sábado, 28 de junio de 2008

Conciencia social

A veces me paso varios días sin escribir y, de a poquitos, la realidad me va dando un nuevo tema –allí donde me parece que no tendré nada mas que contarles en un rato-, que se va acumulando hasta que me explota dentro y no puedo hacer otra cosa que sacarle tiempo al tiempo para sentarme.
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Justo ayer le contaba a un amigo sobre otro, al que conocí alguna vez en mi país, a quien considere el ser mas desarrollado entre mis iguales (entiéndase pertenecientes al mismo grupo etario) en aquel momento –y aun hoy lo sigo considerando así por muchas otras razones que se han sumado a aquellas que logre asir cuando compartíamos experiencias juntos.
“Recuerdo una vez en la que íbamos juntos en bicicleta –el, al “volante”, padealeando y esquivando los baches, y yo haciendo mi mejor esfuerzo por no caer de las minúsculas e incomodas varillas de su parrilla que malamente sostenían mi peso a sus espaldas- bajando creo que la loma de la calle Zapata (¿o era la avenida G?) a toda velocidad, apurados para no llegar tarde a un curso que nos interesaba, y mi amigo, de repente y contra todo pronostico, detuvo con un seco chirrido la bici y sin una palabra aclaratoria se bajo de ella y salio caminando loma arriba unos 50 metros. Desde mis torturantes varillas le vi agacharse por un momento, recoger lo que luego supe era un pedazo de madera de la que sobresalía un clavo, y ponerlo cuidadosamente en la cuneta, allí donde ninguna rueda desprevenida pudiera alcanzarlo.”

Algo así escribía yo ayer y, mientras lo hacia, aquel recuerdo imborrable para mi tomaba un nuevo matiz que nunca antes había notado. Lo que mi amigo en aquel momento había hecho –y que yo considere un signo evidente de su desarrollo integral como ser humano- lo he visto hacer aquí en Japón muchísimas veces, y en personas de todas clases, desde las mas humildes hasta los jovencitos estos de cabellos de colores de los que les he hablado otras veces. Y no solo cosas tan sencillas como esta, no.
En TV con frecuencia pasan programas “sociales” en los que presentan movimientos nacidos entre la gente del pueblo que explican en parte el desarrollo que ha alcanzado este país. De estos programas también les he contado en otras ocasiones…
El último, por ejemplo, tenía como personaje central a un hombre, simple trabajador de una empresa, quien luego de terminar su horario laboral salía a las calles, allí donde se reúnen los jóvenes –despectivos, probablemente drogados y hasta violentos- en las crecientes “pandillas” de su ciudad, y trataba de conversar con ellos y mostrarles que otra vida también es posible. Algunos lo escuchaban, pero en la mayoría de los casos terminaba siendo ofendido, blanco de burlas y sarcasmos, e incluso, de insistir, podía ganarse hasta alguna amenaza. El sencillamente sonreía y volvía al día siguiente. “Si alguien no se preocupa de estos muchachos, se perderán”- decía mientras averiguaba sus direcciones y se llegaba a hablar con los padres o profesores de escuela…
Era feliz el señor. Sufría mucho por los jóvenes, pero se alegraba inmensamente cuando alguno le prestaba atención, o cuando se encontraba con aquel al que había logrado sacar de ese mundillo. “Solo por el –afirmaba sonriente-, porque pude salvarlo, ya vale la pena todo el esfuerzo que estoy haciendo”.
Bajo estos ejemplos mas recientes, me replanteo el recuerdo que tengo de mi amigo. ¿Por qué si lo que el hizo es la muestra mas simple de humanidad, de conciencia social, me pareció siempre algo tan elevado? La respuesta, pese a todo, no es difícil en lo absoluto: porque era la primera vez que veía un comportamiento diferente, sobre todo entre la gente de mi generación.
Japón y mi país tienen muchas cosas en común, mas de las que podría imaginarse, pero tienen una gran diferencia. Las cosas que allá son fruto de un condicionamiento social impuesto e involuntario, aquí nacen espontáneamente de la conciencia social desarrollada en los larguisimos siglos de historia que pesan sobre los hombros de sus ciudadanos.
Aquí la gente aprecia la propiedad social, entienden que es un espacio de todos y que todos deben colaborar para mantenerlo en el mejor estado, sino por tu propio esfuerzo, al menos respetando el esfuerzo que otros han puesto en el. Allá existe igualmente la propiedad social “que hay que cuidar porque es de todos y para todos”, como reza la consigna que nos han inculcado desde pequeños, pero lo que no es tuyo, en realidad, ¿para que mirarlo, para que cuidarlo, si luego llegara otro y lo ensuciara a su gusto y sin miramientos? Hay cierto respeto por lo ajeno, pero raramente por lo social.
Por eso el comportamiento inexplicable y sobre-natural de mi amigo en aquel momento me sorprendió tanto. Se salía de la norma, de lo que yo misma había vivido. Yo, por ejemplo, no ensuciaba el entorno –porque en mi casa nunca vi hacer cosa semejante- pero nunca se me ocurrió limpiar lo que otro había ensuciado, levantar un papel que otro había tirado, o pensar –como mi amigo- mas allá de las ruedas de mi propia bicicleta.
México, el único otro lugar en el que he estado aparte de Japón, esta a mitad de camino entre mi país y este. Hay quienes tienen conciencia social y hay quienes no. Hay quienes limpian y hay quienes no. En ese medio, el recuerdo de mi amigo seguía estando entre las excepciones, cuando yo misma me conformaba con no contribuir a la suciedad y la entropía, pero no hacia nada efectivo por remediar la que veía a mi paso.
De mi amigo guardo no solo este recuerdo, atesoro cada uno de los momentos que compartimos porque se que, cada una a su tiempo, sus enseñanzas se me abrirán como ha sucedido con esta, y sigo pensando que su desarrollo personal va mucho mas allá de lo que pudiera yo soñar alguna vez. A el le agradezco profundamente por haberme mostrado en aquel momento que el mundo no terminaba en mis narices, y que la conciencia que buscábamos –y buscamos- alcanzar incluye también esa otra parte, o que, quizás, comienza por ella.

domingo, 22 de junio de 2008

La Exposicion de Paris

Les habia contado que hace poco estuve leyendo (releyendo, para ser exactos) La
edad de oro de Marti. Es de esos libros que nunca cansan, en los que siempre encuentro algo nuevo. Esta vez mi hallazgo tuvo que ver con su texto sobre la Exposicion de Paris.
Dias antes de recibir el libro que ahora tengo en mi poder -regalo de un entrañable amigo-, vi en TV un programa sobre algunas muestras de ceramicas que viajaron desde Japon a Paris en aquella ocasion. Luego, en Kyoto, tuve varios encuentros con esos jinrikisha (hombres que halan -como caballos- los palanquines) de los que tanto habla Marti en este articulo porque, a juzgar por lo que cuenta en sus paginas, habia muchos en la Exposicion.
De esto ya les habia contado. Lo que no he tenido tiempo de contarles es que hace unos dias tuve frente a mi varios de los objetos que en 1867 fueron exhibidos en la Exposicion Internacional de Paris. Esta no fue precisamente aquella que relata Marti en su libro, y que ocurrio en 1889 como celebracion del Centenario de la Revolucion Francesa, pero no deja de ser interesante que todos estos "encuentros casuales" hayan ocurrido para mi mas o menos simultaneamente.
Yo, que nunca he sido muy buena para las fechas, cuando lei en el museo que algunos de esos objetos habian viajado a Paris para la Exposicion, que los otros (como un microscopio o algunos billetes) los habian traido de muestra los representantes japoneses que asistieron a ella, y que las figuras que aparecian en la foto que estaba viendo eran las de aquellos enviados a Occidente para mostrar las maravillas de las que este pueblo ha sido siempre capaz, no puedo negar que la piel se me puso de gallina. Mi imaginacion se lanzo a volar y me invente toda una historia excitante en la que veia a Marti andando como de puntillas frente a estos cristales tan delicados, y quizas a uno de aquellos señores tan serios, que ahora veia yo en la foto, deteniendole con una reverencia y poniendole en las manos alguna de aquellas vasijas, para que aquel hombrecito de ojos profundos lograra aquilatar la joya que tenia ante si...
Pero no, por supuesto, en cuanto llegue a casa estuve revisando fechas y hechos, y toda mi linda historia se desmorono. Marti no hablaba de esa exposicion, sino de otra que ocurrio varios años despues, y, para colmo, Marti ni siquiera estuvo en Paris en esa ocasion, como el mismo se encargo de aclarar en el ultimo numero de su revista:

Una señora buena le armo una trampa al hombre de La Edad de Oro. Iban hablando del articulo, y ella le dijo: "Yo he estado en Paris." -"¡Ah, señora, que verguenza entonces! ¡Que habra dicho del articulo!" - "No, yo he estado en Paris, porque he leido su articulo!"


Sin embargo, ¡que lindo poderme permitir soñar de esa manera!


Aqui les comparto las fotos, para regalarles una asomadita a mi sueño.

La vitrina completa dedicada a estos articulos:

Un telescopio que trajeron a Japon como muestra en aquella ocasion:
Esto es parte de la muestra que Japon llevo a Paris.
Otra parte de la muestra japonesa en paris
Folletos y billetes que trajeron de la Exposicion:
Los representantes de Japon en aquella Exposicion Internacional:
Un plano de lo que fue Paris cuando la Expo.

lunes, 16 de junio de 2008

Miedo

Quizas es la primera vez en al vida que me veo imposibilitada de hacer algo por miedo. Me quede parada a la vera de un camino, mientras mis companeros avanzaban entre la maleza, mirando fijamente la serpiente muerta a mis pies. "Hay serpientes aqui", mas que una pregunta fue una afirmacion lo que logre articular.
No entre. Luego vi las fotos del lugar al que nunca llegue por miedo, segura de que me arrepentire de no haberlo visto...
Esta noche, sin dudas, tendre pesadillas con serpientes una vez mas, la enesima vez desde que recuerdo aunque esta sea la primera vez que me encuentre frente a frente con una de ellas.

domingo, 8 de junio de 2008

Realidades paralelas

Hoy pensaba contarles que habia estado paseando ayer por Tokyo, especificamente por la zona de Ginza. Queria contarles esto, porque es uno de los puntos del plan de viaje que se quedaron sin realizar, y porque es una de las zonas mas lindas de la ciudad, por la que se disfruta caminar, sobre todo los fines de semana, cuando cierran de extremo a extremo una calle principal y la llenan de mesitas y sillas en las que siempre hay gente alegre, descansando, tomando algun cafe, riendose... Queria ponerles alguna foti que tome ayer pensando en publicarla para ustedes, porque en Ginza pululan los edificios con diseños atrevidos y fascinantes, algunos ondulantes, o con hoyos por toda la pared (como si fuera un gran queso), otros con formas sugerentes, a veces desafiando la gravedad hasta el limite de lo permisible... Queria contarles de las vidrieras de ensueño que te obligan a mantener los ojos pegados a ellas, en las que puedes ver desde enormes perlas negras o rosas, pasando por el ultimo modelo de Rolex, los fabulosos pañuelos Hermes, el ultimo diseño de bolsas Louis Vuitton... Y es que esta es la zona de las grandes marcas, el corazon de la moda en Tokyo. A mi, la verdad es que la moda no me ha interesado nunca mucho, pero no dejo de reconocer que es muy interesante moverte entre todas esas cosas que el resto del mundo valora tanto. De esas calles sale no solo la moda de Japon, sino del mundo. Los grandes diseñadores, antes de hacer sus desfiles en Paris o en otras partes, ya han probado su aceptacion en Tokyo...
Queria contarles la sorpresa que me lleve cuando entre en una de las tiendas, no una de una marca especifica sino solo un centro comercial, y al levantar -por simple curiosidad- una sandalia con un modelo muy parecido a las que yo calzaba en ese momento (que en Mexico compre por apenas 10 dolares), la etiqueta del precio se reia en blanco y negro de mi, haciendo relucir ante mis ojos aquellos numeritos: 36,400 yenes, o sea, 364 dolares!!!!!
Me complacia pensando como les iba a contar que despues de mucho caminar, al doblar de una esquina, me sorprendio la Estacion de Tokyo, cuando yo pensaba que estaba al otro lado del mundo, y que bonita me parecio en ese momento, irguiendose con el cielo azul de fondo, lo que lograba fijar tu atencion en el color rojo oscuro de los ladrillos de la fachada.
¡Que lindo me resulto ayer aquel paseo casual! No estaba planificado, estabamos en la ciudad por otras razones -no para pasear- pero decidimos regresar hasta la estacion no en metro, como siempre, sino a pie para disfrutar un poco de la zona...
Y yo pensaba contarles todo esto, intentar transmitirles con palabras todas las impresiones que recibi por cada poro en el camino, sin embargo hoy encontre una triste -y atemorizante- noticia en internet que me hizo cambiar de opinion: Ayer, justo a la hora en que nosotros haciamos el cambio de metro en la estacion de Akihabara para llegar a nuestro objetivo, fuera de la estacion, una cuadra mas adelante, un loco se bajaba de su coche y apuñaleaba a varias personas, quitandole la vida en el intento a ocho de ellas.
"Estoy cansado de la vida"-fue toda su explicacion.
¡Que diferente este japones, triste representante de la juventud actual, de aquellos otros, sus antecesores, que ante situaciones parecidas optaban por quitarse la vida ellos mismos! ¿Que ha pasado para que el cambio sea tan radical en la forma de pensar y actuar de los nipones? No pretendo explicarlo... no creo que pueda.
En todo caso, Japon ya no es lo que era.

lunes, 2 de junio de 2008

Una gotita al menos...

Pues la verdad es que mi texto anterior me ha hecho pensar mucho, no solo por el tema en si mismo, sino por las apreciaciones tan diferentes que me han hecho llegar mis amigos. Lo cierto es que es un tema muy muy complicado, con muchas mas vueltas que las que pueda dar la cinta de Moebius, y no creo que yo haya llegado ni a presentarlas todas, ni ahondado lo suficiente en las que presente, ni era mi intencion hacerlo. La idea era solo presentar el tema y provocar polemica, no por el simple gusto de hacerlo, sino precisamente para escuchar otros puntos de vista que me ayudaran a ampliar mis propias miras en el asunto. Les doy las gracias a todos los que me han ayudado en mi empeño.
Conversando con una amiga sobre el tema le comentaba que, a pesar de que mi intencion primera habia sido hacer una presentacion y luego ir ahondando poco a poco para poder exponer con mas conocimiento aquellas aristas que fuera encontrando por el camino, abandonare mi intento en el simple comienzo. Y la razon para esto ha sido un consejo que lei en "El Secreto", tarde pero aun a tiempo para evitar hacer un daño mayor:
Lo que resistes, persiste.
Asi lo dijo Jung -como aparece citado en el texto-, y lo explican de la siguiente manera: si te enfocas en lo malo, solo tendras mas de lo mismo. Asi que mas que plantear lo malo -y enfocar a los demas en eso-, es mejor tratar de hacer lo bueno que puedas a tu alrededor.
Tambien citaban en el texto a la Madre Teresa, que decia lo mismo que los demas, solo que de una manera mas acequible a todos: "Nunca participare en una manifestacion en contra de la guerra. Si tiene una manifestacion de paz, inviteme."
Tambien solia decir ella, que era toda una maestra en el arte de aplicar verdades a su realidad: "No venga Ud. hasta Calcuta para hacer el bien a mi lado. Busque la Calcuta que hay en su propia ciudad. Alli esta su lugar." Y completo la idea con otra de sus frases, a modo de justificacion para mi intento: "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota."
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Basandome en todo esto, lo que he encontrado, lo que me han escrito a raiz de mi texto anterior, decidi no publicar mas nada al respecto y sencillamente limitarme a hacer lo que puedo, lo mejor que puedo, y hasta lo que no puedo por ayudar desde mi pequeña e ineludible posicion al planeta y todo lo que pueda haber en su superficie.
Si les interesa, a partir de ahora pueden pasar por aqui para seguir leyendo sobre las bondades que aun se pueden encontrar en el mundo, porque solo de ellas escribire. Es una de mis maneras de contribuir al bien, como lo he hecho hasta el momento. El mal existe, y esta en todas partes. No hay necesidad de seguir metiendo el dedo en la llaga ni de incentivar mas la llama de la discordia.
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)