martes, 22 de mayo de 2007

De peliculas...

Estuvimos este fin de semana viendo un par de peliculas interesantes. Eran un poco raras, la verdad, pero no por eso menos interesantes. Una, con Sandra bullock (me encantan sus actuaciones) llamada "Premoniciones". Y la otra, una peli alemana bien bien extraña... Yo creo que nos muestra un poco la decadencia de la monarquía pre-guerra en ese país. Es la historia de un orfelinato con muchisimos recursos, en el que las niñas son educadas exquisitamente, les enseñan hasta danza clásica... Tiene unos benefactores misteriosos... al final resulta que... Bueno, no se los voy a contar. tienen que ir a verla... ¡sin falta! Como toda buena película alemana, logran una mezcla bien armoniosa entre la belleza y el horror del ser humano.

sábado, 19 de mayo de 2007

¡Qué rico!

Hace unos días quedé con mi querida amiga Rocío en pasar por su casa a conversar un rato. Por un buen tiempo no nos habíamos visto, y queríamos ponernos un poco al día con la vida de cada cual... Pero, cuando llegué a su casa, resultó que, por mil y un motivos, decidimos no quedarnos ahi, sino irnos a comer a un restaurant japonés que queda a dos escasas cuadras de su casa.

Recién llegado mi esposo a Mexico, ella lo invitó a comer allí, y él me había contado de la magnífica comida que ofrecían en el lugar. "El chef es un japonés, así que yo creo que es el único lugar en el DF donde puedes pedir sushi a lo japonés, y no combinado con queso crema y aguacate, como los hacen por todas partes"- me comentó. Aunque resulte rara tal combinación para quienes hemos probado alguna vez la comida japonesa tradicional, me contaron alguna vez que al llegar a México los platillos tradicionales japoneses, no llegaban a complacer el gusto de los nativos de acá. Así que, para lograr prosperidad en sus negocios, los japoneses y las compañías americanas que empezaban aquí, decidieron "mexicanizar" la comida japonesa. Como resultado, obtuvieron extrañas mezclas como el sushi con queso crema y chile picante en lugar del tradicional wasabi... , y, por supuesto, el aumento considerable de las ventas.
Pero en este restaurant, aunque tienen esas raras variedades, para complacer al paladar mexica, también -por suerte- se puede comer lo tradicional, con verdadero wasabi y tofu made in Japan... Así que allí me tienen, parada frente a la puerta, esperando a que abrieran el lugar (llegamos media hora antes de us apertura por desinformación), haciéndoseme agua la boca.
Al fin abrieron. De detrás de aquellas puertas de madera y cristal nevado salió el chef y dueño en persona, a recibirnos, por ser sus primeras comensales. Un japonés ya bastante mayor, super amable, con el que me sentí tan en confianza que comence a hablarle en su idioma (más bien a chapurrearle)...

El lugar: decorado todo de madera y papel, con lámparas de papel manufacturado, y organizado como un kaiten sushi, o sea, como esas barras de sushi que se colocan en el centro del local, y por una estera se desplazan los platos con sushi... La diferencia está en que en este restaurant, los sushis no corren por una estera, sino en pequeños barcos por una canal con agua corriente... ¡Precioso!

En el centro de la novedosa barra, en lugar de los chef, como usualmente vemos, hay una fuente con piedritas, un pequeño puente de madera, dos trozos de bambú colocados de forma tal que uno vierte agua gota a gota en la boca del otro, y, cuando este se llena, se inclina por el propio peso del agua, la echa en la fuente, y retorna a su posición inicial haciendo un sonido sordo al chocar contra una roca que le sirve de apoyo (este es un implemento que se ve con mucha frecuencia en los templos budistas japoneses - aunque su función original no es decorativa, sino, en primer lugar, para espantar a ciertos animales, y, en segundo lugar, para llevar un conteo del tiempo que transcurre en la meditación-, e inclusivese pueden ver pequeñas carpas de colores. La música, a veces japonesa, a veces francesa, pero siempre muy tranquila, solo para recrear el ambiente...

Mi amiga y yo pedimos una sopa misoshiro tradicional, un yakimeshi (arroz cocido al vapor con mariscos y verduras) y un plato de tempura (mariscos, pascados y verduras empanizadas y fritas, acompañadas de salsa de soya aderezada con wasabi). ¿La verdad? Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto una comida.


Tanto me gustó esta experiencia, que justo hoy, como un pequeño regalo por el término feliz del curso que mi esposo estaba impartiendo en Chapingo, lo invité a comer en este mismo lugar. Al principio dudó, porque estaba un poco cansado, por temor a los mariscos... , pero al final cedió.
No más entrar, su rostro inmediatamente cambió de expresión. El ambiente tan tranquilo y relajante hizo su efecto al instante y olvidamos las pocas horas de sueño y el cansancio por completo, mientras degustábamos de unos platos de sopa, arroz y un exquisito sashimi de salmón (salmó crudo rebanado de una manera especial acompañado de salsa de soya y wasabi). Como colofón, una jarrita de sake para festejar y no perdernos de la posibilidad de brindar por la realización de todos nuestros sueños, y al final, como cierre unas tazas de te verde servido en una preciosa tetera y unas tacitas de cerámica de ensueño.

Aunque los precios no estaban muy elevados, esta vez consumimos mucho más que lo que consumimos mi amiga y yo, así que mi cuenta se quedó por debajo, y mi esposo me ayudó a pagar. Pero fue una gran alegría constatar que, por primera vez, podemos sentarnos ambos tranquilamente a comer en un restaurant, y que el gasto corra por nuestra cuenta. ¡Qué bien se siente!

jueves, 10 de mayo de 2007

En taxi por el Periférico

Hoy pasamos el peor susto de nuestras vidas... sin exagerar!

Terminando la clase de chino, salimos del colegio con la idea de tomar un taxi y llegar lo antes posible al trabajo. Normalmente hacemos esto, porque no me queda casi tiempo entre el final de la clase (1.30 pm) y la entrada al trabajo (2 pm). Como siempre,nos paramos y extendimos el brazo y, casi como siempre, segundos más tarde teníamos un taxi frente a nosotros... "¿Hacia donde van?"- preguntó, como siempre el taxista... que resultó ser un señor muy muy muy mayor... "¿Nos vamos aquí?"- le pregunto entre dientes un poco inquieta a mi esposo... quien, sin decir palabra me abre muy cortés la puerta, lo cual yo asumí como una respuesta afirmativa.

"Vamos por el periférico hacia Tacubaya"- le respondo ya dentro del taxi al señor. "Usted me indica."- fue su enigmática respuesta. Y avanzamos... "¿Por dónde?"- pregunta el señor. "Por periférico"- le digo nuevamente... Al poco rato: "¿Por dónde tomamos?"- repite el señor. Yo miré a mi esposo, él me hace una seña casi imperceptible con la mano pidiéndome calma, y le dice: "Doble en la próxima a la izquierda, por favor".

Ya una vez en periférico, nos despreocupamos un poco... "Si no le decimos otra cosa, el señor debe continuar todo derecho sin desviarse"- pensé yo, y nos ponemos a conversar. Y de pronto, el señor, que iba por el carril más lento de la avenida, toma una desviación y se sube al segundo piso del periférico!!! ¡Horror!

Para los que no viven aquí y no lo conocen, les cuento que el periférico es una avenida de alta velocidad, en la que no hay semáforos, ni calles que la atraviesen, sólo desviaciones a cada tramo que salen a las principales arterias de la ciudad. Es una especie de highspeed way, que se llama Periférico porque fué construida dibujando un circuito por lo que ellos consideraron la periferia de la ciudad. Hace poco más de dos años, le construyeron un segundo piso, que tendrá unos 10 metros o más de altura, que es aún mucho más veloz y con menos posibilidades de salida que el primero...

Pues por ahí andabamos con el señor, que cuando le dijimos que no, que por ahí no era nuestro camino, se empezo a poner nervioso y a acentuarsele un ligero temblorcito que traía, que ya no era tan ligero, mientras el volante iba de un lado a otro arrastrando consigo al auto... En el medio de las bocinas de los coches que venían detrás y al lado nuestro, mi esposo le dice al señor que se calme, que no preocupe, que ya encontraremos cómo salirnos de ahí. Poco a poco el señor fue retomando el control del auto (y de sí mismo), y bajo nuestras indicaciones se orientó en la carrilera que pensábamos la correcta. El único problema es que seguía manejando a 40 km de velocidad cuando el mínimo de esa carrilera era de 80!! Los otros autos nos pasaban por el lado como centellas y le lanzaban todo tipo de imprecaciones al pobre señor quien, para colmo, les respondía con una mueca o un movimiento del brazo... (mientras nuestro corazón se disparaba al ver el volante sostenido por una sola de aquellas manitos esqueléticas y temblorosas).

Finalmente encontramos la salida, y hacia allí nos encaminamos. Yo veía con horror cómo el carril se iba estrechando para bajar de aquel segundo piso, y la curva se iba acentuando, mientras el señor tan tranquilo seguía manejando casi derecho... de cuando en cuando se escuchaba el sonido de los neumáticos sobre la cuneta, a milímetros de la baranda de seguridad, y yo apretaba llena de pánico la mano de mi esposo, y la encontraba fria y sudorosa...
El terreno se me fue presentando lentamente, hasta que, aportando un poco de tranquilidad al asunto, ya pude reconocer algunas calles, y decirle al señor por dónde ir hasta que llegamos, milagrosamente sanos y salvos a nuestro destino. Mi esposo, que casi no había abierto la boca en el trayecto más que para calmar al señor, me dice (en japonés para evitar que nos entendiera) que aquel señor debía tener cerca de ochenta años, y cuál no fue nuestra sorpresa cuando, al bajarnos, nos dice el señor que "sólo" tiene 87 años!!!!!
El susto que pasamos fue mayúsculo. Creo que nunca antes había sentido tanto miedo en mi vida. De hecho, el nerviosismo, el temblor de las manos y la agitación no se me pasaron completamente hasta una hora más tarde. Pasado el susto, hasta bromas llegamos a hacer al respecto: "es un milagro que este señor este manejando, y es un milagro que hayamos llegado vivitos y coleando"...
"¿Por qué te decidiste a montar este taxi?"- le pregunté a mi esposo. "Pues porque no quería discriminar al señor - me respondió-. Seguramente nadie se monta con él por su edad, y seguramente trabaja para sobrevivir. ¿Quién sabe si tiene a su señora en casa, a quien tiene que mantener?"

¿Qué tan enferma puede estar esta sociedad que un señor tan mayor como este, un nonagenario, tenga que trabajar para vivir? El hecho de que tenga que trabajar no es un problema, es admirable que a su edad tenga la claridad y la energía suficiente para trabajar, pero, la pregunta es... ¿por qué tiene que trabajar en algo taaaan peligroso?

Manejar en esta ciudad no es nada fácil. Los choferes no respetan ni a los otros choferes ni a los peatones, se cambian de carril como quieren, se atraviesan sin hacer señal alguna, se detienen en medio de la calle sin previo aviso (sobre todo los del transporte público que no tienen paradas establecidas y se detienen cada vez que alguien les hace un señal)... Y por otra parte estan los robos, porque la inseguridad en esta ciudad está a la orden del dia, no importa si la víctima es un niño, una mujer, un anciano... aqui no somos más que posibles fuentes de dinero para los asaltantes.
Y en el medio de todo ese caos, un anciano, un nonagenario con Parkinson, manejando un taxi y este par de inexpertos e ingenuos extranjeros confiando en que al señor no le fallen los reflejos ni las fuerzas si algún loco se le atraviesa en el camino...

martes, 8 de mayo de 2007

Mexico desnudo

Desde hace un tiempo empezaron a aparecer en los periódicos noticias sobre una foto que haría aquí, en Mexico, donde la Iglesia Católica tiene un poder aún enorme, el famoso fotógrafo americano Spencer Tunick. como ya lo había hecho en otros países, Tunick se proponía fotografiar a los mexicanos desnudos y en masa... (nunca mejor dicho lo de masa).

Yo lo dudé desde el primer momento, cuando estaban promocionando la inscripción para participar en dicha foto. "Con lo pajuatos que son los mexicanos, tendrá a lo mejor un poquito de excéntricos... "-pensaba yo.

Luego, más noticias: Tunick mantiene en secreto el lugar en el que tomará la foto..., se comenta que la foto será en el Zócalo capitalino... "Están todos locos! Cómo esperan que un solo mexicano vaya a fotografiarse desnudo frente a la histórica Catedral de México, desde cuyo púlpito hace poco amenazaron con excomulgar al gobernador del DF 'sólo' porque apoyó la ley para despenalizar el aborto."

Y olvidé el asunto, hasta que ayer comienzo a ver en los kioskos de venta de periódicos enormes fotos de una multitudinaria reunión de mexicanos ¡desnudos... en el Zócalo! "Lo logró!"- pensé aún incrédula, y sorprendida... "¿Cuál es el misterioso mecanismo que funciona detrás de la frente de estos seres?"

El hecho es que, en la noche, de vuelta a casa, en un transporte público, el muchacho que venía sentado detrás de nosotros, venía contándole a su compañera de asiento sobre el evento. El mismo había participado, y me llamaron la atención sus comentarios al respecto:

"Lo más impactante para mí no fue el hecho de estar desnudo delante de tanta gente... En realidad, cuando recibimos la orden de desnudarnos, todos lo hicimos con celeridad y sin miramientos... Lo impresionante fue la cantidad de gente que se reunió allí... ¿Sabes? Al principio era un poco incómodo, los hombres te miraban y uno respondía como si todos hubieramos estado a la defensiva... Y pude darme cuenta de el papel que juega la ropa en la imagen que tenemos de nosotros mismos... cuando mirabas alrededor, te dabas cuenta de que, sin ropa, todos somos más o menos lo mismo..."
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)