¿Qué ver en TV?

Siempre me jacté de decir, a voz en cuello: "yo no veo televisión".
Primero, cuando me quedé viviendo sola y no pasaba aún los 17 añitos, me quedé -al mismo tiempo- sin televisor. Sufrí entonces una pequeñísima crisis al enfrentarme a todo el tiempo libre que de pronto apareció en mi vida... Es curiosa esta reflexión, porque en realidad el tiempo que generalmente se pasa frente a la TV es considerado "tiempo libre". Sin embargo, hasta que no tienes la oportunidad de verte sin ese absorbente equipo frente a ti, no te das cuenta de cuán ocupado has tenido todo tu tiempo libre hasta ese momento.
Aquella crisis, como digo, fue brevísima. No tardé ni dos días en descubrir la radio, y recuerdo -no sin horror- mis muy escondidas noches escuchando "Nocturno", regodeándome con la voz apastorfelipada (adjetivo propiamente cubano -en homenaje a nuestro locutor por excelencia Pastor Felipe- que describe a las voces masculinas almibaradas, engoladas y, hasta cierto punto, repugnantes, que en cierta penosa edad nos pueden llegar a parecer, incluso, románticas) de aquel que, entre balada y balada, leía algún que otro cursi poema de amor. Por suerte, y como sosiego para mi conciencia, poco rato después aparecía aquel programa salvador, "La casa de cristal", donde escuchaba frases no menos cursis pero con temas más sublimes...
Poco a poco fuí adentrándome en el mundo de los idiomas y, por suerte para mi, me fui quedando sin tiempo ni siquiera para escuchar aquellos programas de radio. Esta situación duró bastante. Cambié de novio, de círculo de amistades y de barrio más de una vez, y mis días terminaron por llenarse felizmente con conciertos, exposiciones, paseos y excursiones nocturnas. La TV nunca tuvo oportunidad de volverme a atrapar, sobre todo después de que alguien me dijera que aquellos que terminan sus días frente a ella, no lo hacen más que por falta de energía y voluntad, porque no tienen poder suficiente como para escoger qué hacer o qué ver, y se conforman con dejarse llenar la cabeza de todo tipo de tonterías.
Un buen día me casé, y eso marcó un punto de giro en mi vida. Mis pocas noches sin paseos, amigos o prácticas, mucho más divertidas que antes, terminaban en pareja frente a la TV, pero, esta vez, escogiendo qué pasaba frente a mis ojos (es decir, alquilando videos a bancos privados, o sea, ilegales pero bienaventurados).
Luego, en México, volví a mi etapa sin TV. Yo ni la extrañé, la verdad, pero me tentaban constantemente con la idea: que si una TV de uso te cuesta una bagatela, que si alguien te la puede prestar, que si no solo hay programas tontos, para tí que adoras los animales hay programas muy bonitos... Lo mexicanos en general, con muy buenas intenciones, no podían concebir que alguien viviera sin ese artefacto. Allí también encontramos sustituto: el cine. De nuevo un buen sustituto, en el que uno puede escoger qué ver, de qué calidad, en qué compañía, sobre qué tema, con qué actores...
Ahora, en Japón, lamentablemente, no hemos ni querido asomarnos a un cine. ¿Cuánto puede costar? No sé. Eso era algo que, al principio, también en México nos dió miedo pero que luego superamos.
Aquí tenemos TV en el depa. Y lamento decir que he visto en estos meses mucha más TV que en muchos años. Vemos TV todas las noches. Lo cual nos plantea un problema: ¿qué ver de manera que podamos ejercer, aunque sea un poco, nuestra voluntad?
En la televisión propiamente japonesa, los programas son casi todos iguales: un 50% de programas de participación con un tipo de japoneses por protagonistas que yo no elegiría como amigos NUNCA: muchachos de cabellos de colores, ropas extravagantes y pocas ideas , y muchachitas, con un tono de voz bastante elevado -que suelen decir Kawaii (precioso!!) y Oishii (qué rico!!) cada dos palabras y de manera exagerada- que poco tienen que ver con la cultura que sostiene este país. Dudo que la maestra de té -aquella señora elegante y moderada que encontramos en Kyoto en el 2004-, o la maestra Oowaki, o cualquiera de las muchachas del grupo de aikido de Kyoto (por jóvenes que puedan ser), usen tan frecuentemente esas palabras, y mucho menos en esos tonos tan estridentes y faltos de medida. Un 40% más compuesto por programas de comida, de ventas, noticiarios, telenovelas coreanas... Un 5% de deportes (golf, beisball, tenis, gimnasia, patinaje artistico... y, por suerte, mucho sumo) , y otro 5% (en el que incluyo a la NHK) de programas educativos y de viajes.
Estos últimos, los programas de viajes, son los más interesantes para nosotros. Ya sean viajes al extranjero o al interior del país, logran transmitir bastante bien (aunque el presentador sea un gay -sin ofender a los homosexuales- que se vuelve loquita cuando encuentra un grupo de americanos jugando futbol rugbi) la tranquilidad, curiosidad y mesura que uno siente más cercanos a la cultura japonesa. Entre los de viajes al extranjero, hay un programa en especial bien interesante, "Sekai no machi (ciudades del mundo)", de muy bajos recursos, en el que, con una cámara sencilla en la mano y los mejores deseos, un muchacho te va guiando por calles poco conocidas de las más conocidas ciudades del mundo. Entre aquellos que te muestran Japón por dentro, hay una muchacha (tenista profesional) que salió a recorrer a pie, aprovechando el cambio de estación (porque el otoño es, según ellos, la mejor época para los viajes) uno de los caminos más comunes en el período Edo, y que atraviesa varias prefecturas de la zona de Kanto. Un día a la semana, bien entrada la noche, van mostrando imágenes del trayecto que va haciendo la muchacha, y es muy lindo ver cómo la gente se ha ido enterando del proyecto y en algunos puntos la esperan a los lados de la carretera solo para saludarla, darle ánimos o para ofrecerle algo de comida... Algunos de estos encuentros se ve que han sido preparados con antelación, pero hay otros que la toman completamente por sorpresa.
**************
Como, a la larga, lo que más nos interesa de la TV japonesa es la posibilidad de la práctica del idioma (en este caso la comprensión auditiva), nuestro lema es que cualquier programa viene bien para nuestro propósito... Pero qué tristes noches cuando pasas de canal en canal y no encuentras más que Kawaii y Oishii por doquier!!!

Comentarios