jueves, 10 de enero de 2008

El poder de un buen deseo

Tengo una buena amiga, una personita que, a fuerza de buenos tratos y cariños se fue colando en mi vida. Ahora estamos lejos, pero me escribe con frecuencia, aunque yo no le respondo casi nunca. No lo hago por maldad, ni por ser mal agradecida, sino porque sé que seguiremos estando cerca. Es de esas personas bienaventuradas que van iluminando el mundo con su paso, con su sonrisa, que disfrutan saludando, enviando un buen deseo... Es dueña de uno de los mayores tesoros del mundo: la alegría. Y lo sabe. Y lo usa constante y concientemente para hacer feliz a los demás.
Hoy no era precisamente mi mejor día. Fué una mañana clásica de principios de año en las que uno, se para frente al espejo y reconoce que estas fiestas dejaron huella en el cuerpo, que la pancita creció más de lo permisible... Y entonces el cabello no quiere acomodarse -nunca lo hace pero hoy molesta especialmente-, me descubro ojeras, cara de cansancio, mala postura... Respondo mal, con desgano, a los buenos días dichos con cariño... No tengo deseos de salir de casa aunque el sol gloriosamente esté invadiendo el mundo... Me dejo caer, pesadamente, frente a la compu, dispuesta a dejarme arrastrar y de pronto, entre todos los spam y reenvíos encuentro Su mensaje que, incluso antes de abrir, siento lleno de buena vibra. Lo dejo para el final, quiero degustar un poco más todas esas malas sensaciones que, de pronto, se me descubren como algo que ha estado ahí por que así lo he elegido...
Efectivamente, su mensaje -que al fin he abierto- me llena de alegría. Me ha escrito esta buena persona tres líneas solo para decirme que me considera su amiga y que por eso está agradecida. Su luz me llega, me llena... El cuerpo cambia de postura, se endereza, el sol comienza a calentar mis pies, los pulmones se espanden, el cerebro se oxigena y el mundo -literalmente- cambia de color.
Y yo, que hasta ahora había sentido que estaba sola, sin amigas de confidencias, de esas que son, en efecto, curativas, veo mi error... Si, tengo una amiga.
Es más, vuelvo a leer los otros mensajes y descubro que tengo much@s amig@s, que cada cual a su manera me manda su cariño, me dice que sigue pensando en mi aunque yo haya decidido irme al otro lado del universo...
Gracias.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)