaciones de la comida.

Proyecto 365, día 217


Siempre me he preguntado por qué el hombre come en demasía hasta llevar la obesidad a extremos inauditos. El cuerpo se deforma y no solo es la belleza lo que se pierde, también la elasticidad, la libertad de movimientos y la salud en general. No es posible sentirse bien – pienso – con tantos kilos de más. En mi experiencia personal, si aumento solo un poco de peso (estoy hablando solo de 4 o 5 kilos) soy incapaz de dar una caminata sin que se acelere mi corazón y se agite la respiración. No puedo imaginar cómo se siente quien no puede apenas moverse por la gordura.
Bien sé que no toda obesidad viene de la comida. Hay ciertos trastornos endocrinos que llevan al aumento de peso, pero también es cierto que una buena cantidad de obesos se lo deben a los excesos en la comida. ¿Por qué las personas llegan a comer tanto? Supongo que por ansiedad, por nerviosismo, por dejar de fumar o porque les gusta demasiado la comida. Deben existir otros mil motivos que no puedo ni imaginarme.
La PNL (Programación Neuro-Lingüística) ha demostrado que, en muchos casos, quienes comen desmesuradamente lo hacen solo basándose en el sabor de los alimentos. Con ciertos métodos es posible hacer que estas personas cambien su punto de vista a la hora de comer, y en lugar de percibir el acto de la comida como un hecho meramente sensorial se les enseña a percibirlo desde la perspectiva visual. La mayoría deja de comer inmediatamente cuando logran “verse” comiendo.
Hoy mismo Yahoo nos trae la noticia de cierto descubrimiento que asegura que la grasa de determinados alimentos como los lácteos (leche, helados, quesos…) y las carnes va directa al cerebro provocando una reacción de inhibición de las hormonas leptina e insulina que son las encargadas de avisarnos cuando ya hemos comido suficiente y no necesitamos mas. Así nuestro cuerpo queda libre de este tope natural y seguimos engullendo todo tipo de cosas ricas que encontramos. (Aquí tienen el link si quieren leer toda la noticia).
Sin embargo, hay algunas personas – aunque conozco muy pocas – que saben detenerse cuando han comido lo necesario, y no hablo de yoguis o de quienes siguen una dieta. Son personas que han aprendido a escuchar su cuerpo. Para mí, joven y cubana, es un misterio cómo lo han conseguido.
El cubano en el extranjero tiene fama de comer mucho y no es una fama mal ganada. Parte de la culpa la tiene el encuentro quizás por primera vez en su vida con apetitosos manjares de los que damos buena cuenta, y otra parte de la culpa cae en la forma en que comemos allá. En Cuba, por lo general, cada cual no lleva a su plato lo que quiere comer, sino que solemos servir la comida toda junta directamente en los platos de cada comensal y comemos todo lo que nos han servido (“Dejar comida es de mala educación”- me dijo siempre mi madre) y hasta repetimos si está sabroso.
Pues estas personas que les cuento capaces de escuchar su cuerpo –aunque son tan cubanos como yo-, se sientan a comer siempre con buen apetito y en un momento determinado, sin importar si tienen aun medio plato de comida delante, se detienen y dicen que ya están satisfechos. Yo nunca he sido capaz de hacerlo.
He ahí un reto: aprender a escuchar nuestro cuerpo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Noticias

Proyecto 365, día 216

Cielo nublado, ambiente gris a mediodía, árboles amarilleando, aceras llenas de charquitos, paseantes arrebujados en sus suéters, pañuelos al cuello, sombrillas y paraguas por doquier… No cabe duda, ¡ya esta aquí el otoño! Ayer estuvo lloviendo todo el día por acá, granizo incluido, y el cambio de las temperaturas, gracias a quien quiera que lo haya hecho posible, ha sido considerable. Puedo afirmar rotundamente que hoy acabo de dar mi primera caminata otoñal. ¡Qué delicia!
Pero no todo son buenas noticias. Ayer murió Patrick Swayze y lo lamento mucho. El fue mi primer galán cinematográfico, el que me hizo soñar cuando apenas era una adolescente. Una amiga de la secundaria tenía la gran suerte –muy rara en aquella época y lugar- de tener un video y grabamos de la televisión la peli Dirty Dancing. ¿Cuántas veces la vimos? Miles probablemente. No pasaba semana en que no la pusiéramos dos o tres veces. Al principio éramos solo ella y yo, pero en cuanto se corrió la voz de que teníamos una copia el coro de admiradoras creció. Nos reuníamos en casa de mi amiga antes de ir a la escuela, veíamos la peli y luego salíamos todas con la cabeza en las nubes, soñando, imitando pasos de baile, cantando las canciones…¡Que alegría tan sana!
¿Qué habrá sido de todas aquellas amigas? No tengo ni idea. La dueña del video era mi mejor amiga. Estudiamos juntas desde el primer día de primaria hasta el último de preuniversitario siempre en la misma aula, siempre compartiendo la misma mesa. Luego la vida nos dispersó. Lo último que supe de ella era que viajaba con frecuencia a Panamá.
La llegada del otoño y la muerte de mi galán anuncian, evidentemente un cambio. Como en la naturaleza, en mi vida también hay ciclos. Ayer terminó uno y hoy comienza otro nuevo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Letras actuales.

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifiquen al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bue­no el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas, y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los come­tas en el cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar.


Asi comienza el ensayo martiano Nuestra América, y solo este fragmento basta para garantizarles -e invitarles - a una inmejorable lectura de Lunes:


domingo, 13 de septiembre de 2009

Magnanimidad de la Cultura.

“Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”, dice un viejo proverbio, pero acaso pueda afirmarse también, con no menor razón, que nada es ni puede ser ajeno al hombre. Sin discutir aquí quién hizo a quién a su imagen y semejanza, lo cierto es que el hombre tiene el poder de convertir lo ajeno en propio, como Dios el de transformar el pecado en virtud. En todo caso la actitud genuinamente humana es siempre asimilar, incorporar, no eliminar ni rechazar.
Hay un poderoso medio que permite rescatar a la oveja extraviada; que en el fondo, no otra cosa es el hombre. Pero el problema fundamental es rescatar tanto a la oveja como a su extravío, porque el símil entre oveja y hombre termina justamente en el punto en que la oveja perdida regresa a su rebaño.
Hacer de un ser viviente un hombre significa ganarlo para la sociedad sin perder en él al individuo. Y el individuo es indivisible en cualidades buenas y malas. Sus virtudes y sus defectos coinciden en los extremos. Llevemos al virtuoso orador a su límite caricaturesco y tendremos al demagogo charlatán. Como enseña ya Platón, la democracia degenera en tiranía.
Si algo hay que aprender del arte post moderno es que el hombre no debe traicionarse nunca a sí mismo. Un ser humano lo es mientras es fiel a sus pasiones más incomprensibles. Encuentra la totalidad de sí mismo en esas propias pasiones que lo pierden. Y nada gana si, al salvarse de ellas no salva consigo su pasión.
Y sin embargo hay un poderoso medio que permite rescatar tanto a la oveja como a su extravío y salvar al hombre sin sacrificar a sus pasiones.
La cultura rescata lo que la sociedad excluye. No desecha ni rechaza, sino que comprende, denomina y ubica. Cultura es magnanimidad. En ella hay siempre cabida para el id, lo alienum y los otros.
Por eso, si hay una cualidad cultural importante a desarrollar en nosotros es el discernimiento. En esto está el secreto de la lucha contra el alcoholismo, el tabaquismo y las más diversas adicciones. Un alcohólico es un individuo sin cultura alcohólica. En el alcohol se resume para él, sin distinción de aroma, color, cuerpo o sabor, todo el espectro etílico que va del Armagnac al agua de colonia. Un individuo sin cultura sexual reacciona con la misma vehemencia endocrina ante la abstracción de un cuerpo desnudo, encuéntrese este, tibio, a su lado en el lecho, contorneándose con desbordante vitalidad en un show erótico o hincándole sus pines desde una foto pornográfica de alta resolución.
Si hay una lucha absurda, es la pelea del hombre contra su deseo. Este tiene motivaciones no sólo subjetivas, y es resultado de la ignorancia; en otras palabras, de la percepción limitada de su agente estimulante. Una luz, por tenue que sea, se intensifica cuando en torno a su foco estrechamos un diafragma. De niños solemos avivar el brillo de las estrellas con sólo entrecerrar los ojos. La restricción no hace otra cosa que avivar el deseo.
Hoy se desarrolla a nuestra vista una batalla campal contra todo lo que huela a tabaco, tras la cual podemos sospechar, con un signo de carácter opuesto, el mismo burdo interés de la ganancia. Hubo, con todo, una época en la que el tabaco cumplía una importante función cultural. Entonces era para el hombre apenas un instrumento y le correspondía dentro de la cultura un nicho: el del rito mágico. El behíque de la ancestral cultura taína buscaba en el humo de la amarga hierba la elevación a un nuevo estado, puro, de conciencia. La comercialización del cigarrillo ha convertido al hombre en el instrumento de un pitillo, cuyo consumo alterna con la esclavitud de su monotonía laboral. En torno al habano se ha creado, por el contrario, una diversificada cultura y los que saben fumar lo hacen, cual modernos behíques, sin apuro, escogiendo el puro, el tiempo y el lugar. La perseverancia de la ceniza es un signo de buena calidad y cabe predecir que merced al discernimiento del experto, la escultórica ceniza del habano estará aún mucho tiempo sin caer.



Gustavo Pita Céspedes
Publicado en Revista El Sótano
Ciudad de México, 2007

sábado, 12 de septiembre de 2009

Anécdota de super.

Proyecto 365, día 213


-Son 9 eurillos con 55 céntimos- me anuncia la señora de la caja.
-Aquí tiene- le alargo la tarjeta de crédito junto con una identificación y comienzo a guardar los productos en una bolsa. La mujer me mira, baja la vista hasta la identificación y vuelve a mirarme.
-¿Hay algún problema?- me asusto un poco. Aun no me acostumbro a este sistema del dinero plástico.
-No, supongo…-me responde, indecisa, y vuelve a mirarnos al documento y a mí alternativamente.
-Es la identificación de mi esposo- le aclaro-. La cuenta es de los dos, pero la tarjeta solo tiene su nombre…
-¡Ya veo!- estalla la señora en una carcajada – Ya me decía yo que no te parecías mucho a la foto. Creí que… Pensé que te habías cambiado de… La verdad es que hubiera sido un cambio muy bien hecho… Vaya, ¡es que con tantos cambios que hay últimamente una ya ni sabe ante qué se encuentra!
Salgo del super con una sonrisa helada en los labios sin atreverme ni a mirar mi reflejo en los cristales a mi lado.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Del trabajo de la memoria y los delfines.

Proyecto 365, dia 212


Me resulta interesante comprobar qué recuerdos decide guardar mi mente y en qué forma. Ya me ha pasado dos veces aquí en el blog que comento algo tomado de lo que recuerdo y luego resulta que cuando encuentro el dato es completamente distinto.
La primera vez sucedió cuando les hablé del artículo “La corrida de toros” de José Martí. Mi recuerdo –y así lo comenté aquí- se limitaba a la imagen de una plaza de toros roja, con la arena roja de sangre, con las mujeres alegres vestidas de rojo sangre…, pero cuando finalmente lo encontré y lo leí era diferente del todo. No deja de ser interesante que la lectura de aquel texto me haya dejado un recuerdo en forma de imagen, y no solo eso, sino que haya sido esa precisamente la imagen que haya quedado en mí. Ha resultado una forma muy peculiar de ver el trabajo de grabación y edición que realiza nuestro cerebro a partir de las impresiones que recibimos.
La segunda vez sucedió recién ayer, hablándoles de aquella teoría evolucionista que tiene que ver con los delfines. La verdad es que yo poco había escuchado de ella, pero no deja de sorprenderme que haya decidido guardar un recuerdo mas bien romántico e imaginativo en comparación con la idea básica de la teoría que ubica a los delfines más en el papel de nuestros hermanos que de nuestros antecesores. Ayer, luego de escribir en el blog, estuvimos buscando y por fin encontramos la historia original de la que les copio aquí unos fragmentos de dos artículos traducidos del ruso por G.

El profesor suizo, Adolf Portmann (1897-1982), zoólogo de la Universidad de Basel, investigaba las capacidades intelectuales de los animales y esclareció que según los resultados de sus pruebas el primer lugar lo ocupó el hombre con 215 puntos, el segundo el delfín con 190 y el tercero, el elefante. El mono ocupó sólo el cuarto lugar. Cuando los científicos compararon el cerebro del hombre y del delfín, resultó que el cerebro humano pesa como promedio aprox. 1,4 Kg., mientras que el cerebro del delfín tiende a los 1,7 Kg., además su corteza cerebral tiene el doble de circunvoluciones. ¿No es esto acaso lo que explica la asombrosa capacidad de comprensión y la increíble rapidez del pensamiento del delfín? Es capaz de asimilar un volumen de conocimientos 1,5 veces más grande que el que podemos asimilar nosotros. Además, los delfines tienen su propio lenguaje hablado con ayuda del cual pueden comunicarse los unos con los otros y transmitirse la información necesaria.
(Su lenguaje y la comunicación entre ellos no es solo una transmisión de señales sino una conversación directa. Utilizan varios modos de transmisión de la información y lo mas frecuente es que se comuniquen con gestos y sonidos. Con ayuda de los movimientos, los delfines intercambian señales visuales moviendo la cola y todo el cuerpo, pero el lenguaje de los movimientos corporales se utiliza solo en el caso de que sea necesario transmitir cierto tipo de información. Fundamentalmente se comunican con sonidos. Con frecuencia silban, pero también tienen otras señales como, digamos, maullidos y chasquidos. Tienen muchas variedades de silbidos, cada una de ellas puede expresar toda una “oración-sensación”, por ejemplo, de dolor.
Los investigadores han decidido unánimemente que el habla de los delfines se puede poner en una misma línea con el lenguaje del hombre. En nuestros días ya se han grabado casi 200 señales, pero no ha sido posible traducir completamente su habla. Existe incluso la opinión de que estos animales ocultan concientemente su vocabulario y su razón del hombre aunque se desconoce por qué motivo lo hacen.
El descubrimiento más sensacional ha sido el de la presencia en los delfines de nombres por los que los distinguen sus hermanos. Cada pequeño delfín recibe su nombre al nacer. Esto lo han demostrado los experimentos. A un sonido-señal grabado previamente que significaba un nombre respondía únicamente el mismo delfín.
Para encontrar el sentido en el silbido de estos animales, los científicos usaron métodos que se usan habitualmente en la técnica de las comunicaciones. La base de estos métodos son procedimientos matemáticos que permiten analizar cualquier secuencia de símbolos así sea una serie de cifras o de letras. Ante todo era necesario comprender que se estaba tratando con señales que realmente portaban información y no con simples sonidos casuales. En un texto con sentido no puede haber varios signos idénticos sucesivos, sino que los signos se encuentran en el texto con cierta periodicidad. Pues bien, el silbido de los delfines tiene el mismo coeficiente de periodicidad que los lenguajes humanos, es decir, es portador de información. La habladuría de los monos resultó ser mucho más primitiva. Quiere decir que, según la conclusión de los científicos, los delfines se encuentran más cerca de nosotros por su intelecto. Ahora solo falta entender qué es lo que quieren decirnos estos “silbadores”.)

¿Para qué el delfín necesitó un cerebro tan grande y complejo? Claro que no fue solo para comer, nadar con agilidad o reproducirse. Este problema ha interesado a los científicos y han tratado de establecer quién fue el antecesor del delfín. Elementos residuales en el esqueleto de estos animales confirman que los delfines provienen de ciertos mamíferos cuadrúpedos terrestres. Los análisis de sangre han permitido presuponer que los cetáceos a los que pertenecen los delfines y los ungulados (animales mamíferos placentarios que se apoyan y caminan con el extremo de los dedos que están revestidos de una pezuña como los caballos, los cerdos o las cabras…) son parientes.
Pero ¿qué fue lo que obligó al retatarabuelo del delfín a cambiar hace 65 millones de años su existencia terrestre por la acuática y quién fue ese ancestro propiamente? Se puede presuponer que todo el problema estuvo en ciertos cataclismos cósmicos que afectaron a la tierra y que obligaron a los animales a buscar la salvación en el agua pues precisamente 65 millones de años atrás de la tierra desaparecieron repentinamente los dinosaurios. Por último, ¿qué era la tierra firme en ese periodo? Eran diminutas islitas en medio de la extensión ilimitada del océano. Puede haber sucedido que en estos pequeños pedazos de tierra firme a alguien no le haya alcanzado el espacio. ¿Quién sabe? Puede que el antecesor del hombre y del delfín fuera un mismo ser que, tras levantar un palo de la tierra, realizó el camino grandioso de la evolución terrestre y se hizo hombre y que, regresando al mar, se convirtió en delfín. Si esto fue así o no, no se puede decir con precisión, sin embargo, lo que si esta perfectamente claro es que si el hombre es la cima de la creación en la tierra, el delfín es el rey de las extensiones marítimas.

El articulo principal fue publicado el 2 de diciembre de 2007 en el sitio web la red social urbana de la ciudad de Tomsk (http://gorod.tomsk.ru) y la nota en cursiva sobre el lenguaje de los delfines fue publicado el 27 de marzo de 2009 en el sitio www.ruletz-t.info

jueves, 10 de septiembre de 2009

Yo, Dragón... ¿y tú?

Proyecto 365, día 211

Hay cierta teoría dando tumbos hace tiempo que refuta en parte la evolucionista de Darwin. No tengo datos concretos porque con mi buena memoria selectiva terminé olvidando la parte aburrida de esta historia y me quedé solo con la muy interesante idea de que no todos los seres humanos venimos del mono, es decir, que hubo otros animales que también evolucionaron para dar lugar a una especie racional superior, entiéndase ‘hombres’, aunque no todos sintamos la necesidad de usar la parte racional que nos fue dada al nacer.
Y bueno, la teoría habla vagamente de la posibilidad de que algunos de nosotros pudimos evolucionar a partir de otros animales tan nobles e inteligentes como el delfín. ¿Se imaginan? ¡A mi me parece fascinante! ¿Y si no fueran solo el mono y el delfín los animales que evolucionaron? ¿Y si pensando un poco en nuestras cualidades tanto físicas como espirituales lográramos adivinar de qué animal provenimos?
Un delfín, a pesar de que adoro a estos animales, no creo que haya sido uno de mis antecesores más remotos por una sencilla razón: le tengo pánico al mar. Supongo que si viniera de un delfín, al menos supiera nadar y me encontraría muy a gusto en el agua, pero no es así. Yo diría que mi signo del horóscopo chino no estaría tan equivocado al ponerme bajo el perfil del dragón: animal de tierra y aire, sabiamente protegido con una coraza de escamas multicolores, con cierta inclinación nata por la sabiduría, fiel a sus amigos, fiero con sus enemigos, buen cuidador de tesoros, amante del vuelo grácil que conduzca a nuevas tierras y dispuesto a soltar una buena bocanada de fuego ante el menor peligro.

Algo como esto:


O al menos como esto:


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Mi espacio ritual.

Proyecto 365, dia 210

Y es que, pensándolo bien, siento pasión por la lectura.
Desde niña siempre me ha gustado mucho leer. Pero el leer para mi no se resume al simple hecho de sorber las historias escritas en los libros, sino que lleva toda una parafernalia aparejada que, aunque simple, ha llegado a convertir este acto en casi un rito.
Siempre me he preocupado por buscarme un espacio, por pequeño que sea, que destinar a esta actividad, con un cómodo asiento y una buena lámpara, de ser posible al lado de una ventana para poder cambiar la vista de vez en cuando. Es una forma sencilla de condicionar el cuerpo y la mente para que entren lo más rápido posible en el estado necesario para un mayor aprovechamiento de la lectura.
Al principio puede hasta parecer un poco forzado esto del espacio para la lectura, sobre todo cuando recién comienzas a vivir en un lugar nuevo, pero bastan unos pocos días para que se cree un ambiente tal en torno a esos simples elementos que, en cuanto te sientas a leer la concentración parece sentarse al mismo tiempo contigo y ya no importa nada mas. A medida que vas conectándote con el espíritu del libro la historia consigue transportarte hasta su ambiente y, si acaso llegas a apartar la vista por unos instantes de las letras, puede que te preguntes donde se han metido los candelabros, la chimenea, las cortinas y los cuadros que estabas viendo ahora mismo.

A esto me refiero:


¿Tienen ustedes también su espacio-ritual para la lectura?

martes, 8 de septiembre de 2009

De un libro bien empastado.

Proyecto 365, día 209

Si, como muchos adivinaron, estoy leyendo a Charles Dickens. Mi intención fue leer ‘David Copperfield’ u ‘Oliver Twist’, pero en la biblioteca solo tenían disponibles ejemplares de estos en inglés. Así que, para no acaparar uno de esos libros por largos meses –que es lo que tardaría seguramente en leerlo en ese idioma-, me traje a casa al buen Pickwick y no me he arrepentido en lo absoluto.
Mi primera impresión fue, por supuesto, muy grata al percatarme de la ironía y la comicidad que llenan cada una de sus páginas, pero los primeros capítulos –un poco inconexos y evidentemente escritos como respuesta a algún pie forzado*- me hicieron pensar que de este libro no sacaría nada mas que el buen ánimo que me deja cada sesión de lectura. Llegué incluso a considerar si estaría bien dedicar tanto tiempo a leerlo (porque son mas de 800 páginas de letra pequeña) cuando podría estar enfrascada en otro tipo de libro que me dejara alguna enseñanza concreta. Pero le di una oportunidad y avancé un poco más y al día siguiente otro poco… y ya casi voy por la mitad y estoy encantada con lo que leo.
Es cierto que sus personajes son casi caricaturescos, que incitan a la risa franca y abierta, pero no es menos cierto que cada una de sus acciones –impecablemente narradas con un estilo muy peculiar como el ejemplo que les puse ayer y que me hizo reír a carcajadas un buen rato- encierra una crítica, a veces sutil y a veces no tanto, a la sociedad de su época. Con cada nuevo capítulo, los personajes van ganando en profundidad y realismo, sus mundos emocionales se van abriendo al lector y no dudo que llegue a ser completamente imposibles olvidarles.
Como extra les cuento que el ejemplar que tengo en mis manos tiene todas las condiciones propicias para ser uno de los libros mas disfrutables, materialmente hablando: carátula dura de color azul prusia con textura imitando piel, papel ‘Biblia’ o ‘de cebolla’ con los bordes plateados y –algo que me fascina- una cinta-marcador a juego con el color de la portada.
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*Se llama ‘pie forzado’ en mi tierra a una frase que, aunque dicha por otro, debe ser utilizada por el autor en su propia creación.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Lunes de adivinanzas e invitaciones.

Proyecto 365, día 208

Se deslizaron, y habrían seguido avanzando con gran silencio si Winkle, al ejecutar unas complicadísimas evoluciones con su escopeta, no hubiera disparado accidentalmente, en el momento mas crítico, por encima de la cabeza del muchacho…
-¡Eh! ¿Por qué ha hecho eso? –dijo el viejo Wardle, mientras los pájaros escapaban volando, sanos y salvos.
-En mi vida he visto semejante escopeta- respondió el pobre Winkle, mirando el gatillo, como si eso sirviera para algo-: Se dispara sola.
-¡Se dispara sola! –repitió Wardle, con acento un tanto irritado-. Me gustaría que matara algo sola.
-Ya lo hará antes que pase mucho tiempo –observó el hombre alto, con voz grave y profética.
(…)
Conforme a la autoridad del señor Pickwick, estamos obligados a afirmar que el modo de proceder de Tupman evidenció mas prudencia y deliberación que el seguido por Winkle. Sin embargo, esto de ningún modo va en menoscabo de la gran autoridad de este último caballero en todos los asuntos relacionados con la caza (…)
El sistema de Tupman, como muchos de nuestros descubrimientos mas sublimes, era extremadamente sencillo. Con la rapidez y penetración de un hombre de genio, había observado enseguida que los dos puntos básicos a lograr eran: primero, descargar el arma sin daño alguno para si mismo; y segundo, hacerlo así sin peligro para los circunstantes: evidentemente lo mejor que se podía hacer, tras de superar la dificultad de disparar de un modo u otro, era cerrar firmemente los ojos y disparar al aire.
En una ocasión, tras de ejecutar esta hazaña, Tupman, al abrir los ojos, observó que una gorda perdiz caía herida al suelo…
¿Ya adivinaron qué estoy leyendo ahora? ¿En qué paso mis tardes mientras tomo tecito caliente y miro agradecida la avanzada del otoño en mi ventana?

Pero baste ya de divagaciones: hoy es lunes, y como lunes, martiano es por estos lares. Hoy les convido a acompañar la sensible pluma de Fina García Marruz en su ensayo “José Martí”, en el que estudia detenidamente su figura y su obra…


¡Feliz semana!

domingo, 6 de septiembre de 2009

Dos textos para un maestro

La flor se recuerda en el hombre, el hombre se olvida en la flor.
No hace falta pago, ni gracias, ni recuerdo.
Gratis la hierba verde,
gratis la naranja en el camino sediento, gratis la lluvia para la hierba verde y para el naranjo dadivoso.
Gracias que llueven para recordarnos que olvidemos...
Pero la gracia del hombre es el recuerdo.
La gracia de poder olvidar recordar,
Y de que no haga falta recordar, para recordar.
Gracia que nos hace conscientes.
Conciencia que ya no es nuestra, sino de la gracia.
Una flor que es la Flor por la gracia del recuerdo.


Al viejo Galló, en su centenario.

Los libros son como los hombres: tienen destino, estirpe y descendencia. Los hombres son como los libros: se puede leer en ellos y su destino es, quiéranlo o no, dejar una enseñanza para el que desee o pueda extraerla, aunque sólo sea la de que unos y otros, cuando están mal hechos, son una sarta incoherente de citas y palabras. De cualquier manera, hombres y libros comparten el mismo atributo: es imposible no relacionarse con ellos de alguna manera. La indiferencia con respecto a un hombre o con respecto a un libro es ya en sí misma una relación, aunque involuntaria. Cualquier hombre desconocido es como un libro cerrado: aunque esté en un estante o tirado en un basurero es una permanente posibilidad, una historia por contar, una enseñanza por conocer. Cada hombre, como cada libro es un riesgo y un desafío: para tratarles hay que entregarles un tiempo que es el de nuestra vida. Uno puede saber quién es un hombre por los libros con los que anda. La naturaleza de los hombres se revela en su relación con los libros, que suele ser semejante, si no idéntica, a la que tienen con las demás personas: algunos cambian de libro, como de camisa, de acuerdo a la última palabra de la moda; otros, mantienen con ellos una relación de fidelidad amical, fraternal o filial que dura la vida entera. Se da con un buen libro con la misma buena suerte con que se da con un buen hombre. Y un buen hombre es como un buen libro: su historia, por prolija y rica que sea, es el desarrollo de un principio simple, aunque productivo, claramente planteado desde sus orígenes.
García Galló tuvo una divisa que siguió toda la vida y que seguramente leyó bien temprano en el tesoro de la literatura árabe:
En una noche negra, negra, negra; por una columna negra, negra, negra; va una hormiguita negra, negra, negra. Nadie la ve, no importa: Alah la ve.
La hormiga imperceptible, laboriosa, fuerte, amante de la tierra, miembro abnegado de su sociedad, ¿desconocida o ignota?, fue un símbolo, simple y productivo, que guió su vida y que él supo transmitir a los demás.
Galló sabía que el trabajo de la cultura es un trabajo de hormigas. No se puede medir su valor por su tamaño aparente, ni por la cantidad, ni por la resonancia. La revolución misma se decide siempre en el microcosmos del aula. Por generaciones, las revoluciones han salido de las aulas: de Luz, de Mendive, de Varona.
Galló fue discípulo de Mella…
Un buen maestro no trabaja para que lo vean y sabe que ni él mismo alcanzará a ver sus frutos. Su labor es sembrar, y es difícil sospechar la robustez del árbol en la sencillez de la semilla. Para el educador, las semillas son los principios. Los principios nunca son altisonantes, aunque pueden venir volando naturalmente desde lo alto, como ciertas esporas…
Galló me dijo una vez, hace ya mucho tiempo, que él no creía en Freud ni en sus complejos y coronó su opinión con una sentencia sencilla: trabaja y hazte necesario.
En el otoño de 1994, a dos años de su muerte, fui invitado en una ocasión a un almuerzo en Kyoto, en el templo Zen de Ryoanji. La idea había sido del joven Shosan, el cocinero del templo, que quería agasajar a una muchacha practicante, llamada Sawa, por su cumpleaños. Como era una celebración, hice lo que se suponía, y le llevé de regalo unas postales y unos dulces. En la conversación de sobremesa se abrieron los presentes que pasaron fluidamente de mano en mano. Cuando terminaron las felicitaciones, el maestro Morinaga Soko, sentado a la cabeza de la mesa, con su rostro dulce, aunque severo, comentó sonriente: “Los padres de hoy en día les hacen creer desde pequeños a sus hijos que todo el mundo está en la obligación de felicitarles por el mero hecho de haber nacido. Así, la idea habitual tras los cumpleaños es la de que el simple nacimiento de un niño es ya un motivo de celebración. ¿Cómo sería si desde la niñez los padres criaran a sus hijos con otra noción: Ud. ha venido al mundo a molestar. Hágase necesario?”
Cuando oí esto, recordé una vez más mi conversación con Galló. Su vida se había estructurado en torno al principio del trabajo necesario. La palabra trabajo no era, sin embargo, para él sinónimo de dificultad o esfuerzo inútil. Para Galló, que además de campesino, había sido barbero y tabaquero, no había diferencia de principio entre el trabajo manual o el intelectual, había sólo trabajo creador. En la manera en que los fines de semana atendía su jardín, sus rosas, sus orquídeas y su huerta, había tanto intelecto, como energía física en sus conferencias, en las que todo su cuerpo se convertía en un instrumento que transmitía con sus vibraciones la serena melodía de su saber.
Galló no interpretaba vulgarmente el principio de la educación del ser humano por el trabajo y había aprendido tanto de las hojas de tabaco como de las hojas de los libros. Las tabaquerías han sido como las aulas en las que se crió la nación. La labor del educador recuerda la del tabaquero, y la individualidad del educando, como la del habano, depende de la selección, la medida y el adecuado ajuste de las capas. Demasiado material o demasiada cerrazón no dejan pasar el humo que despierta el espíritu. El ser humano debe combinar en justo balance tanto de erudición como de holgura creativa. Sólo entonces su perenne lumbre podrá perfumar los espacios de la cultura.
Ciudad de México, 6 de enero 2006
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Conocí al maestro Gaspar García Galló en el año 1976, siendo yo alumno de la Escuela Vocacional Lenin. Un grupo de amigos, que teníamos interés en la filosofía, empezamos a visitarle los viernes por la noche en su acogedora casa de la calle Espada, en Calabazar. Por suerte para nosotros, el temible profesor Antonio Guerrero, Jefe de disciplina de nuestro grado, que era famoso por su rectitud y exigencia, y a quien nuestra imaginación asociaba, por su figura, con Antonio Maceo, había accedido inexplicablemente a concedernos como excepción este permiso que resultaría a la larga tan decisivo en nuestras vidas. (Después descubrimos que este propio profesor cursaba por entonces un curso abreviado de filosofía en la Universidad de la Habana y sentía también una profunda admiración por el venerable maestro).A Galló lo había contactado Enrique Ubieta (actual director de la Cinemateca y ex director del Centro de Estudios Martianos) un sábado, en el que, tras salir de pase, había ido directamente a la esquina de Obispo y Bernaza, donde el maestro presentaba alguna de sus obras en el célebre "Sábado del libro".
Galló, pese a sus muchas ocupaciones, accedió inmediatamente a recibirnos, y así comenzó esta hermosa relación que se mantuvo durante largos años, por carta, en el período en que estudiamos en la Unión Soviética, y ya después, por suerte, personalmente, en la etapa en la que trabajábamos en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias y, en forma paralela,  colaborábamos como seminaristas en el curso de Historia de la Filosofía que impartía el maestro en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC).Creo que es muy difícil separar en Galló su espíritu revolucionario de las demás facetas y aspectos de su intenso quehacer. Porque Galló era esencialmente un revolucionario  verdadero, un hombre que vivía como pensaba y vinculaba constantemente la teoría con la práctica. Ayudaba a todos, y en primer lugar, a los jóvenes, a quienes brindaba a diario consejo y aliento. Siempre estaba trabajando, ya fuera como profesor y dirigente, durante los días laborables, o como un simple campesino en su huerto hogareño, los fines de semana.
El dogmatismo y la ortodoxia le eran absolutamente ajenos; enseñaba a sus discípulos a asimilar lo mejor de cada filosofía y a relacionar a esta con el desarrollo de la ciencia. De hecho, fue quizás el primero en tener la iniciativa de hablar abiertamente a los médicos de la importancia práctica del Hatha Yoga, en una época en la que no se habían introducido aún formas alternativas de terapia y prevención de las enfermedades, que se emplean hoy ampliamente. Fue también el primero que insistió en que había que incluir la historia de la filosofía de la India y de China en los cursos regulares de historia del pensamiento. No era un revolucionario de "puertas para afuera", de esos que, como dice Confucio, quieren arreglar el mundo sin arreglar su propia casa. Su labor de profesor y dirigente armonizaba perfectamente con la vida de su hogar, donde se respiraba, siempre que uno llegaba, una paz y una felicidad sencillamente contagiosas.
Galló había sabido crear una hermosa familia, había cuidado personalmente y con sumo esmero de la educación de sus hijos y tenía una esposa a quien amaba profundamente, y que fue su compañera de toda su vida. Uno no podía dejar de maravillarse de la comunicación entre ellos. Grofelia barría las hojas secas del patio y de pronto Galló interrumpía su charla con nosotros y con cariño le decía: "Grofelia, querida, no hace falta que te esfuerces tanto en barrer esa hojarasca que en definitiva es un alimento para la tierra y compone eso que los antiguos romanos llamaban humus...".
Catedrático durante muchos años de latín y griego clásico, y autor de un excelente manual de esta última lengua, la cultura era para él una necesidad vital y afloraba constantemente y de manera natural en la conversación. Criticaba la excesiva erudición como un saber no digerido. "Mi conocimiento, decía, es como la sangre, que corre, pero olvida sus fuentes". Y era precisamente esta fluida comprensión del saber y, en general, la cultura, la que le permitía también aprender de cualquiera, disfrutar del placer de la comunicación y, a su vez, hacer disfrutar a los demás del placer de la cultura. En esto Galló era un verdadero artista. De sus antiguos alumnos de la Universidad de la Habana, todavía hay quien cuenta cómo una alumna y admiradora se desmayó una vez oyéndole declamar de memoria y a viva voz un poema en griego. A uno mismo, cuando escribe estas líneas, le parece de pronto que su propia biografía podría insertarse perfectamente y con toda dignidad en las "Vidas y sentencias de filósofos ilustres" de Diógenes Laercio que él amaba y citaba tanto. Tenía la distinguida sencillez de los filósofos antiguos, cuyo filosofar no se había enajenado aún de la vida.
Cultivaba la ciencia como cultivaba las flores y, sobre todo, las orquídeas. Cada vez que le visitaba, a mi regreso, así fuera tarde en la noche, cortaba para mi madre un ramito de rosas. Yo le decía: "Galló, ella se va a poner muy contenta. Ud. sabe, ella las pone siempre en un pequeño altar que tiene en casa y pide por su salud y la de su esposa". El se reía hasta toser y salírsele las lágrimas y me decía. "Bueno, pues tú dile que las siga poniendo"... Galló sabía despertar un sentimiento de genuino amor en las gentes. Un día, en un sábado del libro, vi como una ex alumna se acercaba a su mesa y, pese a su resistencia, le besaba la mano...
Fuera en una reunión, en una clase o en una simple conversación Galló le hacía la vida agradable a los demás. Sabía hacerse querer. "El que siembra amor, recoge amor", solía repetir, y es una cualidad que todos los verdaderos revolucionarios deberían aprender para hacer un doble beneficio al mundo. Porque si ser revolucionario va consistir simplemente en dar órdenes, regaños, orientaciones, tareas o quejas, ¿quién va a querer hacerse revolucionario? El comunismo es una teoría que, como cualquier otra, puede ser criticada con diversos argumentos, pero en Galló, más que una teoría era el testimonio del modo de vida de un verdadero comunista, era el "hecho testarudo"[1] de un hombre cuya vida era su pensamiento.Recuerdo que en una ocasión, apenas transcurrido un mes de haber sufrido Galló un ataque cardíaco, le esperábamos como de costumbre en el CENIC para oír otra de sus conferencias, pero como se demoraba y había estado enfermo, pensamos que ya no vendría, y Carlos Delgado, su ayudante, asumió la tarea de dar la clase. Pasados diez minutos, la puerta del anfiteatro se abrió de golpe y le vimos entrar sudoroso y agitado: "¿Saben lo que pasó?,- nos dijo con la respiración todavía entrecortada -, por alguna razón que aún desconozco, mi chofer no fue a recogerme hoy, y he venido manejando yo solo desde Calabazar lo más rápido que pude". Entonces recordé lo que le oí contar en cierta ocasión: algún tiempo antes, alguien, que bien le quería, había insinuado en una reunión de profesores eméritos, que existía para ellos la posibilidad del retiro, y Galló, siempre vivo, le respondió sin demora: "Pues a mí me sacarán en camilla y muerto de mi trabajo". Así es como ha quedado grabado para siempre en mi memoria mi maestro García Galló, revolucionario auténtico y ejemplar, filántropo pensador y hombre de acción, que trabajó para el amor y amó el trabajo como solo puede hacerlo un ser humano irrepetible y único que no solo vivió, sino que incluso murió como pensó[2].

Ciudad de la Habana, 14 de septiembre de 2002.

[1] Conocida frase de Lenin. Los hechos son "una cosa testaruda" con la que la teoría, por desarrollada que sea, tiene por fuerza que contar.
[2] Murió Gaspar Jorge García Galló (1906-1992) como mueren los justos. La muerte le sorprendió en su trabajo, sentado en su buró, sobre las siete de la noche, cuando se preparaba para regresar a su casa después de un largo día de trabajo. Tenía 86 años de edad.
Gustavo Pita Céspedes

sábado, 5 de septiembre de 2009

Pongámonos místicos, pues.

Proyecto 365, día 206

La verdad es que el tema de ayer y los comentarios que dejaron ustedes me hicieron pensar. Al parecer esto de escuchar voces que nos llaman es un fenómeno frecuente.
Tampoco es la primera vez que esto me sucede. Ya me había sucedido otras veces, escuchar mi nombre en sueños, pero siempre había reconocido la voz que me llamaba. Siempre eran personas cercanas a mí que, de una u otra forma, estaban pasando por un mal momento. La ultima vez sucedió el año pasado: la voz de uno de mis hermanos me llamaba insistentemente, ese hermano que en esos momentos estaba en coma tras un infarto cardiaco y por el que estaba tan preocupada, el mismo que –¿casualmente?- acaba de enviarme un sms mientras escribo esto.
Lo inusual de este sueño de ayer fue que no reconocí la voz, pero leyendo sus comentarios me he preguntado si acaso no sería mi propia voz lanzándome una alerta. Es verdad que fue una voz masculina lo que escuché, pero también es verdad que todos los que me han “analizado” (¿examinado, escrutiñado?) afirman que en varias de mis vidas anteriores, también en la última antes de esta, fui hombre –según ellos, eso explica mis muchos y bien marcados aspectos masculinos de la actualidad. Nunca lo he discutido. Cierta certeza interna sobre esto me impide afirmar lo contrario.
Ahora la pregunta es: ¿qué, en mi, necesita atención urgente? Tengo que trabajar sobre esto.
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Sobre el tema del nombre verdadero, me sorprendió gratamente la afirmación de Bruno Diaz que Ivanius nos compartió en su comentario:
“cuando me hablo a mí mismo, no uso el nombre con el que me llaman todos: sólo yo conozco mi nombre verdadero.”
Según la mitología de la que les hablaba ayer, el nombre verdadero solo puede saberlo uno mismo si ha alcanzado un alto grado de estudio personal, o sea, si realmente se conoce a si mismo hasta el punto de que el nombre deje de estar oculto a sus ojos. Hay otras personas que pueden saber ese nombre: grandes maestros (acuérdense que es una mitología que habla de magos y brujos, que suelen tener conocimientos que el común de los mortales no tenemos) que han llevado ese estudio personal hasta las últimas consecuencias, o sea, que no solo han aprendido a ver su propio nombre, sino el de las demás personas y cosas. Solo alguien así puede decirte tu nombre verdadero.
En la India, en ciertas escuelas yoga –que no solo incluyen los ejercicios que todos conocemos, de hecho, estos son lo mas básico de su enseñanza-, después de un buen tiempo de práctica y estudio profundo, el maestro puede darte un mantram personal, esto es una o varias silabas que solo él y tú conocen. Se supone que la simple repetición de esos sonidos puede ayudarte a evolucionar… ¿Serán el nombre verdadero?

viernes, 4 de septiembre de 2009

Mi verdadero nombre...

Proyecto 365, dia 205

Hoy me desperté sobresaltada. Una voz masculina de tono imperioso -no la de mi esposo que dormia a mi lado- pronunció mi nombre en mi oído una sola vez, tan rotundamente que bastó para que abriera los ojos como si los parpados fueran resortes sin una pizca de sueño.
En cierta mitología relacionada con los magos y brujos cada cosa, cada animal, cada río, cada árbol, cada nube tiene un nombre verdadero. Conocer el verdadero nombre de las cosas es conocer su esencia, sus fortalezas y debilidades, su alma, y eso le otorga a quien lo conozca un enorme poder sobre ellas. Podría ser capaz incluso de modificar su forma, su esencia…
Dentro de esa mitología también cada hombre tiene un nombre verdadero que no se debe dejar que otras personas conozcan. Se usan motes, alias, sobrenombres, pero nunca TU nombre verdadero. Si alguien lo conoce, estás en sus manos irremediablemente. Esa persona se convierte en tu amo y puede hacer cambios vitales en ti…
Y ahora me pregunto: ¿Quién conoce mi nombre verdadero al punto de hacerme saltar del sueño a la vigilia con solo nombrarme?

jueves, 3 de septiembre de 2009

Si vamos a hablar de animados...

Proyecto 365, dia 204

Con toda esta movida de cómics y animés que hay por la Pocilga últimamente, me he dado cuenta de que mi cultura en este sentido ha sido formada por otros caminos.
Cuando era niña, en la TV Cubana los animados que ponían eran casi todos rusos y cubanos. De entre ellos, dos de los que con mas cariño recuerdo son:


“Elpidio Valdés” (Cuba)


y “Deja que te coja” (Rusia).


Pero no fueron los únicos. También nos llegaban de vez en cuando algún animado norteamericano, español y hasta italiano. Mis héroes en esa época no eran Spiderman, ni Superman, ni Marvel… ni siquiera los conocía. Por ese entonces, mis héroes –proféticamente- eran japoneses. Les hablo de:


Voltus V,

Mazinger


y el muy carismático Arsenio Lupin.



Siendo yo una niña (no un niño) los robots me parecían curiosos, pero Arsenio Lupin era mucho más cercano a mí, sus aventuras eran no solo interesantes sino muy divertidas y hasta con cierto toque de glamour –siempre había una hermosa muchacha a la que rescatar. Es decir, reunía lo necesario para ser el héroe que mas disfrutaba.
Mucho tiempo después y ya metida hasta el cuello en el mundo japonés, descubrí que mi muy querido Lupin era todo un ídolo en el mundo del anime, y que su creador, Miyazaki Hayao, había dirigido muchas otras películas que busqué y disfruté en cuanto tuve oportunidad. Lupin no era ni con mucho el personaje de Hayao mas querido por su público sino un ser grande, suave y peludo, mezcla de conejo con oso y lechuza a gran escala, lleno de bondad y de magia, con una peculiar habilidad de ganarse el corazón de todo aquel que ose asomarse a su mundo:
El Totoro.

Poco me queda por decir, salvo que ayer la versión japonesa de Google celebraba el nacimiento de Doraemon.


Yo nunca he visto uno solo de los animados de Doraemon, solo sé que es un gato robot muy famoso, al que mi profesora japonesa de idioma tiene un especial afecto. En una de sus clases para que aprendiéramos la pronunciación y el uso correcto de la expresión “Yo quiero…” en japonés, nos hizo una pregunta que me gustaria hacercelas hoy a ustedes:

“Si tuviéramos un Magic Pocket como el de Doraemon, del que pudiéramos extraer cualquier cosa que deseáramos, ¿qué pedirían?”

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Ah! Como Bonus de hoy les dejo la canción de Elpidio Valdés, de Silvio Rodríguez.



Imagenes:
Elpidio Valdes: http://www.granma.cubaweb.cu/eventos/17ferialibro/libros/index5.html
Nu pogodi: http://www.rapidshareindex.com/Nu-Pogodi-Recollection_254722.html
Voltus V: https://secure.zeta.lunarservers.com/~anive3/voltusV.html
Mazinger: http://blogs.ya.com/mangacas/200709.htm
Lupin: http://wendo84.wordpress.com/2009/05/20/ciclo-hayao-miyazaki/
Lupin 2: http://anotherkindofclay.wordpress.com/2009/03/06/studio-ghibli-part-2-the-70s/
Totoro: http://ghiblimage.blogia.com/
Doraemon: Foto tomada por Pelusa, BCN 2009

La Balada de Elpidio Valdés (por Silvio Rodriguez)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Qué hacer para destrabar un paraguas.

Proyecto 365, dia 203

Ya saben que los cuentos que leí de Carpentier me fascinaron. Pues desde que terminé ese libro comencé a leer otro también de cuentos –“De la estirpe de Odin” de Thomas Mann- y solo hace un par de días que logré terminarlo.
Quizás leer a Mann después de Carpentier no fue una buena idea: mientras Carpentier me inundaba con la luz y el calor tropical que emanaba de sus páginas, Mann me hundía en los más fríos y oscuros abismos de la humanidad. Ya sé que la comparación puede no ser muy buena, pero era como ver una leeeentaaa y profunda película de Tarkovsky después de haber visto una de Spielberg llena de acción.
Con Mann fui del incesto entre hermanos hasta el suicidio, pasando por rechazos amorosos, accidentes, desesperaciones, locuras, soledades… Nada falta en este libro en cuanto a pasiones humanas.
Era el choque con otra cultura, con otra forma de pensar y de sentir lo que me estaba permitido experimentar a través de estas páginas y una invitación como esa no se hace esperar. Desde el principio leí ávidamente uno, dos, tres cuentos casi sin detenerme, cayendo fluidamente de un abismo en otro hasta que tropecé con Tonio Kröger. Ahí fue donde, como dicen en mi tierra, se me trabó el paraguas.
No había modo de que pudiera avanzar en aquel cuento. Se me hacía pesado de leer con todos aquellos largos monólogos y los problemas existenciales de aquel burgués devenido escritor… Fue entonces cuando encontré los libros en la lavandería (Christmas Jars y Revolutionary Road) y los “colé” en el medio de la lectura, pero luego regresé a Mann con un gusto redoblado porque algo había en él que no pude encontrar en ninguno de los otros dos autores: Mann, a fuerza de profundizar en el alma humana y hurgar en ella hasta extraerle el sentido -no sin dolor- hace sangrar sus letras y así, sin dudas, penetran mejor.

martes, 1 de septiembre de 2009

De como recupere mi vida.

Proyecto 365, dia 202

La verdad es que he tenido un principio de semana inmejorable. En apenas dos días (domingo y lunes) y a fuerza de golpes he recuperado mi vida. Me explico:

Mi cuerpo fue quien me lanzó el primer aviso el domingo en la noche cuando, por fin, me levanté del asiento y sentí que toda yo temblaba por dentro con un temblor mas nervioso que muscular. ‘¡Adicta!’-me recriminé mientras tomaba un poco de agua intentando que el temblorcillo pasara- ‘Si esto no es adicción es lo mas parecido’. Y es que estaba pasando demasiado tiempo frente a la computadora, dejando que mis días desaparecieran entre clicks y sacando muy poco provecho real. Decidí entonces quitarle tiempo a Internet para ocuparme en otras cosas.
Pero el lunes, con publicaciones y lecturas pendientes, la restauración del blog a medio camino y la inercia incontrolable que me llevaba a saltar de una página a otra encontrando algo siempre interesante, una yo rebelde en mi cabeza veía con horror cómo no podía lograr levantarme del asiento y como pasaban las horas en el reloj que la noche antes había instalado al lado de la pantalla como recordatorio…
Nada pude hacer, el día se me escurrió en lo que parecieron segundos y, en vistas de esto, mi cuerpo –mucho mas sabio que yo- al ver que sus alertas parecían no tener efecto decidió tomar el mando: en solo un instante la vista se me nubló, el temblor interno regresó mucho mas fuerte y la cabeza me estalló de dolor al punto de no poder casi moverme.
Dirán que soy medio sádica porque pienso que nada mejor pudo sucederme pero en ese caso lo somos todos. ¡Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido que esperar hasta una situación extrema para darse cuenta de que no va por un camino correcto!
Hoy estrené una nueva Pelusa en la mañana: retomé mis prácticas de yoga, caminé un buen rato, busqué un par de gruesos volúmenes en la biblioteca –ya terminé los cuentos de Thomas Mann- y llevo menos de una hora frente a esta pantalla. Por suerte no me queda mucho más que hacer por aquí hoy de modo que podré responder en breve a las insinuaciones que me lanzan los libros a mi lado…
Ya les contaré qué tal las nuevas lecturas, por lo pronto… ¡Hasta mañana!











Imagenes 1 y 2 tomadas de EL IMPARCIAL DIGITAL
Imagen 3: Foto tomada por Pelusa, BCN 2009.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)