martes, 25 de abril de 2006

Gracias amigos!!

Bueno, no me queda otra que agradecerles a todos mis queridos amigos que me escribieron para darme su visto bueno sobre este blog. En realidad me encanta que puedan compartir conmigo, aunque sea de esta forma, lo que vivo, mi dia a dia.
Los quiero mucho a todos!!!
Soy feliz de que la vida me los haya puesto en el camino, y agradezco que existan pretextos como este sitio para reencontrarnos.
Gracias por estar tan cerca!

Mas sorpresas de fin de semana

El domingo, o sea, ayer, descansamos un buen rato para saldar deudas con la almohada y reponer fuerzas para la practica de aikido que comenzaria a la 1.30 pm. Y esa fue tambien una muy buena experiencia. Les cuento...
Cuando llegamos al lugar de la practica, que ahora es uno nuevo (mucho mejor que el antiguo, caluroso y encerrado lugar en el que practicábamos) sentimos música, cosa insólita en un dojo que se respete de artes marciales. Pero escuchando mejor, nos dimos cuenta de que la musica salia, no del lugar de practica como tal, sino del segundo piso. Y hacia alli fuimos, guiados, como en los dibujos animados, por el camino que el sonido nos mostraba.
Resulto que el profesor que nos presta el lugar para las practicas, un japones muuuy amable (como casi todos los japoneses), estaba, nada más y nada menos que... TOCANDO EL PIANO!!!
Déjenme aclarar que este profesor es un señor de unos 50 años, muy respetable, y un famosisimo profesor de artes marciales en Mexico, donde vive hace ya muchos años. Por lo tanto, para mi, simple occidental, ver aquello me sorprendio mucho. Iba contra todas mis ideas preconcebidas de lo que debe ser un profesor de su nivel.
El maestro, para nada sorprendido, nos explico que estaba en el medio de su practica, y, para deleite nuestro, mientras nos cambiabamos de ropa, nos ofrecio un mini concierto de música clásica occidental... Encantador!!
En realidad, la semana anterior, ya habia visto una pequeña parte de su sensibilidad aflorar cuando me mostraba sus plantas, que el mismo habia cultivado - decia con orgullo -, y me contaba como había sembrado cada una, y como las nutria y atendia...
Pero ni esto, ni todo lo que he leido sobre la cultura nipona, con su ambiguedad caracteristica que convierte los opuestos en complementos, como la practica de artes marciales en comparacion con otras artes, como la caligrafia, la musica, el arreglo floral, la pintura... y tantas otras que suelen ir casi siempre de la mano, me prepararon para ver al maestro tocando tan tranquilamente el piano.
Al final de la practica, el maestro se nos acerco para mostrarnos un libro de fotos de hanabi, o sea, fuegos artificiales. Una muestra mas de su sensibilidad, y de lo bien impresionado que se quedo ante nuestra sincera emocion al verle.
Fue una muy linda experiencia que me confirma la impredecibilidad de los japoneses, y de su fascinante cultura.
Algun dia escribire sobre nuestro maestro japones, al que tuvve la suerte de conocer en el 2004, y que tambien es un hombre impresionante.

domingo, 23 de abril de 2006

Diario... ¿de viaje?

Bueno, en realidad, aunque tengo ya un tiempo en Mexico, hemos viajado muy poco fuera, e incluso dentro, del DF. Por eso cualquier viaje que hacemos, aunque sea a un lugar bien cercano, es una novedad.
Hoy comenzó un taller que va a impartir mi esposo en una Universidad Agraria en Chapingo. Esto es un pueblo que está al ladito del DF, en el Estado de Mexico, a unos 40 o 45 min. en autobus.
La primera impresión del viaje fue la "desmañanada", como le dicen aqui. Lo cierto es que ayer nos acostamos cerca de las dos de la madrugada para levantarnos hoy a las 5 am. O sea, que solo dormimos tres horas. Como era la primera vez que hariamos este viaje, y seria solos (contábamos solamente con las indicaciones de un amigo), decidimos salir lo más temprano posible -tipo 6.30 am- para no tener contratiempos y llegar a buena hora.
Así que salimos, y tomamos un pesero que, contra todo lo que se pudiera esperar, hizo el recorrido bastante rápido. Nos montamos al metro, y luego de hacer un trasbordo, llegamos a la estación San Lázaro.
Allí, por una serie de "pasillos" muy amplios y llenos de tiendas y negocios, caminamos hasta la terminal de autobuses. Esa fue la segunda gran impresión. La terminal parecía un aeropuerto, a pesar de ser solo de autobuses. Bueno, parecía un aeropuerto comparada con el aeropuerto de La Habana, claro está.
De más está hablar de la limpieza que imperaba aunque el trafico de gente era enorme; los cafés bien bonitos; los anuncios de las diferentes líneas de autobuses que llevan a los más diversos destinos dentro del país. Otra cosa interesante es lo increíblemente barato del pasaje. Nosotros fuimos hasta Texcoco, y pagamos solo 19 pesos mexicanos por cada uno, el equivalente de poco menos de dos dólares!!
Viajas en un super autobus de lujo, viendo películas durante todo el camino, con asientos reclinables, aire acondicionado y cortinitas en las ventana por si no quieres que entre el sol... Esto es casi un sueño para un cubano, aunque para alguien nacido en otro país pueda resultar algo normal.
El camino lo hicimos en apenas 40 min., y bajamos en la terminal de Texcoco, mucho menos lujosa que la del DF, pero muy bien ubicada. Está justo detrás del centro del pueblo, y cuenta con una flota de micros que nos pusieron en menos de cinco minutos en la entrada de la universidad a la que nos dirigíamos.
Nuestro amigo, que estudió en esa universidad, nos esperaba justo en la entrada, y nos regaló una muy disfrutable visita guiada por toda la universidad. Bueno, no por toda, porque es enorme, pero si nos mostró el paseo de los personajes ilustres (creo que así se llamaba), llenos de bustos de fundadores de la universidad, o destacados investigadores que de alguna u otra forma colaboraron con ella, y franqueado a ambos lados por unos jardines vistosisimos y evidentemente bien cuidados. Pasamos por el comedor de los estudiantes, por las residencias, vimos varios monumentos interesantes... Tambien nos mostró la rectoría, que era la hacienda de uno de los amigos de Don Porfirio Díaz, quien la donó para que se comenzara a emplazar esta universidad en el lugar.
Al lado de la rectoría, en el mismo edificio, hay una capilla pequeña pero M A R A V I L L O S A. Todas sus paredes y los techos están cubiertos con frescos de Diego Rivera. Nunca había visto una de sus pinturas en vivo, y, si digo la verdad, me dejó profundamente impresionada. Se respira una gran fuerza detrás de sus trazos, no sé si motivados por el tema, por los personajes, por los colores, pero lo cierto es que no puedes pasar por allí y salir indemne. Te remueve algo dentro; después de observar algo así, ya no es posible ser la misma persona.
Al salir de la capillita, justo al lado de la puerta, había una gran perra negra, a la que se me ocurrió saludar. Se puso tan contento el pobre animal que empezó inmediatamente a jugar, a correr entre nosotros, y terminó acompañándonos hasta que entramos al edificio en el que habría de ser la conferencia. Me dió mucha pena, porque con nosotros caminaba una muchacha que le tenía pánico a los perros, y la perra que, como todo animal grande no tenía conciencia de su tamaño, casi la tumba un par de veces que le pasó corriendo rozándole las piernas. Es cierto que a veces exagero con mi cariño por estos animales, pero no puedo sustraerme de regalarles aunque sea unas pocas caricias. Quién sabe si es la única vez en su vida que alguien les da afecto, y eso los perros, lo sé muy bien, lo agradecen mucho, sobre todo los callejeros.
Bueno, al fin, luego de una pequeña espera y un largo preludio a cargo de las autoridades de la Universidad, mi esposo comenzó su charla. El auditorio estaba lleno, con alumnos de las mas diversas edades. Algunos, como él mismo señaló tenían carita de niños todavía, pero todos se mostraron sumamente interesados.
La charla fluyó muy bien, con unso cuantos chistes iniciales para romper el hielo, y otros intermedios para espantar el cansancio de los oyentes. El tema - ¿Cómo aproximarse a la ciencia? - interesaba a muchos, sobre todo al ponente, para quien cada charla (según confesión propia) es una sorpresa. El, mas o menos, se prepara, lee sobre el tema, para esta ocasión incluso preparó una presentación en Power Point, pero qué pasará al pararse frente al auditorio es algo completamente impredecible incluso para él, y por eso, tremendamente interesante.
Lo que pasó esta vez fue que logró una muy linda comunicación con los alumnos, y con los profesores que estaban presentes. Al final se quedaron todavía algunos alumnos haciendo preguntas por unso 15 min. más. Yo creo que les gustó la charla. A mí, por lo menos, me encantó. Y digo yo que, solo por ver lo bien que él se sentía de nuevo frente a un aula dando una conferencia, conversando con los jóvenes, disfrutando de su profesión (nunca mejor elegida), vale la pena la desmañanada, el gasto del viaje y todo lo demás.
"Instruir puede cualquiera; enseñar, sólo aquel que sea un Evangelio vivo." - dijo una vez un maestro de maestros, José Agustín Caballero, y yo creo que mi esposo, no podría ser otra cosa en la vida que maestro, por cómo lo disfruta, por cómo se entrega en cada clase, por los resultados que logra en cada uno de sus oyentes...
Pero las gratas impresiones de este día no habían terminado. Al salir de allí, la profesora que organizó el taller y su hijo, nuestro amigo y su novia y nosotros nos fuimos a comer al Mercado de Texcoco, que está en el centro del pueblo. Querían que probáramos dos comidas tradicionales de ese lugar: la Barbacoa y los Tlacoyos.
La Barbacoa es una carne que se hace de una manera muy curiosa: hacen un hoyo en la tierra y ponen en el fondo leña, sobre ella colocan unas hojas de maguey, y sobre esta, la carne, y la cubren por completo con hojas de maguey. Prenden fuego a la leña y cubren el hoyo nuevamente con tierra, y allí dejan la carne cocinandose por toda una noche (unas seis horas, nos dijo el muchacho que nos sirvió). El resultado es una carne deliciosa y muy suave. La comimos como tacos con unas tortillas de maiz azul, acompañadas de consomé.
Los Tlacoyos son una masa de maiz azul rellena de frijoles o habas (aunque ahora también los hacen con requesón, pero esto, según nos dijeron, no es tradicional, es un ionvento reciente). Esta masa, a la que han dado forma de hoja de tabaco (aplanada, alargada y terminada en puntas) la asan en una parrilla de metal o en una comal (especie de cazuela de barro), y la cubren con queso rallado, y una mezcla de verduras que incluye cebolla, tomate, hierbas aromáticas y fajitas de nopal. A gusto uno le agrega salsa picante y limón. Es también exquisito. Si alguna vez visitan México no pueden dejar de probarlos.
Mientras comíamos, comenzó a llover torrencialmente, así que tuvimos que esperar a que amainara un poco la lluvia para salir. Cuando finalmente salimos del mercado, pudimos ver sobre los autos mucho granizo. Por eso era tan aterrador el sonido de la lluvia sobre el techo de tejas del mercado, comentamos.
Ya que salimos, luego de despedirnos de la amable profesora y su hijo, y de agradecerles la invitación a comer, caminamos hasta la terminal de autobuses y tomamos uno de regreso al DF. Nuestro amigo y sunovia hicieron el viaje de regreso con nosotros, y vinimos todo el tiempo conversando, él contándonos de sus años de estudiante en esa universidad, y detallándonos sobre los alrededores del pueblo, sus costumbres y tradiciones...
Nada, que mejor viaje IMPOSIBLE. Lo disfrutamos muchisimo. Espero que de ahora en adelante, podamos viajar por otros lugares de este encantador país.

miércoles, 5 de abril de 2006

Un día de sentidos y buena literatura

Hoy ha sido un día en el que he podido disfrutar de la maravilla de mis sentidos: La delicia de una ducha bien calientita; el aire fresco -todo lo fresco que puede estar dentro de esta contaminada ciudad; el placer de ver venir a mi ventana a zunzunes (colibríes) y palomas a comer; el bienestar de una buena hora de ejercicios; un sabroso té verde japonés acompañando a una buena lectura...
Por cierto, si de lecturas se trata, ahora mismo estoy leyendo un par de libros a la vez. Uno lo leo en la casa, en cuanto tengo un tiempito libre, y el otro lo traigo en la bolsa para leer en el transporte público, que siempre se demora bastante.
El primero, Las trampas de la fe, de Octavio Paz, recién lo estoy comenzando, así que el comentario me lo reservo para más adelante. Por ahora solo diré que me interesa mucho el personaje de Sor Juana.
El segundo, Por los caminos de Swan, de Marcel Proust (de quién más podría ser?) me resulta sencillamente encantador. No es sencillo, pero me parece genial lo sutilmente que va indagando en las profundidades del alma.
Yo creo que, a pesar de lo únicos que nos creemos, somos infinitamente parecidos los seres humanos; incluso cuando se trata de rechazar algo que nos toca fibras tan ocultas dentro de nosotros mismo. Y es que no ha sido solo una persona la que ha puesto cara de asombro, incredulidad y, al mismo tiempo, sorna al ver que libro traía yo en las manos. Para evitar este tipo de reacciones terminé forrándolo con un papel de periódico, y así les evito la, de seguro, desagradable mezcla de sensaciones a los demás. Esto se ve muy bien reflejado en una frase de la tía (simpático personaje) de Enrique, el protagonista de La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier; cuando, tras varios intentos de leerse a Proust y no poder pasar de la página 100, le comentaba la buena señora a su sobrino: "¡Y como jode este hombre con la magdalena!"
Bueno, por hoy ya estuvo bien.

C. de México. Martes, 4 de abril, 2006

Cómo andará de loca esta ciudad que ayer, saliendo del trabajo, chocaron dos autos en una calle extrañamente vacía... ¡y ninguno de los transeúntes se inmutó! Debe ser aquí algo de todos los días cuando ni siquiera los choferes se insultaron...En Cuba esto hubiera sido motivo de pelea segura, de mucha gente mirando alrededor y de comentarios sin parar por toda la semana siguiente. Son países muy diferentes.
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)