viernes, 4 de agosto de 2006

GRANIZADAAA!!!!!

Ayer vivi una de las peores y mas escalofriantes (literalmente hablando) experiencias que he tenido nunca.

El clima ayer poco a poco se fue poniendo bien feo. "Buena lluvia caerá hoy" -pensé yo, no sin cierta molestia porque sabía que llovería a la hora en que salgo del trabajo. Y, efectivamente, cerca de las 8 de la noche comenzó a llover y a cada minuto la lluvia caía mas y mas fuerte, hasta que el estruendo era horrible. "Debe estar cayendo granizo"- le comenté a una muchacha que estaba sentada frente a mí.

Y si, caía granizo, pero de una manera espeluznante. Por el sonido, los golpes contra las ventanas y la puerta de cristal, se podía decir que estaban bombardeando al ciudad. Y no se piensen que eran pequeñas gotitas de hielo, eran casi piedras de 5 cm!!!

Nunca había yo vivido algo así. Me sentí muy rara, primero con miedo por lo desconocido y nuevo de la situación, y luego me sentí casi eufórica, yo creo que motivada por el ensordecedor ruido de la granizada que se extendió más de tres cuartos de hora.

Al final, cuando solo quedaba una lluvia bastante fuerte aún, pero nada comparada con la granizada, los resultados eran espantosos: la calle repleta de hielo que alcanzaba casi una cuarta de altura; los autos varados sin poder avanzar por el hielo y el agua; la vegetación destrozada (no quedó una sola hoja en los árboles); y, `para completar, las temperaturas bien bajas.

Así me decidí a salir del trabajo, cerca de las 10:15 pm, para llegar a mi casa. El hielo me cubría hasta el tobillo en cada pisada mientras estaba sobre la acera, y en la calle el agua llegaba incluso un poco más arriba. Llegué finalmente hasta la avenida Revolución, la más cercana, y estuve una media hora tratando de abordar un transporte público. Los que pasaban, pocos, no paraban. Hasta que un alma caritativa se detuvo y fué recogiendo desafortunados transeúntes por toda la avenida.

Cuando llegué al punto del trayecto en que me encontraría con mi esposo, no tenía palabras para contarle lo sucedido. Tiritando de frio y como pude traté de explicarle la hecatombe que había vivido. Más tranquilo de lo que se pueda imaginar, sonrió y me dijo: "Así es una nevada en Rusia, más o menos." Ya en casa, tardé muuuucho rato para que mis pobres pies congelados tornaran a la vida.

Pero la historia no termina ahí. Hoy, de regreso al trabajo, no pude menos que sobrecogerme ante la vista que se me ofrecía. Tengo la impresión de que una guerra, bombardeo incluido, había tenido lugar la noche anterior. Está todo desvastado, las calles empapadas con montones de hielo por doquier y los pobres jardines acabados. No quiero ni pensar en lo que habrán vivido los pobres animalitos, los pájaros, los perros callejeros...

Mucha gente comentaba que eso había sido un castigo del cielo para la gran acampada que está manteniendo Lopez Obrador en una de las arterias mas importantes de la ciudad.

¿Quién sabe?

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)