miércoles, 29 de julio de 2009

De como a veces tontear da buenos resultados.

Proyecto 365, dia 174

Como se habran dado cuenta, tontear es una de mis aficiones mas queridas y frecuentes. No pasa mucho tiempo sin que mi atencion se vaya tras un bichito lindo que se posa en mi escritorio, o sin que mis manos comiencen a molestarme con esa urgente necesidad de "hacer algo" (entiendase: crear) que las asalta de repente -por lo que mis sesiones de estudio o lectura generalmente sufren varias interrupciones sin las cuales yo creo que serian demasiado monotonas y me llevarian casi al aburrimiento. Y como podran suponer, cuando voy caminando por ahi es raro que no ande mirando las sugerentes formas de las nubes, las piedritas de colores del camino, el caracol en la cuneta o que me detenga absorta por el canto de un pajaro...

Por suerte, este andar tonteando a veces -no pocas- me regala gratas sorpresas, y hace dos dias recibi una de ellas. De regreso a casa, mirando como siempre las plantitas que se enredan en las cercas y crecen los muros a los lados del camino, descubri un racimo de frutas pequeñitas y de un color negro brillante tan atractivo que no pude menos que acercarme... Mmmm!!! Si la Gloria pudiera hacerse dulce, oleria y sabria como aquellas frutitas... porque antes de que mi G tuviera tiempo de detenerme, ya habia yo arrancado una y me la habia llevado a la boca. ¡Que delicia!


Recogi unas cuantas, despues de estar casi segura de que eran moras silvestres, para comer en casa mientras averiguabamos en internet que si, que son moras silvestres tambien conocidas como frambuesas o zarzamoras (las plantas estan llenas de espinas como cualquier zarza) y que tienen mil y una propiedades beneficas para el organismo, ricas en vit. C y en potasio, de gran efecto antioxidante y digestivo... En fin, todo un Regalo en medio de este agobiante verano!

Y ayer volvi por mas, con un frasco en la mano dispuesta a llenarlo de todas aquellas frutitas... Gran cosecha! Lo mejor es que de aqui a finales de agosto (que segun Internet es la temporada de cosecharlas) queda aun muuuucho tiempo y seguramente muuuchas oportunidades de recogerlas y degustarlas.

martes, 28 de julio de 2009

Protagonismo

Proyecto 365, dia 173

Los domingos en la madrugada ponen en la TV la retransmisión de un programa, al parecer muy popular aquí, que va tocando temas misteriosos y escalofriantes, de esos que no nos gusta ver pero no podemos dejar de mirar. Apoyados en “entrevistas estelares” a especialistas, a autores de libros, a protagonistas, hablan en este programa de apariciones, de muertos-vivos, de espíritus que regresan y vagan por sus antiguos hogares, de ovnis avistados, de posibles visitas extraterrestres, de historias de abducciones sin comprobar, de misterios pueblerinos que cuentan la desaparición de unos niños mientras jugaban o la inexplicable falta de la cabeza de un muerto reciente, de leyendas vueltas realidad, de enfermedades que han despoblado ciudades enteras, de profecías y de profetas, de monumentos con raras inscripciones, de símbolos desconocidos, del posible origen de ciertos ritos, de momias halladas por casualidad, de médiums y ectoplasmas… En fin, hablan de todo aquello que, aunque todo el mundo lo sabe y comenta, aunque en los periódicos salgan miles de notas explicándolo, aunque esté en realidad ya muy abierto e iluminado, por alguna extraña razón sigue estando dentro de los límites de lo oscuro y lo esotérico.

Este domingo, sin embargo, el programa llegó a sorprenderme: la entrevista central se apartaba un poco de los temas frecuentes y se centraba en tres periodistas, corresponsales de guerra, y sus experiencias - con el evidente proposito de (ab)usar de la relacion Guerra-Muerte. “Estos están locos”- pensé yo, que nunca he entendido bien cómo puede haber alguien que vaya voluntariamente a un lugar donde puede encontrar no ya La Muerte en general, sino Su Propia Muerte.

Los tres hombres –era la primera vez que se sentaban juntos- se trataban con una familiaridad rayante en la complicidad de la que el espectador por lo general quedaba excluído. Se veía que estaban disfrutando de aquel encuentro enormemente: se contaban anécdotas simpáticas, se mostraban heridas adquiridas en el trabajo y hasta reían abiertamente con ciertos recuerdos rompiendo el ambiente regularmente lúgubre del programa. Entre ellos había una química que se le escapaba al presentador y que yo, como espectadora, degustaba sin llegar a comprender del todo.

El presentador, hombre de no muchas luces, trataba de centrar a sus entrevistados sobre todo en aquellos momentos en que vieron fallecer al que tenían al lado, en que estuvieron en contacto con muertos, en que tuvieron que salir huyendo de un ataque sin fijarse en lo que sus botas pisaban, en que cayeron accidentalmente en un lago lleno de cadáveres… Trataba en fin, siguiendo su costumbre, que fuera la Muerte y no la Vida la protagonista del programa. Y los periodistas invitados hacían lo posible por complacerlo, hablaban un poco mas del tema como quien accede a responder las preguntas obvias de un niño curioso, pero se miraban entre si con una sonrisa pícara en los labios. Les pidió entonces que mostraran fotografías que fueran especialmente valiosas para ellos –esperando que mostraran algo como aquella famosa foto de Robert Capa - y uno llevó una foto de cuando era niño al lado de la hermosa tía que lo crió; el otro, una imagen de un niño en la que el veia el resplandor de la esperanza; y el tercero, la del mejor guía que tuvo en África cuando cubría la guerra del Congo, un rozagante y sonriente negro al que le debe la vida…

Esos tres hombres, que han vivido la guerra, conocen un mundo muy diferente al que yo conozco, lo que han encontrado en sus caminos les ha dado un conocimiento al que yo no tengo acceso, sus valores son otros, sus impresiones otras… En sus ojos había ALGO común que hacía parecer vacíos los ojos del presentador -y supongo que de haberme visto, los mios propios-, sentado como un ente ajeno entre ellos. Viendo que este quedaba un poco desencantado con estas muestras y que no había entendido nada de aquel coloquio, el mayor de los periodistas invitados, en un intento por ayudarle a comprender un poco le dijo una frase memorable:

“No importa la guerra que se esté librando ni en qué lugar del mundo ni por qué motivos, de todos los que participan en ella solo nosotros –los corresponsales- estamos ahí porque realmente lo queremos. ”

lunes, 27 de julio de 2009

De lo real-hilarante.

Proyecto 365, día 172.

A veces la realidad es tan rica que no hay que ponerle adorno alguno para lograr un excelente pasaje. Hoy los dejo con una de esas anécdotas que no por increíbles dejan de ser ciertas, recogida por la pluma de Carpentier. Sucedió en la Habana de 1920, cuando Gerardo Machado ejercía como Primer Magistrado, o sea, dictador de turno:

(…) cuando un terrible estampido sonó en la fosa de la orquesta, bajo el aparato de la batería, echando a volar los platillos, cajas, panderos y timbales, en una repentina expansión de humos blancos. Una segunda bomba estalló tras de los contrabajos, promoviendo la fuga de los músicos que subían al escenario, trataban de huir por la platea, se metían en los palcos, acreciendo el pánico de un público que se atropellaba hacia las salidas, saltando por sobre las butacas, pateando a quien cayera, mientras, arriba, entre bambalinas que les caían en las cabezas, corrían peleando por llegar a las puertas de la calle, los guardias del Faraón, los sacerdotes, arqueros, cautivos encadenados, soldados del 3er Batallón de Húsares, entre obeliscos caídos, esfinges y trastos rotos. (…) En cuanto a Caruso-Radamés, este había desaparecido. Como alguien recordaba haberlo visto salir por una puerta trasera, se le buscó inútilmente en todos los alrededores del edificio, en los cafés y bares cercanos. Tampoco había vuelto a su hotel. Podía estar herido, golpeado –desmayado, acaso, en algún lugar oscuro. Y en su busca se afanaba el empresario, cuando un cortocircuito dejó al teatro sin luz… El Primer Magistrado, seguido de sus ministros y jefes militares, volvió al Palacio. (…)
Enrico Caruso, arrestado en la calle por un guardia, estaba detenido en la 5ta Estación de Policía, por llevar disfraz fuera de carnavales; y disfrazado de mujer, y maquillado de ocre, con boca y ojos pintados –detallaba el Acta- lo cual le hacía caer bajo el peso de la Ley de Represión de Escándalos y Defensa de la Moral Ciudadana, cuyo artículo 132 preveía una pena de treinta días de prisión por atentado a las buenas costumbres y comportamiento indecoroso en la vía pública, con agravación del castigo si ello se acompañaba de una manifestación evidente de homosexualidad en el atuendo y aspecto personal, que, en este caso, estaba ilustrado por un tocado a rayas horizontales puesto sobre la frente, aros labrados en las orejas, pulseras de fantasía, y unos collares colgados del cuello, con adorno de escarabajos, amuletos, dijes y piedras de colores que –según el informe policial- eran seguro indicio de mariconería…

Alejo Carpentier, El Recurso del Método.

domingo, 26 de julio de 2009

Virtualidad Insular


A Leandro Soto Ortiz

Una isla es, más que un ente físico, una entidad metafísica. En vano buscamos ubicarla en coordenadas geográficas. Una isla siempre está donde no está y es lo que no es. Como un simple nodo entre tantos, perdido en la red de los cielos y los mares, una isla es siempre el proyecto de sí misma. Y si los soñadores han ubicado por regla sus utopías en islas, es porque en ellas no pueden dejar de nacer soñadores del fecundo abrazo del éter y la mar. Un isleño sabe muy bien desde que nace que el componente menos representativo de su isla es precísamente la tierra. Sin el agua, el fuego y el aire no hubiera tenido el Logos la arcilla para moldear a Grecia. Pero el Logos era la ensoñación obsesiva del isleño sobre la reiterativa letanía geográfica de un archipiélago.
Cuba es, más que una isla, la isla. No está en el Caribe, sino donde esté el cubano hecho de sol, cielo y mar, más que de arena. Virtual hoy en su remodelación cibernética, infinita siempre en su hiperrealidad geometafísica.

Gustavo Pita Céspedes
Barcelona, 26 de junio de 2009

sábado, 25 de julio de 2009

De miradas incomodas y comodos silencios.

Proyecto 365, dia 170

Hace ya un tiempo visito con regularidad un blog con el que tropecé ya no recuerdo cómo. Lo cierto es que primero me interesaron las manualidades que hace la autora, luego me fui identificando con su gusto estético tan distante y al mismo tiempo tan cercano al mío y así, entre una cosa y otra, me he ido colando en la vida de esta muchacha –fruto de una cultura diferente- sin que ella sepa de mi existencia. Me siento a veces como James Stewart espiando con mis binoculares a una vecina que, en este caso, vive a miles de kilómetros de distancia y solo a un par de clicks de mi ventana indiscreta.
La muchacha –que ya va llegando a los 30- es muy espontánea en sus publicaciones y en ocasiones escribe en su blog mas de un texto al día, cada vez que algo le parece interesante y digno de compartirlo con sus posibles lectores –que, al parecer, son casi inexistentes. No es escritora, no pretende nada con sus letras: escribe como si estuviera conversando con una amiga, cuenta chistes, novedades, comenta sobre la última cena que preparo con una receta nueva, muestra en una foto la hermosa tetera de porcelana que encontró en un mercadillo de antigüedades por una bagatela, habla de sus proyectos... Esto me ha permitido irme adentrando en una realidad ajena, conociendo un mundo que no me pertenece; es una rendija informática por la que puedo ver la vida desde otro punto de vista, desde las impresiones de una mujer enamorada, orgullosa de su condición de esposa, que disfruta de sus quehaceres hogareños y que alterna el estudio gustoso de la Biblia con las revistas de moda o las novelas de Austen.
Ya sé que leer sin comentar no es del todo correcto, pero desde el principio disfruté tanto de esta posición de observadora protegida por las sombras electrónicas que tardé mucho tiempo en dejarle un comentario. Menuda sorpresa debe haberse llevado la muchacha cuando al fin me decidí a escribirle, porque tuvo una reacción muy rara: no sólo no respondió a mi comentario, sino que dejó de publicar. Una semana más tarde, supongo que al no poder contenerse más y creyéndose libre de miradas extrañas, siguió publicando tan compulsivamente como antes.
No he vuelto a comentarle desde entonces, temiendo espantarla como a un pajarillo y que deje de entonar la melodía de su vida para mi. Con la comodidad que nos inspira a ambas este silencio, seguiré leyéndola desde mi ventana en este lado del mundo, descubriendo desde adentro otra versión de esta historia que escribimos todos día a día, aprendiendo.

viernes, 24 de julio de 2009

¡Un poco de sentido comun, por favor!

Proyecto 365, dia 169

“¡Habrá que ser gilipollas!”-escucho que alguien dice fuera de mi ventana. Es uno de los muchachos de mantenimiento del edificio, uno de los más respetuosos además.
Abro la ventana y me asomo con toda la intención de preguntarle qué sucede pero no llego a hacerlo. No hace falta. Lo veo inclinado recogiendo una bolsa plástica llena de basura y reportando por su móvil que hay mil y una colillas de cigarro en la tierra. El muchacho resopla sin decir una palabra más pero puedo imaginar todo lo que estará pensando de nosotros, los inquilinos, casi todos extranjeros.
Esos terrenos alrededor del edificio es cierto que son zonas comunes, que no “pertenecen” a nadie en particular, pero ¿acaso eso nos da derecho para usarlos como basurero, cenicero o estercolero particular? Los japoneses –siempre estoy poniendo ejemplos de japoneses pero es lo que mas conozco- tienen una relación diferente con la propiedad social a la que he observado entre los occidentales: para ellos las zonas e instalaciones comunes son de todos (o de nadie) para disfrutarlas y –sobre todo- cuidarlas y mantenerlas libres de suciedad y perjuicios. Nosotros, por el contrario, vamos dejando nuestra sucia huella por dondequiera que pasamos.

jueves, 23 de julio de 2009

Entre Maria Antonieta y la Triple Alianza.

Proyecto 365, dia 168

De que me gusta la historia estoy segura, pero ¿que es precisamente lo que me gusta de ella? Me encanta leer biografías y novelas históricas, pero es un hecho que no tengo buena memoria para las fechas y ni siquiera para los nombres. Dentro de mi cabeza hay una amalgama bien pintoresca de épocas y personajes, a la que no logro –no es que lo intente mucho- darle un sentido coherente, una linealidad, un antes y un después.

Cuando terminé de leer, por ejemplo, la alucinante biografía de Maria Antonieta, tenía una idea muy clara del siglo XVIII francés o al menos de una parte… pero tengo memoria de teflón: pregúntenme ahora cuándo comenzó el Apocalipsis por allá y sería incapaz de responder. Ni siquiera tengo clara la historia de mi propio país –a lo mejor por eso disfruto tanto leyendo a Martí, porque con sus textos siento que me voy empapando de un espíritu que debería corresponderme por naturaleza y del que he estado alejada toda mi vida.

Sucede que, leyendo una vez mas a Carpentier, me encuentro una ligerísima alusión al “pistoletazo de Sarajevo, seguido de los disparos que, en el Café du Croissant en Paris, mataron a Jaurès (…) El 2 de agosto era la movilización general, y el 4, la Guerra…” Y ahí me quedo yo pasmada: “¿Qué guerra es ésta? ¿Quién es ese Jaurès?”. Y cuando me aclaran que el pistoletazo de Sarajevo fue disparado contra el Archiduque Francisco Fernando de Austria y que esto sirvió de detonante para la Primera Guerra Mundial, que Jean Jaurès era un político francés primero de orientación socialista pero que luego abogó por el pacifismo y el NO a la guerra –lo que le ganó el segundo famoso pistoletazo-, y que Carpentier no aclara nada porque son hechos sumamente conocidos y él suponía que sus lectores supieran de qué estaba hablando, me doy cuenta cabal de que no tengo la más mínima idea de historia y de que, quizás, cabría replantearme mis aficiones.

Me lancé a buscar en Internet información sobre la primera guerra, sobre los “sumamente conocidos” pistoletazos y me encontré con que muchos fragmentos de esa historia –entre los que me resuenan nombres como del Zar Nicolás II, Lenin, Trotsky, la Triple Alianza- ya están en mi cabeza de alguna forma, flotando sin encontrar su ubicación en esa barahúnda de personajes y eventos sin fechas ni nombres a la que llamo “mi memoria”. Y entonces los coloco cuidadosamente en su lugar y trato de fijarlos ahí, los aprisiono entre otros de nueva adquisición, pero no tengo como asegurar que no volverán a moverse a su antojo dentro de poco tiempo, justo cuando mi atención deje de estar sobre ellos y se dirija hacia otro punto de interés…


¿Cómo le hacen esas personas que tienen todo tan bien organizado dentro de su cabeza, que hablan de su memoria como si de un armario lleno de gavetitas con etiquetas se tratase? ¿Dónde venden esos armarios? ¿Alguien puede decirme?

miércoles, 22 de julio de 2009

De perros y gatos.

Proyecto 365, dia 167.

Hace unos días leí un par de noticias sobre animales realmente pasmosas. En ambas se hablaba de diversas investigaciones hechas por muy serios científicos de no-sé-qué-universidades europeas gracias a las cuales ahora se puede afirmar sin temor a equivocarnos que los perros y los gatos tienen sueños (mientras duermen, no hemos llegado aun al sentido metafórico) y, por si fuera poco, que los gatos son unos manipuladores. (¡!!???)
No se especificaba en las noticias cuánto dinero se tiró en esas investigaciones para al final descubrir… el agua caliente. ¿Es que las mascotas se han vuelto tan ajenas para los científicos que tienen que examinarlas bajo el microscopio para concluir algo que cualquier persona que ame a los animales podría decirles de un plumazo? Y después hablan de crisis…
Yo puedo no tener el peso de un título universitario detrás, pero sé a ciencia cierta que todos los perritos que he tenido alguna vez han soñado, y no solo eso, sino que casi podría yo saber el contenido de sus sueños –o pesadillas, que también- al ver sus patitas moverse como en una persecución al mismo tiempo que se les escapaba un ladrido que terminaba por despertarlos. Y lo de los gatos manipuladores, ¿es posible que alguien lo dude? La manera que tienen de mirar, las variaciones en el maullido, el ronroneo… Nos manipulan con todo su cuerpo y a conciencia. Si no he conocido yo un animal mas cariñoso que el perro, tampoco he conocido uno mas inteligente que el gato (bueno, quizás el cuervo, pero son de otra especie).
A ver, ¿quién me paga a mí una investigación de este tipo? Prometo seriedad y basamento científico y filosófico. Se escuchan propuestas…
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Por cierto, hace mucho tiempo encontré este texto que hoy –que tan bien viene al caso- quiero compartirles:

Si un perro fuera tu maestro,

¿qué aprenderías?

  • Cuando un ser querido llegue a casa, correrías alegremente a recibirlo.
  • Nunca perderías la oportunidad de salir a pasear en auto.
  • Dejarías que el aire fresco te diera en la cara y te pusiera en estado de puro éxtasis.
  • Tomarías siestas y te estirarías antes de levantarte.
  • Dejarías saber a los demás que están invadiendo tu territorio.
  • Correrías y jugarías un poco todos los días.
  • Adorarías la atención y dejarías que los demás te tocaran.
  • Evitarías morder cuando un simple gruñido puede resolver el problema.
  • En los días cálidos, tomarías agua y te sentarías a tomar fresco bajo un árbol con sombra.
  • Cuando estés contento, darías vueltas y moverías todo tu cuerpo.
  • Por muchas veces que te regañen jamás te sentirías culpable. Sólo darías vueltas y harías las paces.
  • Te deleitaría el simple placer de una larga caminata.
  • Comerías con ganas y pararías cuando has comido bastante.
  • Serías leal hasta la muerte.
  • No pretenderías ser quien no eres.
  • Cuando alguien estuviera pasando un mal momento, te sentarías en silencio a su lado y le darías cariño.

martes, 21 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 166: Sueño de universalidad.

Si, estoy leyendo a Julio Verne nuevamente. Es difícil no recaer.
Hasta ahora, dejándome llevar por su mano, ya hemos recorrido tres cuartas partes del globo en los medios más rápidos que hemos podido abordar: barcos y trenes de vapor. Claro que no todo ha salido como lo tenía planeado el muy inglés Phileas Fogg y hasta en elefantes me he visto montada a horcajadas sosteniéndome de la camisa del buen Passepartout.
Sin embargo, no han sido las aventuras tan ingeniosas que he encontrado ni los cometarios tan precisos sobre los adelantos tecnológicos de la época y ni siquiera la temeraria descripción que encuentro de ciudades y costumbres remotas –que el propio Verne nunca llegó a conocer personalmente- lo que más me ha impresionado del libro. Lo más asombroso para mi ha sido sentir detrás de estas paginas el espíritu global, mundial, terrícola por así decirlo del autor.
Para Julio Verne el mundo es un sitio cosmopolita por excelencia. El Oriente de Verne no es un mundo de orientales, ni Occidente de occidentales. En cada ciudad a la que llegan sus personajes siempre hay algo que puede representarlos. Nunca he visto que Passepartout o que el propio Fogg se sintieran en un mundo ajeno y diferente aunque estuvieran en la India, en la China, en el Japón o en los Estados Unidos. Bombay, Shanghai, Yokohama, San Francisco… no importa qué ciudad pisen, en las calles siempre encuentran personas de todas las nacionalidades, de todos los colores, de todas las culturas conviviendo mal que bien pacíficamente. Y esta especie de carnaval de naciones que hallan a su paso, lejos de hacerlos sentir incómodos en algún sentido, les permite moverse por el mundo como por su propia casa.
Es esta universalidad que me fascina en las páginas de Verne y con la que me identifico plenamente lo que me hace preguntarme si el sueño por el que hoy luchamos, “La Tierra para los Terrícolas”, no fue quizás su mas grande profecía intentando realizarse.

domingo, 19 de julio de 2009

Respuestas de G a las preguntas de la Lic. D.G. (IV y ultima parte)

-¿Cuál es tu opinión en torno al por qué de este interés en los 90's (entre los artistas jóvenes) por el zen?
-¿Crees tu que hubo también alguna incidencia del contexto social, político y económico de Cuba en esos momentos para incentivar, de alguna manera, esto?
(Preguntas del profesor Dr. Amaury García)

G.P.- Creo que aparte de las razones que señalaba en mi respuesta a las primeras preguntas, es necesario recordar en este punto que en los años noventa ocurre la disolución del campo socialista y se inicia para Cuba el llamado Período especial; en otras palabras – como acostumbraba a explicarles a mis alumnos del ISA –, el mundo que durante varios decenios parecía manifestarse como un cosmos estable y seguro, de futuro predecible, se reveló de pronto como otra forma de caos, y el individuo, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, tuvo que empezar a enfrentar la realidad con una psicología que no podía estar más basada en la certidumbre, sino precisamente en la incertidumbre; es decir, que para sobrevivir como un ser humano, tuvo que reacomodar fundamentalmente su escala de valores y aprender a seguir siendo buen trabajador y buena persona, amando la belleza y la vida no sólo sobre el trasfondo de la seguridad, sino también, como en el cuento Zen, “rodeado de tigres” y frente al abismo de la inseguridad.
Acaso por primera vez, después de treinta años de un consolidado proceso revolucionario, sintieron los cubanos en carne propia la acción objetiva de las llamadas leyes de la dialéctica, leyes del cambio, que hasta ese momento habían formado parte de la filosofía oficial y que como componente obligatorio de los programas universitarios y de postgrado tenían que ser estudiadas por todos, estuviera su interés profesional en las ciencias exactas o en las humanidades, porque tanto la academia como el gobierno las reconocían como las leyes universales de una realidad objetiva en la que nada era inmutable salvo la ley de los cambios. Pero cuando estas mismas leyes dialécticas tan ponderadas y solicitadas – cuya acción, de apariencia bastante pintoresca en las salas de conferencias o en las páginas de los libros, cada uno estaba dispuesto a identificar en los cambios del tiempo, las veleidades de la economía capitalista, las luchas de clases en la historia pasada o foránea, el desarrollo biológico de los organismos del nacimiento a la muerte, la física del micromundo, el pensamiento lógico o el progreso científico-técnico – quisieron manifestarse ellas mismas sin aderezos teóricos, en su modalidad más cruda y su repercusión más universal, como leyes del cambio que con el correr del tiempo no podían dejar de afectar también al campo socialista y a Cuba en particular; y de pronto, el trueque de la cantidad en calidad, la permutación de un contrario en su opuesto y la negación de la negación dejaron de ser información asimilable por el oído o la vista y empezaron a hacerse sentir en las entrañas y demás órganos de los sentidos de las grandes mayorías, así como en las características de la estructura social y de la ideología nacional, la primera esfera de la cultura en reaccionar – incluso con anticipación – a su influencia fue justamente el arte, y los que primero supieron captar y expresar vívida y creativamente su acción fueron los artistas. Pero justo ahora que la nación sentía todas las implicaciones y real alcance de la dialéctica, su mención se hizo cada vez más rara en los auditorios oficiales y los libros académicos, quizás porque en su carácter de impermanencia había sido asumida ya en silencio como una evidencia incuestionable de la existencia humana en la cosmovisión ontológica más profunda de los cubanos, en esa hondura del espíritu donde toda demostración teórica es superflua y en la que ya no importa de quién sea la vivencia: de un cubano, un japonés, un chino o un hindú...
Por suerte, esta etapa estuvo antecedida por un largo período preparatorio, en el que la magnanimidad de la cultura cubana, pero, por lo visto, sobre todo la sensibilidad de su cultura artística, permitieron la adquisición y atesoramiento de nuevos valores que pudieron ser puestos en funcionamiento en el momento necesario. Para que lo atesorado pudiera ser localizado en el almacén de la cultura y “echado a funcionar” en la hora precisa, acaso no menos importantes fueron otras dos circunstancias o premisas de carácter político ideológico: el diálogo entre marxistas y cristianos efectuado en la segunda mitad de los años ochenta y, por raro que parezca, justamente el largo período precedente de educación no sólo atea, sino ateísta. La aceptación de la experiencia de Buda como una posibilidad más de la experiencia humana propia, el descubrimiento de una nueva dimensión no menos nuestra más allá de nosotros mismos, necesitaban también de esa experiencia de la vida humana construida en lo que fue para muchos un prolongado intervalo de ausencia o suspensión de Dios.
Por último, no menos importante me parece el hecho de que desde enero de 1959 la Revolución cubana estimuló la formación de un tipo de ser humano cuyos principales atributos eran tanto el conocimiento, como la disposición y capacidad de luchar por el bienestar de la Humanidad. Pero es que incluso más allá de los ideales del proyecto político socialista, estos atributos se funden con los del “arquetipo del héroe” del proyecto nacional cubano, identificables ya en la figura de José Martí. Como señalé en mi charla “Martí y el Orientalismo” del 19 de mayo de 2003 en el Centro de Estudios Martianos, la dimensión simbólica de Martí ha nutrido en las más diversas esferas de la sociedad y la cultura a varias generaciones de cubanos y no hay que esforzarse demasiado para descubrir en él los que pudiéramos identificar como los rasgos distintivos de un Bodhisattva. Seguramente el haber tenido desde mucho antes de 1959 como fundamento de nuestra cosmovisión nacional la magnanimidad, capacidad de comprensión y afán de transigencia del pensamiento martiano, fue también otra importante premisa para que el Budismo Zen y su singular protagonista y héroe – héroe tanto más universal, cuanto más singular en una singularidad que incluye la de la muerte – fueran acogidos de la manera más cálida y natural como parte de la gran familia cubana.
Gustavo Pita Cespedes
Junio 2009

sábado, 18 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 163: ¿Caminamos?

La gente tiene formas muy diferentes de caminar y son muy interesante las conclusiones que se pueden sacar de una simple observación, incluso sin conocer a la persona y sin tener la mas mínima idea de psicología.
Hoy, por ejemplo, estuve observando a un par de muchachas –una china y una norteamericana- que iban caminando delante de mí. La china se apoyaba sobre todo en los talones para caminar, al punto de que tenía los zapatos completamente gastados en esa zona; caminaba completamente erguida y con gestos libres y delicados al andar. Ella se sentía evidentemente cómoda consigo misma. La norteamericana, por el contrario, caminaba como quien está siempre pensando en las musarañas sin prestarle mucha atención al mundo a su alrededor: no apoyaba apenas los talones en el suelo y cuando lo hacía era solamente un instante y esto la hacia rebotar hacia arriba como si tuviera un par de muelles en el talón de los zapatos; la cabeza la llevaba muy inclinada hacia delante y también los hombros; la mirada, fija en el piso todo el tiempo y los brazos inmóviles aferrados al asa de la bolsa que le colgaba del hombro.
Mi vecino de los altos camina poco y con paso de elefante, o por lo menos eso es lo que se escucha desde nuestro departamento. Nunca le he visto frente a frente pero podría asegurar que es un hombre corpulento, quizás un estudioso de esos que pasa los días entre libros, comiendo a menudo en el mismo escritorio, lo que le lleva a estar seguramente pasado de peso y a levantarse poco de su asiento, por eso cuando lo hace se desplaza con el paso cansado de un elefante. Su esposa, por otra parte, siempre va con tacones –incluso dentro de casa- aunque podría decir que no muy altos, y camina mucho, de un lado a otro del departamento, con pasitos cortos y ligeros como quien está siempre apurado, afanándose en muchas labores pero todas triviales.
La jefa de las muchachas de limpieza del edificio es una señora de unos 60 años, muy delgadita, siempre vestida de negro, con una sonrisa perenne en los labios y muy diligente y eficaz en la realización de sus tareas. Calza siempre mocasines cómodos y nunca se le escucha al caminar. Pero una de sus subalternas, una andaluza que pasa los 40, gruesa y de excelente humor cuando no está trabajando, va arrastrando sus zapatillas por todos los pasillos a su paso mientras empuja el carrito con sus implementos para limpiar.
Mi madre solía decirme que me parezco a una de mis tías para caminar, echando las caderas hacia delante y hundiendo el pecho. “Muestra tus armas de mujer!”- me insistía ella y yo nunca conseguí caminar y exhibirme al mismo tiempo. Con el tiempo, mi cuello se acostumbró a adelantarse un poco al resto del cuerpo y a bajar un tanto la cabeza aunque la mirada se mantenga hacia delante, en un gesto mas de apocamiento que de introspección. Aprendí a caminar con todo el pie, del talón a la punta y con bastante firmeza, de modo que tengo los puntos de apoyo bien marcados y endurecidos. A esto contribuyó sin dudas la práctica de artes marciales. Me encanta caminar descalza y de hecho, cuando llego a casa, dejo los zapatos a la entrada y sigo descalza o –si el suelo esta muy frío- con unas sandalias que uso solo para el hogar. En la calle, llevo casi siempre deportivos o flats (sin nada de tacón) de punto redondeada y cuando tengo que usar calzado alto y elegante porque la ocasión lo requiere, lo sufro hasta lo indecible: termino la noche siempre con los pies adoloridos y llenos de heridas… ¿Les dice todo esto algo de mí?
¿Cómo caminan ustedes?

viernes, 17 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 162: De ideas realizadas


Hace unos pocos meses, buscando ideas de bajo costo para decorar mi hogar, descubri en internet los llamados "Vinilos Decorativos". La idea me encanto, no lo puedo negar: decorar las paredes con imagenes refrescantes sin necesidad de dañarla abriendo hoyos para clavos. Claro, que el "bajo costo" de Internet no bajaba de 50 euros y eso para mi no es un costo muy bajo que digamos, vaya, que no me lo puedo permitir ni en sueños. Pero como se que puedo contar con mis manos y mi propia imaginacion, me adueñe de la idea y comence a buscar materiales mas baratos que el vinil autoadherente hasta que por fin di con algo a mi alcance: un pliego de papel para envolver regalos de dos metros de largo por 0.70 m de ancho (el tamaño ideal para la pared que pensaba decorar) a solo 1 euro todo el pliego. Claro que el papel no se adhiere por si solo a la pared, asi que con scotchtape hice unos rollitos que permitian adherir por ambas caras y, con las tijeras de la cocina, puse manos a la obra.


Como diseño tome uno de los ultimos dibujos de mi G -si tenemos un artista en casa, para que buscar diseños fuera, verdad?:

Con mucha paciencia lo pinte a gran escala en el papel y lo recorte todo:

Luego fui pegando con los rollitos de scotch pieza por pieza de papel a la pared:

Y aqui tienen el resultado:



¿Verdad que no tiene nada que envidiarle a los modelos originales? Y todo por el modico precio de 1 euro + 7 horas de trabajo.

jueves, 16 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 161: Debut





El mundo, en sus muchas vueltas, ha tenido a bien poner frente a mi lente una de sus imagenes que hoy, como colaboracion primera, publicamos en "Escribidores y literaturos". Les invito a visitarnos y dejarnos escuchar sus opiniones.

miércoles, 15 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 160: Paso a paso

Un día Nishikawa san*, una de las muchachas que trabajaban en la oficina del edificio donde vivía en Japón, me contó que se estaba preparando para correr un maratón de 10 Km. en diciembre. “Cada tarde voy a correr un poco cuando salgo del trabajo –me dijo-. No me canso, al contrario. Correr me llena de energía para el día siguiente. Correr es como meditar”.
Yo misma he corrido muchas veces y no solo detrás de los autobuses. Estando en México, como se nos dificultaban mucho otras prácticas por cuestiones tanto económicas como espaciales, íbamos un día a la semana a un parque cercano a correr. Descubrimos un sendero que alguna vez sirvió como circuito de una competencia de ciclismo de montaña y comenzamos a usarlo como nuestro propio circuito de carrera. Con ojo de buen cubero calculamos que una vuelta completa al circuito hacia más o menos 1 Km., y en mis mejores momentos llegué a darle siete vueltas enteras en poco mas de una hora.
No corría muy rápido, pero mantenía un paso constante que logré armonizar con mi respiración y con los latidos de mi corazón. El cuerpo mejoró ostensiblemente en esos tiempos, la caja toráxica se amplió, los músculos se fortalecieron, y hasta mi voluntad en cualquier otro orden ajeno al correr se hizo mas firme. Solo obtuve buenos resultados de esa práctica, que poco a poco fuimos aumentando hasta 3 o 4 veces semanales, pero nunca correr llegó a ser como una meditación para mí. Mientras que meditar era la completa tranquilidad, correr era el otro extremo, era el tocar los límites de mi cuerpo en movimiento.
Los movimientos de taichi me recuerdan un poco mas la meditación: su lentitud me permite estar presente en cada músculo que se contrae y sentir su descontracción al detalle, convertir cada movimiento en una alegoría del presente en el que el futuro incierto –el siguiente paso- aun no existe y el pasado, pues, ya pasó y tampoco existe. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la ceremonia del té donde cada instante frente al invitado es único e irrepetible y se valora altamente. Pero el taichi es originalmente chino y la ceremonia del té es japonesa, son también sistemas orientales y pertenecen a la misma cosmovisión que la meditación zen.
Los asiáticos, concluí entonces, tienen otro punto de vista en la vida. Y le pedí días después a Nishikawa san la explicación a aquella afirmación tan enigmática.
“Correr es como meditar- reafirmó-. Cuando meditas, respiras; y no hay nada más que una respiración tras otra (porque meditar –si acaso puede aventurarse una definición inexacta- no es buscar la iluminación, es sencillamente estar). Cuando corres, no hay nada mas que un paso después del otro.”
______________________________________
Todo esto viene porque sigo leyendo a Carpentier –porque si un libro de Julio Verne lo puedo leer en apenas unas horas, uno de Carpentier mas o menos de la misma extensión me tarda semanas enteras- y he encontrado un fragmento que me recordó aquella reflexión de entonces sobre el correr y el meditar, y el punto de vista occidental y el oriental frente a los mismos problemas en la vida. Con él termino por hoy:

“Como he adquirido la costumbre de andar al ritmo de mi respiración, me asombro al descubrir que los hombres que me rodean, van, vienen, se cruzan, sobre la ancha acera llevando un ritmo ajeno a sus voluntades orgánicas. Si andan a tal paso y no a otro, es porque su andar corresponde a la idea fija de llegar a la esquina a tiempo para ver encenderse la luz verde que les permite cruzar la avenida. (…)
Porque aquí, en la multitud que me rodea y corre, a la vez desaforada y sometida, veo muchas caras y pocos destinos. Y es que, detrás de esas caras, cualquier apetencia profunda, cualquier rebeldía, cualquier impulso, es atajado siempre por el miedo. Se tiene miedo a la reprimenda, miedo a la hora, miedo a la noticia, miedo a la colectividad que pluraliza las servidumbres; se tiene miedo al cuerpo propio, ante las interpelaciones y los índices tensos de la publicidad; se tiene miedo al vientre que acepta la simiente, miedo a las frutas y al agua; miedo a las fechas, miedo a las leyes, miedo a las consignas, miedo al error, miedo al sobre cerrado, miedo a lo que pueda ocurrir.”

(Alejo Carpentier, Los pasos perdidos)


*San en japonés es el equivalente de Sr., Sra. o Srta.

martes, 14 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 159: Una mujer de recursos.

-Guarden sus libros y bajen la cabeza- era la voz de la maestra Gladys que anunciaba que las clases habían terminado por ese día y que emplearíamos los minutos restantes hasta que sonara el timbre de salida en uno de los juegos que mas disfrutábamos.

Todos nos apresurábamos a poner nuestras cosas en orden y apoyábamos la cabeza en los brazos doblados sobre la mesa. No se podía mirar –era parte de las reglas del juego- pero sí podíamos escuchar a Gladys caminando por entre las mesas y cantando con su voz dulce y bien temperada una cancioncilla que hablaba de un ratón travieso que regalaba caramelos a los niños buenos. Su voz se acallaba y esta era la señal para levantar la cabeza y averiguar si habíamos sido favorecidos con un regalo del ratoncito. ¡Y qué feliz era el afortunado que hallaba un caramelo en su mesa! Pero incluso sin regalo, después de disfrutar de esos minutos preciosos escuchando la canción y esperando ansiosos el regalo, regresábamos todos a casa alegres y deseando que llegara el próximo día para regresar a la escuela.

Gladys Fernández fue nuestra maestra, es decir, nuestra segunda madre, desde primero hasta cuarto grado de primaria. Ella nos enseñó a leer y escribir, a amar las artes y las ciencias, a apreciar estéticamente nuestro entorno.

Era una señora ya mayor, de manos delgadas y piel tan fina que llegaba a mostrar sus venitas azules; siempre vestida con la impecabilidad de las épocas pasadas, con medias largas en pleno verano caribeño y zapatos de tacón brillantes como espejos; siempre arregladita como si en aquella pequeña aula de una pequeña escuela en un pequeño barrio de las afueras, estuviéramos sentados no solo nosotros –pequeños niños- sino también todo un publico exigente que pudiera valorar su presencia tanto como sus conocimientos. Era la maestra más elegante de la escuela, y todos sus alumnos estábamos muy orgullosos de ella.

Nuestra aula –la misma durante aquellos cuatro años- estaba impregnada de su espíritu hasta el último rincón. Cada año, unas semanas antes de comenzar las clases, ella convocaba a los padres de sus alumnos y entre todos reunían dinero y compraban galones de pintura y madera para pintar paredes, reparar ventanas o puertas y retocar los viejos muebles hasta dejarlos como nuevos. No faltaba la madre que se ofrecía a confeccionar unas cortinas para las ventanas o la que traía una maceta con un exuberante helecho para una esquina al lado de la pizarra. El resultado era un local en extremo acogedor, únicamente comparable a nuestra propia casa. Estoy segura de que nunca hubo otros niños más felices de entrar en su aula el primer día del curso.

Semejante espíritu de colaboración surtía su efecto sobre nosotros, por supuesto, que emprendíamos con agrado en los primeros días de clases la parte que nos tocaba aportar en la decoración del aula. Gladys, mujer de muchísimos recursos, nos hacía sentir que nuestro granito, por pequeño que fuera, era una importante contribución para la humanización de aquel espacio, y ponía en nuestras manos cartones, papeles de colores y tijeras con los que confeccionábamos varios implementos para nuestro uso: unas latas redondas y alargadas y unas pequeñas cajitas forradas alegremente nos servirían para colocar nuestros lápices y gomas mientras estuviéramos en el aula, y unos cartones forrados de papel blanco con las esquinas protegidas por un triángulo de papel de otro color serían nuestros apoyos para escribir. Sólo entonces el aula comenzaba a pertenecernos. Había algo en ella nacido de nuestras manos, y eso nos hacía dueños y señores de aquel lugar tanto para disfrutarlo como para protegerlo.

Con el tiempo entendí que aquellas latas y aquellos cartones eran la versión de bajo costo -en un mundo donde los originales habían desaparecido para siempre- de los portalápices y los tapetes o vades para escritorio (que luego he visto en lujosas versiones de cuero con las puntas forradas de oro, nunca tan lindos como aquellos salidos de nuestra imaginación), y que su exquisito aspecto personal eran reminiscencias de lo que ella había conocido en épocas anteriores. Era una maestra de antes, de las que ya no hay, y con cada acto, gesto o palabra, nos ponía en contacto con una realidad diferente, rica en valores culturales, una realidad que hacía del hombre el centro de la existencia y que ella se negaba a dejar morir.

A mi maestra Gladys le debo mucho: mi afición a las manualidades, mi amor por las letras, mi admiración por la elegancia y quizás también, por que no, mi "aristocratico" espíritu que no concibe vivir en medio del vacío estético y, por lo tanto, deshumanizado.



(Imagen tomada de http://www.laurelauction.com/October.20.06.htm)

lunes, 13 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 158: Imposicion e impedimenta literaria (II)

Llevo días tratando de escribir algo para publicar aquí, algo salido de mí, pero no puedo. Cada día me siento frente a la computadora, abro un documento y un buen rato después lo cierro tan en blanco como al principio. No me salen las palabras, y cuando salen no lo hacen coherentemente o se ordenan de forma tan rebuscada que ni yo misma puedo seguir la idea de lo que intento escribir.

Sucede que estoy presa entre grandes letras y mi mente no puede apartarse lo suficiente de esas páginas como para permitirme crear algo propio y original. Ya me sucedió una vez, el año pasado, cuando descubrí Crimen y Castigo de Dostoievski. Cada nuevo fragmento que leía me inundaba de tal forma que luego quedaba como trasfondo de todo lo que hiciera en el día, ya fuera escribir, leer otra cosa, cocinar o simplemente pasear. Me parecía estar viviendo dentro de la mente de Raskolnikov y veía mi propia realidad como un sueño a través de sus ojos.

Y ahora padezco las mismas palpitaciones que entonces: ese vivir una realidad otra como propia y pasar por la mía como si de una virtualidad se tratase. Me siento con Carpentier junto a una chimenea aromatizada con hierbas que una india acaba de macerar entre sus manos para mi. Comienza a sonar la Novena Sinfonía de Beethoven en un radio viejo y con cada acorde surgen los recuerdos de la infancia, de esa infancia que no viví, que no vivió ni siquiera Carpentier pero que nos es común a ambos, y vuelan en torno nuestro remembranzas de la iglesia de Jesús del Monte detrás de cuya avenida cuesta imaginar la cabalgata mambisa de hace poco mas de un siglo, y resuenan entonces las notas de una tuba oxidada que salen de alguna ventana colonial ricamente enrejada y abierta a la salvadora sombra de un jagüey… Se escucha en las viejas bocinas cómo se levanta el coro que ha esperado todo este tiempo con santa paciencia y sonrío ante mi propia ingenuidad, la que me hizo preguntar la primera vez que vi ejecutar la Novena en vivo qué hacia toda aquella gente tan bien vestida sentada del lado de allá de la orquesta, y ya se alzan sus voces que escucho ahora tan nítidamente como aquella primera vez y me hacen vibrar hasta que las lágrimas, incapaces de mantenerse en su depósito, se deslizan suavemente por mis mejillas como temiendo molestar tan sublime interpretación con su paso.

Cierro el libro cuando ha vibrado en todo mi cuerpo la última nota y me quedo tumbada en el sillón, agotada.

(Imagen tomada por Pelusa, Ediciones Huracan, La Habana 1974)

domingo, 12 de julio de 2009

Respuestas de G a las preguntas de la Lic. D.G. (III)

D.G.-¿Cómo funcionaba el tema asiático en sus clases de estética: prestaba libros, aconsejaba lecturas?

G.P.- En mis clases de Historia de la Filosofía la referencia al pensamiento asiático en general, y al Budismo Zen en particular, surgía siempre de la necesidad de crear desde el primer encuentro una base sobre la cual los estudiantes pudieran adentrarse en el mundo de las ideas filosóficas como en sí mismos, es decir, sintiendo en todo momento que los problemas de la filosofía eran los suyos propios y que eran, en el fondo, también para ellos, los más importantes.
Para eso, más que hacerles leer o escribir textos lo que hacía falta era hacerles sentir la experiencia que subyace tras el pensamiento filosófico, la experiencia de la conciencia, de su formación, de su expansión y de su trascendencia. Había que hacerles encarar símbolos, como el de la muerte, cuya simple contemplación es capaz de despertar por sí sola el movimiento del pensar. Había, por último, que hacerles sentir que tan importante como adentrarse en la filosofía es saber salir de su inteligente arquitectura y no quedar atrapados en ella.
Por eso, era fundamental que todo ocurriera naturalmente, como en un diálogo, y que la palabra escrita fuera apenas un material de apoyo y referencia.

D.G. -¿Cómo percibe usted la relación entre el Zen y las artes visuales en general? ¿Cómo la percibe en Cuba?

G.P. -Creo que es difícil “apresar” el Zen en alguna categoría y que, por otra parte, si eso sirve para algo, es precisamente para limitarse a hablar de él o abordarlo como objeto de estudio académico. También el Zen ha pasado por etapas críticas – en algunos contextos, como Japón, esta es una de ellas – y las mismas han coincidido con las de su mayor esplendor o brillo cultural, con el mayor impacto precisamente de sus objetivaciones culturales.
No hay dudas de que algunos productos del Zen pueden funcionar como arte, sobre todo en contextos donde la actividad y la conciencia artística constituyen submundos relativamente independientes dentro de la sociedad y la cultura. La meditación Zen, por ejemplo, también puede funcionar como un medio para lograr serenidad, para ser más creativos, para incrementar la “capacidad orgásmica” (como afirman los bioenergetistas) y para muchas cosas más, pero eso no quiere decir que uno de esos sea su objetivo primordial si es que, finalmente, tiene alguno. Sin embargo, dentro del argot específico del médico acaso se puede decir que esa meditación funciona como una forma eficiente de terapia.
No soy especialista en estética, ni en arte, pero mi impresión personal es que dentro de la cultura artística y, en particular, de la plástica cubana, el Zen está funcionando de muy diversas maneras: como vía de formación personal del artista, como vehículo de expresión de su personalidad, como componente de su estilo creativo, como símbolo universal-cubano en el estrato semiótico de la obra artística, como elemento estético en su “forma externa”, como contenido y tema central de la obra, etc. En otras palabras, podemos encontrarlo funcionando en la vida personal del artista como individuo y, asimismo, en su vida profesional-artística; pero también en sus obras, y dentro de ellas, tanto en el estrato más superficial, como en el más profundo. Pudiera haber algunos casos en que el Zen funcione incluso en todos estos niveles.

D.G.- ¿Recuerda algún estudiante particularmente interesado en relacionar el zen con su obra?

G.P. -Recuerdo a estudiantes de la Facultad de Artes plásticas como Rubén Fuentes o Italo Expósito, y también de la Facultad de Artes escénicas como el hoy poeta y dramaturgo Royds Fuentes Imbert; pero por otra parte, tuve además la oportunidad de percatarme personalmente del interés que sentían por el Zen importantes artistas cubanos como Eduardo Ponjuán, Arturo Montoto y Leandro Soto Ortiz, a quien antes mencionaba; para referirme únicamente a los casos en que esto resultaba para mí más evidente, porque no es menos cierto que era bastante difícil encontrar entre mis alumnos del ISA aunque fuera a uno solo a quien el Zen no le resultara en algún sentido interesante, o que no llegara a motivarlo en algún nivel de su personalidad o de su obra.

sábado, 11 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 156: Cancion para la Malquerida.

Yo no se escribir poemas y mucho menos canciones, pero conozco una cancion muy especial, que me hubiera gustado que alguien la escribiera para mi...
Por eso te la regalo, Malque. Espero que te guste.

La mujer que yo quiero, no necesita
bañarse cada noche en agua bendita.
Tiene muchos defectos, dice mi madre,
y demasiados huesos, dice mi padre.

Pero ella es más verdad que el pan y la tierra.
Mi amor es un amor de antes de la guerra
para saberlo...
La mujer que yo quiero, no necesita
deshojar cada noche una margarita.

La mujer que yo quiero, es fruta jugosa
prendida en mi alma como si cualquier cosa.
Con ella quieren dármela mis amigos,
y se amargan la vida mis enemigos...

porque sin querer tú, te envuelve su arrullo
y contra su calor, se pierde el orgullo
y la vergüenza...
La mujer que yo quiero, es fruta jugosa
madurando feliz, dulce y vanidosa.

La mujer que yo quiero, me ató a su yunta,
para sembrar la tierra de punta a punta
de un amor que nos habla con voz de sabio
y tiene de mujer la piel y los labios.

Son todos suyos mis compañeros de antes...
Mi perro, mi Scalextric y mis amantes.
¡Pobre Juanito...!
La mujer que yo quiero, me ató a su yunta:
pero, por favor, no se lo digas nunca.

Pero, por favor, no se lo digas nunca...

viernes, 10 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 156: Postumos poderes

Dado que esta semana ha estado llena de funebres alocuciones, dejemos que sea el inigualable Carpentier quien le ponga punto final:

Siempre que yo veia colocarse los instrumentos de una orqesta sinfonica detras de sus atriles, sentia una aguda expectacion del instante en que el tiempo dejara de acarrear sonidos incoherentes para verse encuadrado, organizado, sometido a una previa voluntad humana, que hablaba por los gestos del Medidor de su Transcurso. Este ultimo obedecia, a menudo, a disposiciones tomadas un siglo, dos siglos antes. Pero bajo las caratulas de las particellas se estampaban en signos los mandatos de hombres que aun muertos, yacentes bajo mausoleos pomposos o de huesos perdidos en el sordido desorden de la fosa comun, conservaban todos los derechos de propiedad sobre el tiempo, imponiendo lapsos de atencion o de fervor a los hombres del futuro.



Alejo Carpentier, Los pasos perdidos

miércoles, 8 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 154: Hermán.

LAS ESTACIONES DE PARIS
(por Pío Serrano)

Recorro en París las obligadas estaciones,
de cementerio en cementerio
voy marcando esta sola aventura que le resta
a esta ciudad dormida en sus cristales.
Un ramo de flores amarillas
para un Baudelaire que tuerce el gesto
y mira desdeñoso.
Un callado homenaje a César Frank
que inclina agradecido su cabeza de piedra.
Y dejo atrás el Montparnasse.
En Père-Lachaise
como un espejo de sombras encontradas
el negro granito recibe las últimas confesiones de Marcel Proust,
pego el oído a la brillante piedra
y sólo un susurro indescifrable,
un parloteo oscuro encuentro.
Pregunto por Apollinaire
y me asomo informal a una tierra lentamente trabajada,
granulada de sorpresas y estandartes.
Malva y alada es la piedra que abraza a Oscar Wilde,,
paradójico vuelo el suyo,
de la profundidad al cielo
difícil su equilibrio.
En el costado sur reposan su muerte lo comuneros,
todo parece indicar que este muro no puede sujetarlos
y, lamentablemente, yo he olvidado el discurso plural
que la ocasión impone.
Un poco más allá, al fin, encuentro a Paul Lafargue,
a su lado reposa Laura Marx,
simpático el criollo
(no se equivocaba el viejo Carlos),
pregunta por Santiago de Cuba y sus mulatas,
por el triste destino de su olvidada palabra.
Sólo salva a Paris de sus vivos cementerios
la presencia fugaz de Germán Puig.
Sobre el cielo de París
como un ángel azul pintado por Chagall,
flota Germán y siembra el entusiasmo,
recién acaba de fundar, crear, inventar, fabular
el puente de Alejandro III,
y, generoso, se apresura a compartirlo,
nada esconde a sus amigos,,
nada quiere saber del sórdido trasiego
que para el invierno guarda y atesora,
trozos de vida por vivir, dádivas por dar;
ilumina, enfebrecido gnomo, los amplios bulevares,
y traza, alquimista seguro del gesto, las serenas perspectivas,
feliz como un ángel,
salva a París,
Germán,
y nadie lo sospecha.



Tomado del libro "Cuaderno de Viaje"
Fotografias de Herman Puig

martes, 7 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 153: Moderando animos.

Desde que el Hombre Mirando al SudOeste propuso en este texto de su blog que la caligrafía seria una buena forma de irnos conociendo, he estado pensando que pudiera decirles de esa forma. Todavía no me decido –aun les voy a deber ese post- pero, curiosamente, hace un par de días mientras pensaba en esto, en el baño de mujeres de la facultad de Filosofía de la antiquísima Universidad de Barcelona encontré unos buenos ejemplos caligráficos que quería compartirles (espero que puedan leerlos):



lunes, 6 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 152: Lunes rojo sangre.

He estado toda la mañana buscando infructuosamente un libro de José Martí: Escenas extraordinarias. Yo lo tenía cuando era (mas) niña y lo leía, aunque no con mucha frecuencia. El libro me atemorizaba y por una simple razón: comenzaba con un artículo* en el que comparaba magistralmente el rojo de los lujosos vestidos, el rojo de los abanicos, el rojo de los velos, el rojo de las sonrisas de las hermosas mujeres y la roja sangre con que teñía la arena el animal que ellas, alegremente, veían morir entre aplausos. Martí, hombre provisto de la fibra más sensible que haya pisado esta tierra, no podía dejar de sentirse horrorizado ante tales espectáculos.

No recuerdo mucho mas del libro porque, aunque lo leí de punta a cabo varias veces, la impresión tan fuerte que me provocaba este artículo ha borrado todo otro recuerdo asociado a él. Sólo me queda la sensación casi dolorosa de estar ahogándome en mi propia sangre en un ambiente rojo que giraba a una gran velocidad en torno mío, plagado de risas y aplausos…

Y cómo no iba a recordarlo cuando ayer pude ver en las noticias el alegre comienzo de las festividades de San Fermín, esas celebraciones internacionalmente conocidas tan peligrosas como inhumanas, que no hacen más que manchar de sangre y barbarismo la imagen de todo posible desarrollo que se pueda apreciar en este país.

Si, estoy en contra de todo tipo de maltrato animal, sobre todo de aquel que se hace en público bajo la anuencia y el agrado de millones de “personas”. No estoy para nada de acuerdo con aquello de que las corridas son una tradición y de que las tradiciones hay que respetarlas… Hay que respetar algunas, si, pero no aquellas que –a fuerza de rebajarnos y deshumanizarnos- nos regresan al medioevo más brutal. Y me alegra saber que no soy la única que piensa así.

Desde que llegamos aquí hemos visto por las calles grupos de personas recogiendo firmas para pedir la prohibición de tal barbarie. “En ciertos lugares de España –nos aseguraban- ya lo hemos conseguido”. Ayer los vi nuevamente, manifestándose frente a las plazas de toros, llamando asesino al torero de moda y reclamando el cierre de estos lugares y el abandono de esta tradición.

Nuestras firmas forman parte orgullosa de las miles que han sido presentadas para este fin y totalmente ignoradas.

*El articulo en cuestion se titula “The Bull Fight”, publicado originalmente en inglés en el diario The Sun, NY, 1880.

domingo, 5 de julio de 2009

Respuestas de G a las preguntas de la Lic. D.G. (II)

D.G. -¿Cuándo fundó el grupo de aikido? ¿Con quiénes? ¿Había muchachos del ISA?

G.P.- Las artes marciales son otra de las esferas en las que quizá, directa o indirectamente, se hizo sentir la influencia del Zen en la cultura cubana.
Durante mi niñez, de las artes marciales japonesas era, por lo visto, el Judo la que mejor estaba representada en Cuba. Gracias al interés y la constancia de mi padre, tuve la suerte de practicar en mi infancia, entre los cinco y los trece años de edad – es decir, durante cerca de ocho años consecutivos – este arte marcial, y recibir instrucción de diferentes profesores, de los cuales el que más influyó en mi formación fue Gustavo Reigosa, un profundo amante de la cultura japonesa que estructuraba sus clases según el programa de la Kodokan y había logrado crear en sus grupos del Parque Martí un ambiente de amor a la cultura de Japón que difícilmente podía encontrarse por entonces en otros dojos de Cuba. Gustavo insistía en la necesidad de cultivar tanto el cuerpo como la mente de sus discípulos y sostenía que el desarrollo de la destreza técnica no estaba reñido con la cultura del trato en general, ni con el ejercicio de la cortesía, en particular. Hasta donde conozco, era el único profesor en Cuba que prestaba atención a los aspectos no competitivos del Judo y que, como mismo había insistido Kano Jigoro a partir de determinada etapa de su vida, se preocupaba porque sus discípulos practicaran las formas o katas, además del combate o randori.
Se conoce que una fase fundamental y fundacional (1882) de la formación de este arte marcial transcurrió en el interior de un templo budista de la secta Jōdō (Eishōji, fundado en 1558), y que en su academia privada Kanōjuku (la cual fue creada en el mismo año 1882, tres meses antes de la Kodokan y existió durante 38 años), Kano mantenía con sus discípulos un modo de vida en extremo riguroso y disciplinado, similar al de un templo budista. Se sabe también que a principios del siglo XIX hicieron frecuentes visitas a Cuba, Maeda Mitsuyo e Itō Tokugorō, dos de los llamados “cuatro reyes de ultramar”, enviados por la Kodokan a difundir el Judo en el mundo, y que también posteriormente, a finales de los años cincuenta enseñaron su arte en nuestro país maestros japoneses como el séptimo dan Takahama Masayuki. De modo que en el ámbito de las artes marciales, esfera de la cultura colindante en diversos sentidos con el Budismo Zen, recibimos los cubanos en el siglo XX una influencia directa de Japón, cuyo impacto dura hasta nuestros días.
Explico todo esto para que el tema de la creación del grupo de Aikido no quede en el aire, como algo aleatorio y confluya coherentemente con nuestro tema central, porque es un hecho que el interés de los artistas cubanos en el Zen en las postrimerías del siglo XX es apenas una parte de un movimiento cultural mucho más amplio que se fue desarrollando durante largo tiempo.
En el arte cubano de esta época encontramos acaso no sólo la maduración de esa influencia acumulada en el tiempo, sino también el lenguaje en el que su asimilación y desenvolvimiento en la sensibilidad, y en general, en la psicología social del pueblo como parte esencial de la cubanidad, se hizo autoconciente. Y no me parece raro que el acercamiento al Zen haya sido el vehículo idóneo para expresar la autoconciencia de ese enriquecimiento de la sensibilidad nacional, porque también en Japón el Zen aportó tanto a las artes marciales, como a otros ámbitos de la cultura japonesa modos de autoexpresión y de autocomprensión que permitieron el despliegue de su autoconciencia.
Que el auge del acercamiento al Zen por los artistas cubanos haya coincidido justamente en esta etapa con una mayor influencia del Aikido en la práctica de las artes marciales con respecto a la que tenía el Judo en la etapa precedente no es, a mi juicio, un fruto de la casualidad. Detrás de estos desarrollos paralelos que ocurren en sectores diferentes de la cultura hay, según sospecho, una regularidad común: la cultura japonesa comienza a hacerse comprensible a los cubanos de un modo más profundo e integral – incluso en su propia lengua original, como culminación de un proceso de estudio concienzudo de su idioma que se inició desde los sesenta – de modo que los cubanos adquieren una capacidad de discernimiento que les permite ahora asimilar lo que viene de Japón en un nivel más alto que el meramente intuitivo, con una capacidad de valoración crítica y de selección de lo que antes asumían acríticamente por mero exotismo, curiosidad o por la simple carencia de otras opciones. En otras palabras, lo que condiciona la ocurrencia paralela de estos movimientos es seguramente un acercamiento mutuo más integral de las culturas cubana y japonesa en todos los niveles, desde las diversas esferas de la cultura material, hasta la psicología social y los estratos más elevados de la ideología, y no sólo en la dimensión más amplia de la sociedad y el Estado como un todo, sino también en las dimensiones del colectivo, la familia y los propios individuos.
Es en este contexto que se inserta precisamente la creación en diciembre de 1994, pocos días después de mi llegada a Cuba desde Japón, del grupo de Aikido Habana Mushinjuku, en el último piso del edificio habanero Sierra Maestra, que servía como sede al Grupo Parbleau, fundado por entonces por el actor cubano, graduado del ISA, Leonardo de Armas Figueredo. Al grupo se integraron desde el mismo día de inicio de las prácticas, además de Leonardo, otros integrantes de Parbleau que eran alumnos de la Facultad de Música del ISA, así como también otros alumnos de su Facultad de Arte de los Medios de Comunicación y de la Facultad de Artes escénicas. Al final de las prácticas solíamos practicar siempre la meditación Zen.

sábado, 4 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 150: De necesidades y soluciones.

Cuando encontramos algo realmente bien hecho, se despierta en nosotros la necesidad –más que el deseo- de crear. No de imitar lo que hemos visto, sino de hacer salir de nuestras propias manos algo tan bien hecho como eso.

Ya me ha pasado varias veces, durante toda mi vida; es eso lo que me ha llevado a indagar en más de una esfera artística. Intenté hacer nacer de mis manos sonidos que se convirtiesen en hermosas melodías pero mi alma no tiene música propia más que aquella ajena que llega y se acomoda bien en sus rincones. Traté de moldear el barro e insuflarle vida pero no conseguí más que mediocres intentos. Empuñé los pinceles y, siguiendo sabias indicaciones, dejé que mi cuerpo entero se expresara a través de ellos; pero el papel nunca me reclamó los colores necesarios y solo me dejó chapotear entre ellos con la alegría de una cría juguetona.

Cada uno de estos intentos no hizo más que darme “conocimiento de causa”, mostrarme en mi propia carne qué tan difícil resulta lograr una buena obra. He entendido que sí, que tengo manos hábiles y buenas ideas, pero soy quizás demasiado práctica y esto me lleva a ser mas artesana que artista. He aceptado que mi forma de expresión pasa por las moldeables letras que me han acompañado desde siempre –dicen que desde antes de mi nacimiento, desde otras vidas-, que me permiten retorcerlas hasta darles la forma que necesito para la creación.

Pero ayer (¡ay, ayer!) mi alma dio un nuevo vuelco, ese giro conocido y doloroso que casi había olvidado. Me encontré, como hace mucho tiempo no lo hacía, en un sitio lleno de arte vivo, entre cuatro paredes donde se respira imaginación.

Y no podía yo dejar de mirar a mi alrededor,
y había ojos –muchos- que me devolvían la mirada desde las paredes,
y la conversación seguía,
y los colores inundaban el aire,
y secundaba risas sin saber bien el motivo,
y mi pecho vibraba,
y las palabras me faltaban… ¡A mi!
¡Me faltaban esas eternas compañeras!
¡No las encontraba!

Esta vez no retomaré los pinceles, no.
Escribiré.

viernes, 3 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 149: Buena melodia, buena letra... un tema para disfrutar!

Tengo convicción de mi destino
implicándome en la multitud,
fieles hijos del olvido.
Danzamos la muerte,
el silencio es música feroz.
Si aún fuese el canto
como un ángel unicelular,
traeré la vida desde tanto espanto.
Perdón...
me voy a presentar:
soy un espermatozoide,
partícula de amor,
algo de nada entre millones,
ínfimo grado de luz, como del sur;
nato emigrante,
soy mensajero
queriendo también ser el mensaje

Porque soy
un espermatozoide,
altiva voluntad, antónimo de cobarde,
cero coma un aguacero
de probabilidades.
Tantos para un solo sueño,
nadie es amigo de nadie

Cómo tengo cosas que hacer si fecundo.
Quién me ve
con manos y pies en el mundo,
donde por lo menos pueda ser yo mismo,
lejos de esta mierda, llena de egoísmo.
Afuera, nada de miedo.

Afuera siempre habrá luz, si me pierdo.
Nadie quien pregunte
para abrirme el pecho:
¿Vienes del izquierdo?,
¿Vienes del derecho?
Afuera, nada de miedo,
afuera siempre habrá luz si me pierdo.

Por mi parte gozo de buena salud.
Nací un domingo de mariscos y carnes
y a la vera de algún buen romance,
lo sé,
por las continuas alarmas de combate,
lo sé,
por las nostalgias
que siento por aquellos que parten.

Porque soy
un espermatozoide,
ya escucho la llamada:
Shshsh...Haha... Deséame suerte...

miércoles, 1 de julio de 2009

Proyecto 365, dia 148: "¡Bergantin al pairo, mi capitan!"

“Al regresar a los Estados Unidos, hace pocos meses, después de la extraordinaria serie de aventuras corridas en los mares del Sur y en otros parajes, de las cuales se hace el relato en las siguientes paginas…”
No más hice leer esto y comencé a frotarme las manos con todo placer: tenía ante mí mas de doscientas paginas de peligrosas y seguramente disfrutables aventuras y estaba apenas en las primeras líneas. Me detuve por unos segundos. Rememoré todas las gratas sensaciones que experimenté hace muy poco con la lectura de “La isla del Tesoro” y, por fin, me lancé a la aventura –digo, a la lectura- de la primera novela que ha caído en mis manos de Edgar Allan Poe: “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”.

Las páginas en las que, de la mano del buen Hawkins, pude degustar la búsqueda del tesoro del capitán Flint eran poco menos que luminosas. Aunque llenas de piratas sin escrupulos y actos deleznables, a medida que avanzaba en la lectura mi excitación no podía menos que aumentar y no paraba yo de cotejar los derroteros por los que se narraba que había navegado “La Hispaniola” con el mapa que tenía en la primerísima pagina de mi recién adquirida edición ilustrada. ¡Hasta llegué a sentir cierto respeto por el largo John Silver, incluso con su alma traicionera! Detrás de aquellas letras nunca dejó de sonar para mí su inolvidable melodía:

¡Quince hombre en el cofre del muerto
yo-jo-jo y la botella de ron!

¡Ah, pero Poe no puede dejar de ser Poe! Y el pobre Arthur Gordon Pym sufrió por su causa mas desventuras que aventuras… ¡Que oscuro libro acabo de cerrar!

El desafortunado protagonista –que, a pesar del propio Poe, tenia muy buena estrella- estuvo al borde de la muerte mas veces que cualquier otro aventurero que yo recuerde, desde el sangriento motín de a bordo hasta el puro canibalismo pasando por la asfixia, el naufragio (tiburones incluidos), la inanición y los barbaros miembros de una tribu desconocida. De todas salió mal que bien ileso, pero solo para caer en una situación peor que la que acababa de abandonar.

Claro que era Poe y no otro el autor, y –como siempre me pasó con sus aterradores cuentos- no me dejó desprenderme del libro hasta que no se hubo terminado, si es que así puede decirse puesto que tales aventuras quedan inconclusas y uno –inocente lector- que ha sufrido tanto al lado del pobre Arthur, se queda en la ultima página sin aliento. Revisas y vuelves a revisar el libro y nada, no hay ni asomo de la continuación, ya no hay mas paginas escritas…

¿Qué podemos hacer ahora, Arthur, Peters y yo, atrapados como estamos en este ligero bote en medio del océano y tan cerca del polo Sur y del crudo invierno? ¿Qué o quién es esa blanca aparición que se ve allá entre la niebla?
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Ahora entiendo por qué Julio Verne no pudo resistirse a la tentación de escribir una continuación para este libro (“La esfinge de los hielos”), y justifico –y acompaño- plenamente a Carpentier cuando, allá por 1964, afirmó en una entrevista que le hiciera Cesar Leante:
“La prosa de Edgar Allan Poe es, a mi juicio, una de las más extraordinarias de todos los tiempos. Hay fragmentos de “Aventuras de Arthur Gordon Pym” que no me canso de releer. El episodio de las cajas en la bodega del buque, por ejemplo.”



(Imagen tomada por Pelusa)
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)