Errar es de humanos, reconocerlo...

Pues, hacia mucho rato ya que no les hacia ninguna “reseña” literaria, pero no ha sido por falta de lectura, todo lo contrario. He estado leyendo bastante y de la mejor literatura. Por mis ojos –o mis oídos- han pasado ya varias obras de Dostoievski y de Tolstoi, aquellos clásicos rusos que siempre habían estado ocultos para mi tras un velo circunstancial-socio-cultural que me susurraba, al acercarme accidentalmente a alguno de estos ejemplares, que esa lectura era cosa de viejos, literatura ya caduca... (falsos conceptos con pretensión de valores implantados en mi espíritu a tan temprana edad, o provenientes de “amigos” en algún momento tan cercanos, que nunca me había detenido a cuestionar su veracidad, dándolos por una adquisición propia y voluntaria).
Lo cierto es que he descubierto, para mi bien y gracias sobre todo a mi esposo, que estaba completamente equivocada. Sin embargo, considero que descubrir a maestros de esta talla –cuyos nombres flotan a nuestro alrededor perennemente sin que se haga necesaria una indicación al respecto- es un tema muy personal, en el que nadie que no sea a su vez un genio o un conocedor a fondo del tema puede intentar influir o terminara provocando el efecto contrario al deseado.
Este es precisamente el peligro al que se somete el lector de The Jane Austen Book Club, obra de la autora-de-bestsellers-con-ventas-millonarias Karen Joy Fowler. Un lomo con este titulo tan sugerente –para mi, admiradora de Austen-, escrito además en letras doradas sobre un fondo rosa, no podía pasar desapercibido entre el resto de los bien alineados libros de la biblioteca del edificio en que vivimos. Lo tome inmediatamente y ya en el elevador camino a mi departamento iba leyendo las primeras líneas.
La idea me cautivo: seis personas completamente diferentes, cuyo único enlace real es su gusto por los libros de Jane Austen, se reúnen una vez al mes para comentar cada vez una de sus novelas. Cada personaje tiene algo en común con una de las obras, y la autora intenta narrarte ambas historias a la vez, entrelazándolas de cierta forma y encontrando paralelos entre ellas. (La idea de la trama, como les digo, es tan interesante que incluso un director de cine se sintió movido a llevar este libro a la gran pantalla.) Algo así, ligero pero con trasfondo sólido, era justamente lo que yo andaba necesitando leer en esos momentos, pensé y me sumergí inmediatamente en su lectura.
Dos días después, intercambiando impresiones con mi esposo, le comento que el libro, en realidad, no me parece del todo bien escrito, un poco incoherente a veces, con personajes flojos llenos de conflictos –para nada existenciales- que les dan ese tono exasperante tan de moda últimamente, y muy pocas (poquísimas) referencias reales a los libros de la Austen. “Pero dejemos que se desarrolle un poco - dije, dándome ánimos a mi misma-, apenas esta comenzando”.
En pocas páginas se me desdibujo la primera referencia que da la autora sobre dos de los personajes principales, dos mujeres (una soltera y otra a punto de divorciarse) que recién entraban en los 50, y me encontré a mi misma imaginándolas como dos señoras ya mayores, de cabellos blancos y andar pausado, cuya mejor compañía eran sus perros. Los otros miembros del club no me dieron una mejor impresión: una lesbiana recién separada; una afrancesada maestra de escuela media que entre los calores y el cambio hormonal casi cae en un affaire con uno de sus alumnos (¿alguna semejanza con Notes on a Scandal?) de cuyo esposo tenemos como dato "psicológico" básico que prefiere las mujeres del tipo de Miranda, una de las ninfomanas de Sex and The City; un hombre –el único del grupo- marcado profundamente por la fuerte influencia de sus tres hermanas mayores, por las constantes alusiones de su madre a su posible afeminamiento y por la evidente infelicidad de su padre que, aplastado por la presencia femenina, se vio relegado la mitad de su vida a un cuartucho oscuro fuera de la casa; y, por ultimo, una señora –la mayor del grupo con 67 años- cuya infancia paso bajo el dominio de su madre y de ahí fue pasando de dominio en dominio de los hombres con los que alguna vez se caso.
“Aun pueden arreglarse”- pensé yo, viendo que les quedaba mas de medio libro para esto. Pero a poco de leer me convencí de que no, que el problema no era de los personajes, ni de la pobre de Jane Austen que hasta entonces solo había hecho un par de tímidas apariciones, ni siquiera de la propia autora. Ella solo me estaba mostrando con palabras entrecortadas e ideas mal enlazadas el estado de su sociedad…
Pensé que no iba a poder terminar de leer el libro, al que ya para ese entonces daba el calificativo de “infame”. Pero, por el contrario, encontraba cierta satisfacción en poder leer por primera vez bastante fluidamente un texto escrito en el ingles mas coloquial. Eso me hizo insistir. Para cuando lo termine, mi impresión había cambiado un poco. El regusto final del libro no era malo. Termine un poco (bastante) harta de los “tontos conflictos” que afectaban a los personajes, pero preguntándome al mismo tiempo si los míos eran acaso menos tontos que esos.
Luego busque un poco en Internet. Encontré miles de opiniones sobre el libro, casi ninguna buena, y encontré también el sitio oficial de la película. Viendo las fotos de los personajes y alguna que otra escena en el trailer, me sentí mejor respecto al desafortunado texto. Entendí que había esperado mucho mas de lo que realmente podía aportarme. Pude vislumbrar que las millonarias ventas que lo convirtieron en best-seller no fueron precisamente motivadas por la brillantez de sus paginas, sino por lo llamativo y sugerente de su titulo. Me regodee en la idea de irme algún día al cine a disfrutar de esta película, que se anunciaba tan refrescante y estimulante, del tipo de las que mas me han gustado… (como aquella de La casa de cristal, con Sandra Bullock, y que no se si llegue a comentarles).
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Epilogo:
Ayer estuve caminando por Maruzen, la enorme librería que esta frente a la estación de Tokio. Tenia en mis manos una tarjeta para comprar libros que me regalo una amiga con valor de 3000 yenes, y estaba yo como la Cucarachita Martina preguntándome “¿Qué me comprare? ¿Qué me comprare?” mientras me paseaba entre las estanterías repletas de libros… cuando de pronto algo me paro en seco. Regrese un par de metros y me fije en una foto en la portada de un libro que había pasado casi desapercibido bajo mi vista. Ahí estaban, radiantes de felicidad, los caracteres principales de Orgullo y Prejuicio, en la ultima versión para el cine (2005) protagonizada por Keira Knightley como Lizzie Bennet. Era una edición de las obras completas de Jane Austen, que son solo seis novelas y una séptima inconclusa, por el tentador precio de 2998 yenes…
Y salí feliz de la librería, pensando en que en ese preciso momento me parecía quizás un poco a Grigg –el único miembro masculino del club, ferviente lector de ciencia-ficción (como yo en mi adolescencia)- cuando se presento en la primera reunión ante la mirada fustigante de aquellas mujeres con su flamante y nuevo ejemplar de obras completas…

Comentarios

  1. que puedo decirte, me muero de envidia por tu regalo, jajajaj, y sipi me recordastes a grigg, peo el era lo mejor del grupo, absolutamente me encantó el personaje, sin ser afeminado, todo lo contrario era tierno y considerado, bueno las demás estaban unpoco locas, pero quién no lo está hoy en día.
    mil besos

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    1. Los japoneses, de alguna manera, siempre saben elegir el mejor regalo para uno, Vilma!
      Besos!!!

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