Dias extraños

Estamos viviendo momentos muy raros... No podría definirlos mejor, porque no son buenos, pero tampoco malos.

Ayer, por ejemplo, nos fuimos al centro de estudios de mi esposo. Yo, de entrada, odio ese centro. Es un lugar frio, solitario, gris... a pesar de ser una universidad. Pero si mi esposo me pide que le acompañe para imprimir su tesis, e incluso me ofrece mostrarme un libro rarísimo japonés, la verdad es que no me puedo negar. Finalmente, luego de pasar por la mala cara de la gorda que se dice abogada del centro, y de otros dos personajillos que no merecen mencion en este blog, terminamos la impresion de la tesis y nos fuimos de ahi.

De ahí salimos corriendo para llegar con tiempo suficiente a una pequeña fondita que tiene una rusa cerca de mi trabajo. Este lugar, pequeño, cálido y muy ruso, lo descubrí hace un par de meses, casualmente -como todos los grandes descubrimientos. No es más que un mínimo local con cuatro mesitas y la cocina, todo junto, y una rusa amabilísima del otro lado del mostrador. Sin embargo, la cultura de ese país es tan fuerte que, incluso en este localito, perdido en una de las miles de calles del DF, no está uno más que diez minutos sentado allí y comienza a sentirse penetrado por ella, como si la pudieramos absorver por los poros.

Ayer, por primera vez en estos dos meses de descubrimiento, mi esposo acepto mi invitación de irnos a comer allí, comida rusa a precio de fonda, o sea, baratisima y, por demás, exquisita. La rusa -creo que se llama Tatiana- estaba encantada de hablar con mi esposo, y me decía que tenía mucha mejor pronunciación que cualquier jovencito ruso de hoy en dia... Mi esposo pasó muy buen rato, en medio de todo, y yo feliz porque ese era mi objetivo.

Yo me fui a trabajar, por primera vez tranquila en mucho tiempo, y mi esposo se fue a revisar sus correos en internet. Una mujer de la calle lo agredió dentro del cafe internet en el que estaba!!!! Otra confirmacion de que son tiempos dificiles para nosotros. Quizas sean señales.

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