viernes, 2 de junio de 2006

La cultura del "besito"

Hace tiempo que quería escribir sobre esto y no había tenido oportunidad. Se trata de algo que aquí, en México es muy común, pero que a mí no me parece tan normal.

Resulta que desde que llegamos a este país comenzamos a ver parejas de jovencitos, adolescentes, besándose en cualquier esquina. Eso no es lo raro. En todo el mundo, creo yo, se puede ver lo mismo. De hecho, en Cuba también es costumbre por la conocida situación de que los jóvenes no tienen lugares privados para entregarse a estos encuentros amorosos, y aprovechan cualquier esquinita más o menos oscura, o cualquier parque, allí donde falta una luz, o donde hay un árbol lo bastante tupido para no ser vistos... Eso creo que es normal, más bien creo que es una necesidad frente a toda la vigilancia a la que los padres someten generalmente a los adolescentes.

Lo que no veo normal es que eso mismo lo podamos ver, literalmente, en cualquier esquina de esta ciudad. No es necesario que sea oscura, o que haya árboles... No, yo creo que la costumbre aquí es justamente lo contrario: mientras más clara y concurrida la esquina, mucho mejor. Lo que no entiendo es por qué. Mientras más lo pienso, menos lo entiendo. La justificación de hacerlo en la calle para que los padres no los vean, no es para nada válida aquí. En realidad, besarse (o debería decir mejor "comerse a besos"?) en el medio de una parada llena de gente esperando la salida del próximo transporte no es, a mi entender, esconderse.

Pero la cosa no queda ahí... Esta actitud, que se podría considerar normal -si saltamos por encima de la incomodidad que ocasiona en los demás- en los jóvenes, se puede ver también... en todas las otras edades!! Porque no son solo los jovencitos, estoy hablando de adultos de las más variadas generaciones, desde una pareja de cuarenta años hasta (y los vi ayer recientemente) una pareja de señores que no podrían tener menos de sesenta y cinco años! Sobre esto prefiero no comentar.

Y, por si fuera poco, no son solo las esquinas los lugares mas frecuentados por estos (cómo decirles?) amantes. Porque si están en la calle, uno sencillamente pasa y ya, o decide no mirar. Pero, ¿qué hacer cuándo se sienta una de estas parejitas justo en el asiento frente al nuestro dentro de un transporte público? Y los he visto a los que poco les falta para quitarse la ropa ahí mismo...!

A mi que no me digan que esta es una muestra de amor. Mi esposo y yo nos queremos muchisimo, y creo que por puros principios, por respeto al derecho ajeno (porque en realidad considero que no hay que obligar a nadie a ver lo que no quiere ver), o por simple moralidad bien aplicada, nunca haremos algo así.

Se podría especular sobre una reacción "en masa" al increíble poder represivo que tiene la iglesia aqui. Pero eso solo sería una simple especulación. No creo que la magnificencia de la cultura mexicana precolombina, que se puede apreciar al visitar cualquiera de sus monumentos, o, ¿por qué no?, toda la vasta cultura que después trajeron los españoles, hayan tenido su fin en... esto.

¿La verdad? Creo que habría que ser mexicano para explicar coherentemente un comportamiento como este, al que nosotros hemos tenido a bien llamar: "la cultura del besito".

1 comentario:

  1. Si, tienes mucha razon, mira el caso de Niurka Marcos, esa mujer es una cochina no se tiene respeto ni a ella misma, tiene un vocabulario bien cochino y lo mismo se comia a Juan Osorio a besos como tambien al "Bobo" Larios como se le conoce por aca, lo unico que le falta es hacer el amor frente a las camaras...es una inmoral, la gente que hace estas cosas en publico en privado se llevan como perros y gatos y si te fijas segun el nivel de la persona, asi es como se comportan.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)