jueves, 22 de junio de 2006

Chapingo

Hace ya dias que no escribo nada aqui. Hoy venía pensando en escribir mucho, sobre todo lo que nos ha acaecido en estos días, pero ahora no se me ocurre nada...

Creo que voy a empezar por lo más sencillo, esto es, que el curso de mi esposo en la Universidad de Chapingo ya terminó, el pasado sábado. Quedaron muchos temas en el tintero, porque el título de "Acercamiento a la ciencia" resultó bastante ambicioso, además de motivador. Yo, al menos, me quedé con deseos de seguir indagando.

El curso como tal resultó todo un éxito. Los alumnos -que al final (o al principio?) son lo más importante- se mantuvieron asistiendo incluso cuando los sucesos de Atenco, incluso cuando estaban presionados por los exámenes, incluso cuando ya las clases habían terminado y estaban a punto de cerrar la Universidad... Los profesores quedaron encantados, pidiendo una mayor colaboración de mi esposo en su centro. Las autoridades de la Universidad se mostraron muy sorprendidas, porque hasta ellos llegó el rumor aprobatorio de los alumnos.

Ese día, para celebrar el buen término del curso, nos llevaron a comer a un pueblito cercano, ubicado en un monte, llamado "La Purificación". El nombre se debe, al parecer, a unas corrientes de aire que impiden (quizás por la altura del lugar o por la dirección) que la inmensa contaminación del DF llegue a Texcoco y sus alrededores. El pueblito como tal es la clásica imagen que tenemos de México gracias a su cine, sobre todo el de mediados del siglo XX, con casitas pequeñas rodeadas de primorosos jardincitos; una iglesia señoreando el lugar; y la población casi totalmente de piel cobriza (aunque nos contaron que ahí viven muchos rusos!).

El "restaurante" al que nos llevaron no era más que un solar muy amplio en el que han montado un techo rústico sobre unos pilares de madera en bruto con miles de mesas, grandes y pequeñas, por doquier. En un extremo están los hornos excavados en la tierra donde asan durante toda la noche diversas carnes, que pueden ser carnero, cerdo, pollo, conejo..., con las que hacen la tan famosa Barbacoa, que es como el plato típico de esta región. Apostados cerca de este centro de preparación y venta de las carnes, las mujeres frente a sus fuegos te ofrecen a voces tortillas de maiz azul, o nuestros amados tlacoyos (de los que ya hablé una vez). En realidad, esta comida que tuvimos, ya la habíamos probado con la profesora en el mercado, aquel primer sábado del curso, pero con un sabor tan especial como la de éste último día, no la habíamos encontrado nunca.

Fue una maravillosa experiencia, y no solo en el ámbito gourmet, sino porque pudimos comunicarnos abiertamente con los alumnos que nos acompañaron.
...........................................................................
Otro dia sigo contando otras cosas.

viernes, 9 de junio de 2006

Para disfrutar

Déjame despertarte con un beso
en la verde mañana que te espera;
déjame celebrar la primavera
en el hermoso largo de tu cuerpo.
Déjame recorrer ese universo
que conozco sin límite y fronteras;
déjame descansar sobre tu pecho
que calienta mi piel como una hoguera.
Déjame repasar tus accidentes,
detenerme a palpar cada medida,
humedecer tus ojos y tus fuentes,
y penetrar al fondo de tu vida.
Déjame demostrar que diez noviembres
purifican el alma y el deseo,
que al abrazarte aún mi cuerpo tiemble,
y relajado, en paz, me duerma luego.
Déjame, al despertar, tener la dicha
de hablar y compartir nuestros anhelos,
y en la mañana verde que termina
volver a repetirte que te quiero...

martes, 6 de junio de 2006

Tiempo de pérdidas

Estamos definitivamente en un tiempo difícil, un tiempo de pérdidas...

Primero fué Peluche, un perrito precioso y muy alegre. Lo atropeyó un auto.

Luego fue la paloma blanca. Así llamábamos a una paloma, la primera que vino a comer arroz a nuestra ventana y con la que ya habíamos logrado interactuar. Ella había aprendido a no temernos, a pedir su comida de una forma especial; nos trajo a su pareja, y ambas hicieron su nido en el alero de la ventana de nuestro baño. Allí criaron a varias generaciones de pichoncitos, mostrándonos cómo lo hacen. Con ella aprendimos mucho sobre cómo deberían comportarse los seres humanos entre sí... . Hace hoy ya cuatro días que desapareció, no regresó al nido ni ha venido más a nuestra ventana. La pareja la esperó ansiosamente los primeros dos días, casi ni comía. Hoy, la pareja vino a nuestra ventana a comer, pero aún se rehúsa a dormir en el nido. Hasta abandonó los dos nuevos huevitos que estaban incubando. Tal parece como si ella entendiera que sola no puede acometer la crianza de los pichones.

El mismo dia que desapareció la paloma blanca, nos enteramos que murió un señor, Juan Carlos Ruiz, paciente del consultorio donde yo trabajo. Un hombre de unos 40 años, con problemas de crecimiento anómalo, pero un excelente especialista en computación, y maravillosa persona. Lo balearon en un asalto para robarle. Había entrado a un cajero automático a sacar dinero. Cuando salió se montó en su auto y llamó a una amiga. Le dijo: "Espérame un momento, creo que me están asaltando". Ella lo escuchó todo por el teléfono. Ni siquiera le robaron. Lo balearon desde la parte trasera del auto. Todavía arrancó su auto para llegar a casa de su novia, a solo 50 metros de donde estaba. Aún tuvo la decencia de estacionar su auto para que no estorbara. Murió en el auto frente a casa de su novia.

Ayer unos amigos argentinos nos invitaron a comer. Son amigos muy queridos y la comida estuvo deliciosa, pero en la mesa había un cierto aire melancólico. Pronto regresan a su país.
Aqui los conocimos, hace ya casi dos años, vivimos juntos muchas cosas lindas. Aqui asistimos a su boda. Nos alegramos junto a ellos cuando supimos la noticia de que ella estaba embarazada. Estuvimos al tanto de sus necesidades. La niña, Agustina, nació en Argentina hace 8 meses. La hemos visto crecer y se nos ha colado bien hondo en nuestras vidas. Va a ser muy difícil cuando se vayan. Los planes del reencuentro implican unos 5 o 6 años de distancia. Esperemos.

¿Habrá otras separaciones?

viernes, 2 de junio de 2006

La cultura del "besito"

Hace tiempo que quería escribir sobre esto y no había tenido oportunidad. Se trata de algo que aquí, en México es muy común, pero que a mí no me parece tan normal.

Resulta que desde que llegamos a este país comenzamos a ver parejas de jovencitos, adolescentes, besándose en cualquier esquina. Eso no es lo raro. En todo el mundo, creo yo, se puede ver lo mismo. De hecho, en Cuba también es costumbre por la conocida situación de que los jóvenes no tienen lugares privados para entregarse a estos encuentros amorosos, y aprovechan cualquier esquinita más o menos oscura, o cualquier parque, allí donde falta una luz, o donde hay un árbol lo bastante tupido para no ser vistos... Eso creo que es normal, más bien creo que es una necesidad frente a toda la vigilancia a la que los padres someten generalmente a los adolescentes.

Lo que no veo normal es que eso mismo lo podamos ver, literalmente, en cualquier esquina de esta ciudad. No es necesario que sea oscura, o que haya árboles... No, yo creo que la costumbre aquí es justamente lo contrario: mientras más clara y concurrida la esquina, mucho mejor. Lo que no entiendo es por qué. Mientras más lo pienso, menos lo entiendo. La justificación de hacerlo en la calle para que los padres no los vean, no es para nada válida aquí. En realidad, besarse (o debería decir mejor "comerse a besos"?) en el medio de una parada llena de gente esperando la salida del próximo transporte no es, a mi entender, esconderse.

Pero la cosa no queda ahí... Esta actitud, que se podría considerar normal -si saltamos por encima de la incomodidad que ocasiona en los demás- en los jóvenes, se puede ver también... en todas las otras edades!! Porque no son solo los jovencitos, estoy hablando de adultos de las más variadas generaciones, desde una pareja de cuarenta años hasta (y los vi ayer recientemente) una pareja de señores que no podrían tener menos de sesenta y cinco años! Sobre esto prefiero no comentar.

Y, por si fuera poco, no son solo las esquinas los lugares mas frecuentados por estos (cómo decirles?) amantes. Porque si están en la calle, uno sencillamente pasa y ya, o decide no mirar. Pero, ¿qué hacer cuándo se sienta una de estas parejitas justo en el asiento frente al nuestro dentro de un transporte público? Y los he visto a los que poco les falta para quitarse la ropa ahí mismo...!

A mi que no me digan que esta es una muestra de amor. Mi esposo y yo nos queremos muchisimo, y creo que por puros principios, por respeto al derecho ajeno (porque en realidad considero que no hay que obligar a nadie a ver lo que no quiere ver), o por simple moralidad bien aplicada, nunca haremos algo así.

Se podría especular sobre una reacción "en masa" al increíble poder represivo que tiene la iglesia aqui. Pero eso solo sería una simple especulación. No creo que la magnificencia de la cultura mexicana precolombina, que se puede apreciar al visitar cualquiera de sus monumentos, o, ¿por qué no?, toda la vasta cultura que después trajeron los españoles, hayan tenido su fin en... esto.

¿La verdad? Creo que habría que ser mexicano para explicar coherentemente un comportamiento como este, al que nosotros hemos tenido a bien llamar: "la cultura del besito".
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)