Tlayacapan

Esta semana tuvimos un viaje a un pueblo prehispanico de nombre Tlayacapan. Yo estaba completamente en contra de ir, pero como a veces las cosas son por Dedocracia y no por eleccion, nos fuimos el miercoles en la tardecita.

Despues de dos horas de viaje, ya mi animo se estaba restaurando gracias, sobre todo al hermosisimo paisaje que veiamos. Y termino de componerse cuando llegamos a la "casa huerta" de la profesora que nos llevo. Una casa de piedra, de puntal alto, llena de cristales por doquier y ceramica tradicional, rodeada de plantas, con una vista impresionante desde cualquier ventana o terraza... en fin, el paraiso (sin exagerar).

La comida de ese dia, tradicional por supuesto, fue pozole ( una especie de caldo de un maiz especial, blanco y muy grande, con carne de cerdo y pollo) y taquitos dorados (tortillas de maiz rellenas con masitas de pollo y luego fritas, cubiertas con crema, queso y chile). Ahi se nos unieron un grupo de jovencitos japoneses que venian a conocer los sembrados de la profesora.

Esa noche dormimos en casa de un amigo de la profesora. Curiosa la casa, bonita, acogedora, llena de maderas, pero inquietante. Estaba vacia, y dormimos alli solamente mi esposo y yo, pero a mi me costo conciliar el sueño a pesar de lo cansada que estaba por el viaje. Se sentian cosas raras, y no quiero especular sobre esto. Lo cierto es que, tanto mi esposo como yo tuvimos pesadillas esa noche y nos despertamos antes de que amaneciera.

El desayuno al dia siguiente fueron frutas y jugo, que fuimos a comprar junto con los otros muchachos del Colegio a una tiendita preciosa en el pueblo. Preciosa por pequeñita, abarrotada de las cosas mas disimiles hasta el techo, desde frutas y panes hasta artesanias, vajillas... todo lo que uno pudiera imaginar vendian alli. Y completaron el desayuno con huevos revueltos a la mexicana (esto es revueltos con tomate, cebolla y chilitos que no pican) y tortillas de maiz azul.

Eso fue una suerte, porque luego del desayuno salimos a hacer una caminata programada para una media hora y que duro una hora y media. Nos mostraron unos estanques prehispanicos que construyeron para almacenar agua potable, para la gente y para los animales, y que estuvieron utilizando hasta los años 70 del siglo pasado, que fue cuando les llego el acueducto. Tambien nos contaron la historia de una iglesia pequeñita y de su virgen milagrosa, que no queria irse de ahi, y cuando trataron de moverla a otro pueblo, la virgen regreso de noche a su altar.

Y luego caminamos muchisimo, admirando el paisaje, luchando con el barro del piso, con los bichos y el sol. La profesora nos mostro los cultivos organicos en los que han estado trabajando, y como los fertilizan; los estanques que han construido para recolectar el agua que baja de la montaña y muchas muchas cosas que han hecho entre todos, porque la profesora tuvo la iniciativa de comenzar una cooperativa en el pueblo y ha ido creciendo bastante.

Yo, que ese dia me levante protestando por todo, y diciendo que nunca mas queria verme involucrada en algo asi, termine el paseo asoleada, cansada y muy contenta, segura de querer reincidir solo por otro paseo como ese.

La comida la hicimos en la casa de un señor que se llama Angel, pero al que todos nombran "El Diablo", donde celebraban el cumpleaños de una mujer bien simpatica. Comimos arroz a la mexicana con pollo cubierto con mole verde, y de postre, el pastel de cumpleaños de la señora. Habia un cantante vestido como marichi deleitandonos con todo tipo de canciones mexicanas que, la verdad, era muy talentoso. Le pedimos que nos cantara "La Malagueña" (aquello de "Que bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas...") que no es nada facil y la canto con mucho gusto y muy bien, a pesar de que le puede sacar el aire a cualquiera la dichosa cancioncita.

Los japonecitos, para homenajear a la cumpleañera, se vistieron con sus trajes tradicionales y ejecutaron una danza alrededor de la mesa. Y, por supuesto, la siguiente atraccion fuimos nosotros, los cubanos, que tuvimos que cantar una cancion. ¡Que pena al darnos cuenta que no nos sabiamos ninguna! Al final, terminamos cantando La guantanamera de la que, por suerte, mi esposo recordaba los versos. Esto nos ha puesto a pensar que debiamos tener algo mas en nuestro repertorio que representara bien a nuestro pais si nos vemos nuevamente en una situacion como esa, y hemos estado recordando y ensayando canciones bien bonitas cubanas de la trova tradicional. ¡A ver como nos sale todo!

Luego regresamos a la casa huerta y, despues de un seminario que tenian programado, tuvimos la cena de despedida, que consistio en una "Elotada" (esto es una gran asado que organizaron, donde los protagonistas, por supuesto, fueron los elotes -mazorcas de maiz tierno- que luego comimos con sal y limon). Y salimos corriendo, porque perdiamos el ultimo autobus que nos llevaria de regreso al DF.

Se mequedan muchas cosas por contar, pero por ahora esta bien. Fue una muy linda experiencia.

Comentarios